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Pink Floyd- The Wall; ¿una película sobrevalorada o de culto?

Carlos Ramírez

Una película que en su momento causó conmoción por su animación; pero que, a la vez, fue desdeñada por sus propios creadores


Jul 14, 2019
Lectura 5 min
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Estrenada en Francia un 14 de julio de 1982,  Pink Floyd- The Wall sorprendió a la crítica en tres sentidos: por sus animaciones, la temática decadente y su esencia musical. Con ello, logró convertirse en uno de los iconos cinematográficos del rock.

Sin embargo, después de la euforia de su estreno, muchos analistas recuperaron varios de los elementos que conforman a la cinta para colocarla en su respectivo lugar dentro de la historia del cine. 

De ese modo, la película dirigida por Alan Parker, animada por Gerald Scarfe y escrita por Roger Waters enfrentaría duros señalamientos. Pero, el largometraje de uno de los discos más importantes de la historia del rock, ¿estaría siendo sobrevalorado?

LO BUENO: ROCK, ANIMACIÓN Y ACTUACIONES

El filme abre con planos intermitentes. Metáforas constantes. Cientos de jóvenes corren y consiguen abrir una puerta cerrada con un candado. Una alegoría a la libertad y el espíritu rebelde de las nuevas generaciones, precedidas por la Segunda Guerra Mundial. Drogas, arte, rock.

Las animaciones artísticas basadas en los diseños de Waters comienzan a aparecer conformando un entretejido de alegorías. 

¿Viste a los asustados? ¿Oíste las bombas caer? ¿Te preguntaste alguna vez por qué tuvimos que correr a refugiarnos? Cuando la promesa de un mundo nuevo se extendía bajo el azul cielo azul

Sin duda, lo que resalta rápidamente en esta cinta es el control sobre las animaciones, las cuales se intercalan con la historia de Pink, un músico que cada vez se sumerge en la depresión.

Al compás de las canciones del disco The Wall, la cinta avanza intercalando ambos elementos con primeros planos que muestran la expresión de su protagonista.

Una de las escenas muestra que niños, como soldados robóticos, marchan hacia su muerte dirigidos por un puñado de profesores. Luz al fondo. Máscaras de porcelana y la escuela como una fábrica que tiene decoraciones de prisión. 

¡Hey Profesor, deja a los niños en paz! Después de todo no eres más que otro ladrillo en el muro.

Aunado a ello, la actuación de Bob Geldof en el papel de Pink es tan realista que no solamente imprime una depresión por la que quizá estaba atravesando, sino también una esquizofrenia muy natural en el personaje.

El hombre mira pasar su vida frente a él después de un coma asmático. Los doctores tratan de reanimarlo. Alucinaciones. Descarnamiento dentro de un auto y luego la dictadura que liderará.

LO MALO: REPETITIVA, GUION POBRE Y AMATEUR

Aunque emotiva, el trabajo de los tres genios terminó por llegar a ningún lugar. Los propios Waters, Parker y Scarfe rechazaron la película al considerarla como una obra de poca calidad.

El director Alan Parker señaló vergüenza por este filme, el cual, declaró, desearía no tener en su historial como cineasta. Parker desdeñaría esta cinta al punto de llamarla un trabajo amateur.

Por su parte, Roger Waters afirmaría que nunca se terminó ni se llevó a cabo su visión que tenía acerca de la película. Además, criticó el tono depresivo del largometraje, del cual aseveró le quitaba el sentido que quería imprimir personalmente.

Tengo manchas de nicotina en mis dedos. Tengo una cuchara de plata con cadena. Tengo un tremendo piano para poner mis restos mortales.

A su vez, el animador Gerald Scarfe confesaría que a lo largo de la producción de la película había intensas discusiones con Parker y Waters. Por lo que para sobrellevar el trabajo se llevaba consigo una botella de Jack Daniels. Por lo que expresó que fue una de sus experiencias más miserables de su vida.

Esto se sumaría a su ritmo repetitivo en el que las animaciones y el tono oscuro se volverían una constante que saturaría al espectador. Y, al final, terminaría restándole calidad al guion al contar la historia de una manera excesivamente lenta.

Asimismo, el cine de los 80 se caracterizaba por ser contestatario. Una característica que Pink Floyd- The Wall trataba de emular.  Pero que, a comparación de sus similares de aquella época, se quedaría realmente corta.

Por ejemplo, la excelente Ven y mira sería alabada no sólo por su fotografía de lo grotesco, sino por su crudeza y protesta social de la Segunda Guerra Mundial. La cinta reflejaría la repercusión de los horrores bélicos en el crecimiento de un niño.

¿SOBREVALORADA O DE CULTO?

Aunque en su tiempo dividió a la crítica, y fue rechazada por su protagonista quien prefería jugar pool a ver otra vez la película, Pink Floyd- The Wall se constituiría en una película de culto.

Lo anterior, sobretodo, porque los fans de la banda británica cuentan con una visión previa acerca de la esencia del disco reinterpretada en el filme.

Pero, en el caso de quienes no conocen la obra de Pink Floyd, es una cinta para el olvido que sólo perdura por sus animaciones y nada más.

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