Amanda Bynes recuerda cada vez más a Lindsay Lohan, que durante sus muchos problemas con la ley intercalaba momentos en los que parecía que finalmente había enderezado su camino.

Para Bynes, este periodo de esperanza comenzó en diciembre del 2013, cuando se otorgó a su padre control legal sobre ella, entró a rehabilitación y parecía tener sus adicciones y condiciones mentales bajo control. Antes de ello, había sido arrestada (en marzo del 2012) por hablar por teléfono mientras manejaba, y por conducir bajo la influencia de sustancias un mes después. 

Tras una serie de otros problemas y un comportamiento bizarro que la convirtió en la comidilla de las redes sociales, hubo paz. Por lo menos hasta el 28 de septiembre.

Este domingo, Amanda fue arrestada una vez más por conducir bajo la influencia de un estimulante, que según el sitio TMZ se trataba de Aderall, un fármaco prescrito por su médico.

A pesar de esta circunstancia, conducir bajo los efectos de estas sustancias es ilegal, por lo que la acción es una violación a la libertad condicional de Amanda, que deberá enfrentar a un juez este mes.

De acuerdo con fuentes cercanas a la familia de la actriz, que hablaron con TMZ, desde que terminó el control legal de su padre sobre ella, Bynes abandonó su casa y había estado fuera del mapa. Además, volvió a desarrollar una adicción a la mariguana.

Al parecer, sus padres no vieron la necesidad de solicitar la extensión del control legal porque creían que su hija se había estabilizado. Pero amigos de la familia estaban preocupados y opinaban que solo volvería a caer. Y la evidencia parece haber confirmado sus miedos.

Rick y Lynn, sus padres, no sabían dónde estaba ni que la habían arrestado hasta que lo vieron en reportes de los medios. Y TMZ asegura que la actriz cortó toda comunicación con ellos desde el momento en que quedó libre de su control legal.