A los 67 años, no hay otra ruta para un músico que seguir cantando. Las oportunidades para cambiar de carrera quedaron atrás hace más de tres décadas.

Afortunadamente para Van Morrison, su estatus como leyenda viviente le ha permitido que el otoño de su carrera no haya significado una caída en la calidad de su música.

Su impulso creativo no parece haber disminuido en su más reciente álbum “Born To Sing: No Plan B”. Su disco de estudio número 35 (¡!) es otro gran ejemplo de celtic soul –un shot de jazz, otro de blues y un toque de rock– que solo el músico de Irlanda del Norte puede proveer.   

Lo placentero de su música y lo reflexivo de sus letras, en especial en su sencillo “Open The Door (To Your Heart)”, es ideal para escucharse en esta época del año. Hay una familiaridad en la canción que no la haría escucharse fuera de lugar en “Moondance”, uno de los discos clásicos del cantante.

Además, la voz del genio de Belfast continúa siendo tan potente como cuando deletreaba G-L-O-R-I-A con Them a finales de los 60. Contrario a lo que le ha pasado a Bob Dylan, la voz de Van Morrison se ha aterciopelado. Gracias a ella es fácil entender una canción como “Born To Sing”; es difícil imaginarse a alguien con ese talento usándolo en otra cosa. Su voz es un tesoro nacional intangible.

Encima de un escenario, Van Morrison es aún una presencia poderosa que lo mismo ataca con destreza un solo de sax, que pide más intensidad a los músicos que tocan con él. Nunca parece estar satisfecho, lo que lo coloca en una buena posición para estar en los últimos años de su carrera (que suenan como si fueran los mejores).