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Midsommar reseña; de las mejores películas del 2019

Carlos Ramírez

ALERTA DE SPOILERS: The Joker y The Irishman pintan para ser las mejores películas de 2019, pero Midsommar parece amenazarlas


Sep 20, 2019
Lectura 5 min
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Cuando vimos Hereditary, el año pasado, el final nos dejó a todos estupefactos. Aunque muchos se molestaron por la naturaleza confusa de la conclusión. Lo cierto es que la escena que cierra la ópera prima del cineasta Ari Aster parece ser la conexión a Midsommar: el terror no espera la noche por su contenido simbólico y pagano. Aquí te traemos la reseña.

La protagonista, Dani, parece tener la típica relación tóxica con su novio Christian. Cuando sus padres son asesinados por su propia hermana, Dani cae en una profunda depresión. Por lo que su pareja la invita a un viaje a Suecia, donde planea ir con sus amigos a investigar una aparente comuna, llamada Harga, con fines académicos.

En una combinación de alucinógenos, sustancias exóticas y actitudes sumamente extrañas, el grupo de universitarios pronto se encuentra en una situación claustrofóbica mentalmente causada por los miembros de esta comunidad.

LO BUENO, TODO

Midsommar está a un nivel muy superior de terror no sólo por sus bondades cinematográficas, sino, en especial, por su temática que se desprende de lo genérico que suelen ser las cintas de este género hoy en día.

Sin necesidad de utilizar a Satanás, demonios, fantasmas, vampiros o monstruos, el largometraje de Aster busca ser una experiencia sensorial en la que los espectadores se coloquen en el lugar de los turistas universitarios sumergiéndose en un viaje psicodélico de locura.

Al llegar a Harga, Dani, su novio y sus amigos se impresionan por los símbolos nórdicos que se encuentran desperdigados a lo largo de la comuna. Runas antiguas y casas extrañas, a las que no se puede acceder, comienzan a inquietar a todo visitante.

Este simbolismo y ambiente de culto pagano, reflejado ya en Hereditary, se incrementa cuando los universitarios consumen alimentos, aparentemente inofensivos, provistos por la comunidad. Y, junto con el espectador, se introducen en esta travesía que, analizándola bien, hasta podría ser un sueño, si así se interpreta.

Ari Aster parece jugar con nosotros al enseñar, de una manera excesivamente paciente, las tradiciones que conforman a la comunidad. Gerontocidio, bailes frenéticos, encantamientos y una biblia escrita por un discapacitado inmaculado, producto del incesto, son las herramientas que el cineasta ocupa para aterrorizar a su audiencia poco a poco.

Por esta razón, otra de las virtudes de Midsommar es su valentía y poca censura. Por lo que sin llegar a ser gore, el largometraje muestra escenas crudas y directas que golpean al público con un mazo en la cara por su magnitud de violencia. Sin embargo, bajo el velo de lo sutil, el director plantea de una manera correcta las muertes sin llegar a ser vulgar.

Además, la actuación de la joven revelación Florence Pugh (The Falling, 2014) es la que lleva toda la carga emocional de la película al transmitir la tristeza de su personaje de una manera punzante.

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Y como en toda buena película de terror, la música otorga una fuerte carga de ansiedad a lo largo de la cinta por medio de juegos estridentes con el violín y, aparentemente, tambores. El encargado de estos sonidos estrambóticos fue el músico y productor británico Bobby Krlic (aka The Haxan Cloak), quien ha colaborado con Bjork.

Asimismo, lo primero que salta a la vista es el preciosismo visual con que Aster establece la película. Para ello, volvió a repetir a su fotógrafo polaco Pawel Pogorzelski, quien a través de planos contemplativos y paneos muy lentos, como en Hereditary, consigue entregar una cinta con una técnica impecable.

No sería raro que los espectadores recuerden los simétricos y coloridos planos del director Wes Anderson con varias de las tomas que se muestran en el filme.

De hecho, Pogorzelski vuelve a utilizar la técnica de cambiar los planos abiertos en cerrados a través del acercamiento lento a ciertos objetos de la escena. Esto se vuelve significativo en los momentos de tensión que el largometraje presenta.

Incluso, el uso mayoritario de la luz natural ayuda a que la película se sienta luminosa y conforme a la situación de que en Harga nunca llega la noche, por lo que a pesar de que en las cintas de terror se utilice la oscuridad como una herramienta, aquí eso es prescindible.

LO MALO, CASI NADA

Quizás podría desdeñarse el exceso de explicaciones que tienen lugar en Midsommar. Además de su ritmo lento. Pero sería quitarle la esencia fílmica y el detalle que tanto cuida. Una característica a la que, probablemente, los espectadores no estén muy acostumbrados por el ritmo apresurado de las grandes producciones sin calidad.

RECOMENDACIÓN: 5 ESTRELLAS DE 5

Al final de Midsommar, los protagonistas mueren envueltos por las llamas en la culminación de la ceremonia sagrada de Harga. Este final es el mismo que en The Wicker Man (Robin Hardy, 1973), la mejor película pagana hecha hasta el momento. Por lo que el mira la nueva cinta de Ari Aster es una obligación para todo aquel amante del cine de terror, quien sin duda saldrá impactado de lo que verá.

Mientras que para los espectadores ocasionales, esta cinta puede llegar a ser traumática en el sentido de que sus imágenes son imborrables de la mente. No se utilizan jumpscares (sustos imprevistos), pero sí situaciones que llegan a inquietar y provocar ansiedad.


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