El trabajo que requiere concentración no puede llevarse a cabo en una atmósfera sin paredes, por lo que muchos huyen a la zona de confort de los audífonos. Pero para escuchar música de manera funcional también hay reglas.

Según la compañía Cambridge Sound Management el problema no es tanto el ruido, sino la inteligibilidad. O sea que al escuchar la de los demás, las personas se distraen tratando de descifrar conversaciones y lo mismo ocurre con las canciones. 

El experto acústico Justin Stout asegura que 30 por ciento de quienes trabajan en oficinas se ve afectado por esto y que la solución es escuchar música pero sin palabras. 

La clásica es la recomendada desde siempre porque se ha demostrado ayuda a la concentración, pero el jazz, la electrónica o cualquier otra sin letras puede lograr el mismo cometido. 

“El proceso cognitivo necesario para entender e interpretar letras es muy diferente al proceso requerido para simplemente escuchar ritmos”, afirma Stout. 

La misma compañía señala que las distracciones parecen afectar más a los hombres que a las mujeres, ya que uno de cada tres hombres reporta ser distraído, en comparación de una en cada cuatro mujeres. 

Y peor que escuchar compañeros hablar, es oír solo la mitad de la conversación, como una llamada telefónica, porque inconscientemente tu cerebro trata de completar la plática y saber qué es lo que dice el interlocutor. Según los encuestados por la Cambridge Sound Management, 59 por ciento no deja su escritorio para hacer llamadas personales. 

En las oficinas abiertas que se han promovido desde hace años, donde cerrar la puerta ya no es opción, además tiene que lograrse un sonido de fondo, una mezcla ininteligible de ruidos, ya que tampoco puede recurrirse al silencio total. En dicho caso, cualquier sonido mínimo provoca una alteración.