Hace casi 30 años, Óscar de la Borbolla era un completo desconocido en el mundo de la literatura, pero tenía un sueño que vertió en un personaje llamado Gabriel, así fue como nació Nada es para tanto, su primera novela.

Además de Gabriel está Gabriela, ambos tienen identidades propias; sin embargo, bien podrían ser uno mismo, ya que además de compartir el mismo nombre, son uno el espejo del otro.


El poeta y filósofo considera que sus dos primeros trabajos siguen vigentes, ya que reflejan a las mujeres actuales

Gabriel sueña con ser un bon vivant seductor en Acapulco, mientras que Gabriela quiere destacar en su empleo, pero los deseos de ambos se van resquebrajando entre la cotidianeidad mexicana que los aqueja. El autor utiliza un lenguaje amistoso, picaresco y hasta erótico.

Fue tanto el gusto del autor por este primer trabajo que en 1994 hizo público un nuevo ejemplar, Todo está permitido, ahora explorando el lado femenino con Gabriela, quien aspira a una vida mejor, pero cae en una red de trampas laborales que la orillan a ceder y sus sueños se quedan en duda ante la misoginia de sus superiores.

Ahora, en plena pandemia, Óscar De la Borbolla revisita a su dúo peculiar y los publica en un solo libro en el Fondo de Cultura Económica (FCE). El escritor dice sentirse complacido con la reedición que hace años volvió a trabajar en otra editorial para un segundo tiraje, por lo que ahora solo corrigió una errata prácticamente insignificante.

“Las dejé en aquel tiempo de pie, hasta donde mi gusto me daba, y ahora que las volví a leer con el ánimo de meterles mano, descubrí que no había manera de hacer esto, que la sensibilidad que tuve en ese tiempo ya no la tengo ahora, porque estoy mucho más metido en cuestiones reflexivas que tienen que ver con la filosofía. Me parecieron que así como estaban debían perdurar”, platica el autor, en entrevista con Reporte Índigo.

El también poeta y filósofo considera que sus dos primeros trabajos siguen vigentes, ya que reflejan a las mujeres actuales, aunque traten del erotismo y tengan un humor al estilo de la novela picaresca.

“Todo eso que es la podredumbre de la sociedad mexicana y muchas otras está puesto ahí y creo que no ha perdido vigencia, al contrario, creo que ahora el nuevo feminismo se va a encontrar con una Gabriela que no se deja, que se enfrenta a un mundo como el que ellas denuncian y toma una actitud de rebeldía. Pareciera una novela hecha para, justamente, uno de los temas que están en la orden del día de hoy”, dice el escritor, vía telefónica.

A pesar de que sus libros pretenden ser ligeros en su narrativa y amplios en humor, De la Borbolla admite que los problemas de hace 30 años son la perpetuidad que aqueja a México actualmente, por eso el lector se podrá sentir identificado con los personajes.


Las dos novelas hablan de México y como novelas picarescas que son, hacen un paneo de la sociedad mexicana de manera muy crítica, nada más que es una crítica que no se lleva a cabo para terminar en una visión patética, horrible, sino una visión desmadrosa del México que tenemos, de corrupción, de trata de personas, de prostitución y más infamias que son innecesarias enumerar, todo visto desde un ángulo del humor, que juro que extraño

Óscar de la Borbolla

Escritor

Simetría entre personajes de Óscar de la Borbolla

Actualmente, hablar del erotismo literario ejercido desde una pluma masculina podría ser un terreno peligroso con el contexto que se vive en México y Latinoamérica; sin embargo, De la Borbolla dice que en ningún momento tuvo una visión que pudiera asimilarse al machismo y tanto Gabriela y Gabriel son dos ficciones que buscan corresponder con quienes lean los libros.

“Yo tenía como proyecto original hacer unas novelas paralelas con personajes que fueran simétricos, por ejemplo, Gabriel es un muchacho más o menos bobo que va adquiriendo cierta malicia conforme avanza la vida, nunca termina siendo de una enorme astucia (…) Con el mismo tipo de talento comencé a escribir Gabriela y me di cuenta que por razones de verosimilitud mi personaje femenino no podía ser tan bobalicón, si quería que no fuera una víctima”, reconoce.

Gabriela se enfrenta en Todo está permitido al México donde todo está hecho para menospreciar al género femenino, por lo que De la Borbolla le da un grado de inteligencia para que pueda sortear los peligros en una nación misógina.

“Por el otro lado, como elegí a un hombre al que le importaba el sexo para triunfar en la vida y a una mujer que le importa el sexo para salir adelante, pues es el caso de una mujer particular, quien enfrenta su sexualidad de la manera más libre y burlándose de todos alrededor. Creo que la imagen de esta mujer triunfante, lejos de mandar un mensaje de que debe ser sometida o sumisa, es totalmente de rebeldía, sublevación, de que somos completamente iguales hombres y mujeres”, expresa el autor.

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