Cuando se conformaron como un quinteto hace más de 15 años, en Tampico, Tamaulipas, donde la escena del rock estaba desahuciada y el subgénero del metal era prácticamente inexistente, Orwell fue contra viento y marea con tal de cumplir sus sueños utópicos, para realizar música subterránea para un nicho sumamente selecto al norte del país.

En 2008 los integrantes decidieron tomar distintos caminos, dejando el proyecto de música trunco, sin poder darle salida propiamente a varios de sus temas, y aunque “Mientes” comenzó a sonar como su sencillo efigie desde el inicio de su trayectoria, nunca tuvo un videoclip o lanzamiento oficial.


Para la presentación de Sincretismos y distopías, Orwell incorporó sonidos originarios que se generan con un arco musical

Por ello, ahora Orwell retoma su camino con José de Jesús “Pepe” Martínez Galván en el bajo, Jorge Nava y Erick Avila como guitarristas, Yusseff Saleme como el vocalista y Sebastián González como baterista. Y aunque vivan en distintos puntos de México, están dispuestos a continuar lo que comenzaron en 2004.

“Estamos retomando estas canciones con un punch y producción distintas, que nos están gustando muchísimo más ahora, ya con video, y muchísimo más ad hoc a estos nuevos tiempos”, explica Martínez, vía telefónica.

Desde el año pasado, Orwell comenzó a remasterizar algunos de sus temas, además que previo al confinamiento tuvieron oportunidad de presentar un proyecto especial, Sincretismos y distopías, con el que se visibiliza a comunidades indígenas en México, desde el punto musical.

“Uno de mis intereses era hablar desde las distopías, porque las que plantea George Orwell, Aldous Huxley y muchos otros, siempre hablan de este fin del mundo como lo conocemos, que es el mundo occidental; sin embargo, si nos ponemos a pensar en fines del mundo, tenemos que remontarnos a los indígenas, a comunidades que provienen de África, que ellos ya viven en una distopía”, agrega “Pepe”.

En 2019 la banda se hizo acreedora del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico, con el que lograron presentarse en vivo en el Teatro Metropolitano de Tampico, Tamaulipas, y utilizar instrumentos musicales de indígenas tepehuanes de Durango y comunidades afrodescendientes de Costa Chica, Guerrero.

“Después de La Conquista para acá, ellos viven un mundo distópico, porque su lenguaje está mal visto, sus costumbres también, se les impuso una religión, entonces ya hay grupos en México que viven en una distopía desde hace siglos”, subraya Martínez.

El músico también observa que precisamente la administración de la llamada “Cuarta Transformación” sigue en deuda con estos pueblos originarios y con la cultura en el país, entre muchas otras consignas actuales que reclama la ciudadanía.

“Vemos un Gobierno federal que está intentando hacer cosas, que sí ha tenido malas decisiones en temas de cultura, a mi gusto, porque México es un país muy complejo, son muchas culturas, muchas realidades y es imposible desde la centralización del desarrollo cultural que se abarquen”, indica.

Abrazo musical indígena

El músico tamaulipeco opina que una característica que muchos otros grupos de metal tienen en su haber es que hay un gusto hacia el esoterismo, una preferencia hacia exaltar lo macabro o el gusto por el diablo, una figura que viene desde el cristianismo, pero él encontró que en México también hay tradiciones orales que hacen alegoría a un inframundo.


Estuve trabajando con unos buenos amigos que son indígenas tepehuanes y platicando con ellos empezaron a compartirme todas sus tradiciones y manifestaciones. Quedé maravillado, porque también soy norteño y los desconocía, me cuestioné ‘¿qué nos están enseñando?’ Aquí hay un montón de cosas que tenemos que conocer como mexicanos

Pepe Martínez

Músico

Para la presentación de Sincretismos y distopías, Orwell incorporó sonidos originarios que se generan con un arco musical, el cual solo es utilizado con propósitos ceremoniales entre los tehuanes. Este instrumento les fue cedido a la banda y lo utilizan con el debido respeto a la comunidad indígena.

“Yo dije ‘no quiero hacer un espectáculo folclorista, quiero hacer un show que sea un réquiem al fin del mundo’, porque el mundo se está acabando, y vamos a ver cómo lo viven quienes viven en un mundo que ya terminó. Fuimos sumando eso con amigos de Costa Chica, Guerrero, que me invitaron a otro proyecto y ahí conocí a los diablos negros de Cuajinicuilapa y ¡olvídate!”, narra el músico.

Orwell Contra Chapultepec

“Pepe” Martínez vive actualmente en Querétaro, por lo que es cercano a las problemáticas que suceden en la Ciudad de México. Él cuestiona, al igual que más artistas, la viabilidad del Complejo Chapultepec que se pretende realizar por mandato presidencial.

“No le veo sentido, honestamente, en qué le va a beneficiar este gran Complejo Cultural Chapultepec –que puede ser el más chingón del mundo si tú quieres decir– pero, en qué le va a beneficiar a un niño de San Cristóbal de las Casas o un niño de la Sierra Tarahumara. Ellos son generadores y propulsores de cultura”, describe.

Por ello es que el bajista se encuentra consternado, ya que estas obras faraónicas quieran perpetuar un mensaje equivocado de lo que es la cultura en México, así que para él la respuesta está en descentralizar los proyectos y llevarlos fuera de la capital.

“Esta obra salomónica para mí es un poquito más de lo mismo, no es la Estela de luz, de Calderón, que es una cosa bestia, horrible, inservible para nada y carísima, pero volvemos a esta apuesta de la centralización, yo en lo personal, creo que no es por ahí la respuesta”, argumenta “Pepe”.

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