En el juego de la literatura ganas o mueres… y George R. R. Martín ha sabido ganar muy bien. El chico que vendió sus primeros relatos de terror y ciencia ficción por un par de centavos ahora se ha convertido en uno de los escritores más reconocidos a nivel mundial.

Martin es fácil de reconocer por su apariencia física, se trata de un hombre regordete de 70 años; por lo regular, usa tirantes y una simpática boina; sobre su ancho mentón se observa una gran barba plateada coronada, casi siempre, con una sonrisa; sin embargo, sus obras distan mucho de ese perfil de hombre amigable y bonachón.

Aunque Martin comenzó su carrera como escritor en los 70 y como guionista de TV en los 80, fue hasta la publicación de la primera entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego, la historia que da vida a la popular serie Game of Thrones, que el hombre comenzó su ascenso a la inmortalidad; el cual quedó consumado tras el éxito de la megaproducción de HBO, lo que lo convirtió en una especie de rockstar de la literatura.


Sin embargo, George, como se dirigen a él la mayoría de sus seguidores, dejó la televisión a inicios de los 90 porque sus proyectos siempre eran rechazados por ser demasiado grandes y caros para la pantalla chica, fue así que las grandes ambiciones del escritor encontraron nuevamente el refugio perfecto en las páginas de los libros.

Durante su infancia, Martin vivió en una familia pobre de Bayonne, Nueva Jersey, su padre era un estibador de ascendencia italo-germana y su madre, de linaje irlandés, se dedicaba al hogar; ninguno de los dos tenía gran afición por la literatura, pero George se interesó desde temprana edad por el mundo de los libros, lo que lo convirtió en un precoz escritor de relatos.

El creador de personajes tan populares como Tyrion Lannister, Jon Snow o Daenerys Targaryen, estudió periodismo en la Nothwestern University de Evanston, en Illinois, en donde perfeccionó su talento; fue allí que ganó sus primeros centavos provenientes de la literatura, al vender a sus compañeros pequeños relatos sobre monstruos y seres del espacio.

Pocas personas lo saben, pero el éxito de Martín se debe al campeón estadounidense de ajedrez, Bobby Fischer. Era la década de los 70 y la Guerra Fría vivía sus momentos más tensos. En 1972, Estados Unidos ganó parte de esa guerra, luego que Fischer venciera al campeón mundial de ajedrez, el soviético Boris Spassky, lo que provocó una ola de nuevos aficionados al juego en la unión americana.

En sus años como universitario, Martin fue presidente del club de ajedrez, por lo que al terminar sus estudios y tras la popularidad que adquirió el juego, después de la victoria de Fisher, George fue contratado para dirigir el circuito de ajedrez del medio oeste, una etapa que sería clave para su desarrollo como escritor.


“Durante dos o tres años, tuve un situación muy buena. La mayoría de los escritores tienen que tener un trabajo de cinco días a la semana y luego dedican el fin de semana para escribir. Estos torneos de ajedrez eran todos los fines de semana, así que tenía que trabajar los sábados y domingos y luego tenía la semana libre para escribir”, explicó Martín hace algunos años.

La solvencia económica que le brindó el ajedrez le permitió a Martin convertirse en un prolífico autor de obras cortas de ficción durante los 70; década en la que su trabajo fue reconocido con varios premios Hugo y Nebula, además que tras el éxito de su primera novela, Muerte de Luz, el hombre pudo dedicarse plenamente a la escritura.

Probablemente sea del ajedrez de donde Martín tomó la inspiración para las complejas estrategias políticas y las grandes batallas que ha plasmado a los largo de cinco extensos libros. Sin embargo, la inspiración más fuerte del escritor viene de la historia y los libros de fantasía, principalmente de J R. R. Tolkien y sus novelas clásicas El Hobbit y El Señor de los Anillos.

Sin embargo, para la creación de Canción de Hielo y Fuego, Martin toma a Tolkien como punto de partida, pero a manera de ruptura. Si en El Señor de los Anillos se muestra una clara lucha del bien contra el mal, así como personajes heroicos y mágicos, en la obra de George se presenta una constante lucha entre personajes de moral ambivalente, en donde las intrigas políticas y las sangrientas batallas tienen mayor peso que la magia.

George publicó en 1996 la primera entrega de la saga, titulada Game of Thrones. Aunque en un inicio no tuvo el éxito esperado por ser ubicada dentro del género de fantasía, poco a poco fue haciéndose un lugar en el gusto del público, el cual no tardó en darse cuenta que esta obra estaba completamente alejada de las historias heroicas y de fantasía tradicionales

Si en las primeras firmas de autógrafos muy poca gente acudía a la mesa de George, actualmente su presencia provoca los tumultos más inesperados y filas que forman espirales a fuera de las grandes librerías. Actualmente, Canción de Hielo y Fuego ha sido traducida a más de 30 idiomas y se estima que ha vendido poco más de 25 millones copias en el mundo.

Sin embargo, en una época en que los más jóvenes están acostumbrados a tener lo más rápido posible todo lo que desean, Martin ha sufrido la inclemencia de algunos de sus seguidores por el largo tiempo que se toma para publicar la siguiente entrega de la saga. La última novela, Danza de Dragones, fue publicada en 2012 y los fanáticos exigen con ansías la llegada del nuevo libro, Vientos de Invierno.

La “lentitud” con la que escribe George ha generado que, incluso, la producción de HBO ya haya superado a los libros, por lo que desde sexta temporada la serie ya adelantó a los libros. Además, que el mismo Martín ha reconocido que el contenido televisivo terminará mucho antes que él finalice los libros, pues además de Vientos de Invierno, aún falta Sueño de Primavera; la última entrega de la saga.

Martin ha aceptado que nunca buscó la fama y que en ocasiones le gustaría volver a aquellos tiempos en que los lectores no se comportaban como clientes que esperaban un nuevo producto lo más rápido posible, sin embargo, el hombre sigue asistiendo a todas las convenciones que puede para convivir de cerca con la gente que lo ha llevado al lugar donde está ahora.