El confinamiento para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad del COVID-19, ha impactado fuertemente en la salud mental de las personas. Alteraciones o cambios en el sueño, estado de ánimo y apetito podrían ser algunos de los síntomas de depresión a tomar en cuenta.

Dichos indicadores podrían revelar que la persona padece depresión, trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. Pero, ¿esto también es algo que le pasa a los niños?

De acuerdo con el doctor en Psicología Valentín MartínezOtero Pérez, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), por mucho tiempo se negó la existencia de este padecimiento en los niños, porque la infancia era, por fuerza, “una etapa feliz”.

Si bien cada vez existe más evidencia de esto, sigue existiendo los desacuerdos teóricos y las desigualdades en los informes acerca de su frecuencia.

Un informe del Massachusetts General Hospital sostiene que debido a que los niños cambian tanto a medida que crecen, los síntomas de depresión pueden verse diferentes a los de un adulto, incluso, comparados con otros niños de diferentes edades, por lo que su diagnostico es complicado.

“En lugar de sentirse tristes, pueden sentirse irritables. En lugar de perder el apetito, pueden desear más alimentos ricos en carbohidratos. En lugar de tener dificultades para dormir, pueden dormir todo el tiempo. También pueden manifestar su irritabilidad, con frecuencia, en forma de extrema sensibilidad a las críticas”, se lee en el documento.

Entonces, un niño cansado, sensible, irritable, y que come comida chatarra podría estar deprimido. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal, se estima que dos de cada 10 niños que viven en la Zona Metropolitana en México presentan síntomas relacionados con la depresión.

Un niño deprimido, alertan los expertos, puede tener retraso en su desarrollo, es más vulnerable a traumatismos y abuso de sustancias e, incluso, puede estar en peligro de cometer suicidio.

Así que, si un niño se muestra triste por la mañana o un día entero, pero al siguiente cambia de humor por uno positivo, no hay motivo para que se preocupen sus cuidadores; sin embargo, si la sensación es permanente, se debe actuar oportunamente.

El diagnóstico y tratamiento de los niños con depresión debe realizarse por parte de un equipo de profesionales con experiencia en esta enfermedad

Ante es panorama, que no deberá ser tomado a la ligera, será necesario que el niño sea atendido por un experto de la salud para conseguir un diagnóstico acertado y así reciba el mejor tratamiento.

El doctor Martínez-Otero Pérez enfatiza la urgencia de insistir más en el estudio de este trastorno en niños, como sí se hace en las personas adultas, para la creación de mecanismos de prevención y atención.

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