Los 2 millones de euros que pide la casa Domecq se utilizarían para corregir un defecto en la estructura de su bodega, pues las soluciones que el arquitecto planteó no han funcionado

El connotado arquitecto valenciano Santiago Calatrava, que desde muy joven sorprendía con sus audaces diseños que se encuentran en todo el mundo, ha sido demandado por la casa Domecq, en su país natal. 

La cita judicial llega por lo que parece un irremediable defecto de estructura de su bodega llamada “Ysios”, en la Rioja. 

Nacido en 1951, Calatrava desde muy joven logró colocar proyectos en Nueva York, Doha, Estocolmo y países como Bélgica, Suiza y otros. 

Sin embargo, y pese a su título de arquitecto y su doctorado en ingeniería civil, el español ha sido muy criticado por sus obras, poco prácticas, muy costosas, con fallas en su estructura, mal calculadas y con poco interés por adecuarse al entorno. 

Y él, y su equipo han sufrido múltiples demandas y condenas a pagar gastos millonarios. También Calatrava contraataca y sus clientes han tenido que indemnizarlo cuando tratan de arreglar algún problema, sin consultarlo. 

Ahora, la orden judicial de Domecq argumenta que pese a haber gastado millones en el mantenimiento y adecuaciones de su bodega de Rioja, que requiere condiciones de extremo cuidado para almacenar los famosos vinos de la región, no termina de ser eficiente y ahora exige que el despacho de Calatrava, con sede en París y Zurich, pague 2 millones de euros para hacerlo por su cuenta, ya que las soluciones hasta ahora presentadas por el arquitecto, no funcionan. 

Historial de demandas

En el 2006 pisó también la corte después del derrumbe del alero del Palacio de Congresos de Oviedo. La demanda esta vez no vino de los clientes, sino de compañía de seguros Allianz. Después de un largo pleito, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias condenó a los acusados a pagar 3 millones 510 mil euros al declararlo responsable de un fallo en el sistema de apuntalamiento, mal calculado.

Apenas el año pasado, y después de la inauguración en el 2008 del puente sobre el Gran Canal de Venecia, el Tribunal de Cuentas italiano reclamó 3.4 millones de euros a Santiago Calatrava y los responsables del proyecto por “patologías crónicas” a consecuencia de un diseño defectuoso de la obra.

Durante los 10 años que duró la construcción comisionada en 1996, la obra estuvo detenida en varias ocasiones pues se temía que por una falla en cálculo, y lo pesado de la estructura, cayera en cualquier momento. Después de numerosas modificaciones y la consultoría de muchos expertos, se inauguró en el 2008 a un costo tres veces mayor que el presentado. La demanda llegó en el 2012 y aún pelean en tribunales. 

En el aeropuerto de Bilbao el arquitecto diseñó una sala de espera cubierta de cristal que se contraía, según el clima. Pero como llueve muy seguido en la zona de Vizcaya, los cristales se quiebran y el ayuntamiento ha tenido que reponerlos 600 veces, además de que para los viajeros esperar bajo la lluvia no resultaba cómodo. 

En esta ocasión la solución la ideó el ayuntamiento y mandó construir un puente de acceso, por lo que Calatrava demandó sobre derechos de propiedad intelectual. Después de un largo litigio el ayuntamiento fue condenando a pagar 30 mil euros y en 2008 Calatrava tuvo que reformar el aeropuerto de Loiu por otros 35 millones 700 mil euros. La zona de llegadas que estaba a la intemperie se cerró.

En Nueva York, después de haberlo seleccionado para hacer la estación de transporte en la Zona Cero, The New York Times consignó, en 2009, que los edificios presentaban “una preocupante incongruencia entre la extravagancia de su arquitectura y el limitado propósito al que sirve”. 

Ahora, el famoso arquitecto de puentes y estaciones, seleccionado para obras espectaculares, inspirado en Gaudí y los góticos y celebrado por su audacia y modernismo, tendrá que enfrentar a Domecq para reparar la bodega de vinos.