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Por ciento de los casos de asesinatos de la comunidad LGBTTTI hay impunidad, según ‘Letra S’


Ángel nació mujer, pero en la actualidad se reconoce como hombre. Sin embargo, en su proceso encontró personas que intentaron lucrar con su cambio de identidad y documentación


“Tenemos capacidades de lograr más. Estamos creando una nueva generación de transexuales que no quieren ser encasillados en prostitución (...)”

Natasha Figueroa

Trabajadora del Registro Civil en Arcos de Belén


México es el segundo lugar global de crímenes de odio

La luz al final del túnel se puede alcanzar. El rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta levantan el color de una bandera que celebra, este junio, una batalla más.

En el mes del #OrgulloLGBTTTI, que culminará con una marcha este sábado en el Zócalo de la Ciudad de México, miles de asistentes celebran que algunas guerras pendientes se están convirtiendo en batallas ganadas.

También festejarán que muchas personas están informándose sobre los derechos en los documentos legales para hacer el cambio de identidad y con ello el cambio legal y real que les permitirá ser reconocidos y defender su integridad.

Para esta nueva comunidad de transexuales se trata de borrar las lagunas legales, los prejuicios de la sociedad y los miedos individuales que no los dejan avanzar.

“A los 28 años, en una fiesta y entre el desmadre del lugar, terminé con un vestido puesto. Me miré en el espejo y pensé: ‘pareces un hombre con un vestido de mujer, que ¡vaya!, es lo que era”, confiesa Ophelia Pastrana, comunicadora.

La inconformidad con un cuerpo, con su identidad, la catalogación de una sociedad que estereotipa y clasifica todo lo que a su vista no es igual, la falta de respeto a su persona, a sus derechos y a su libertad, son factores que libra dicha comunidad cada día, cada segundo y cada respiro que da.

Las cosas no son sencillas. Aún con el trámite implementado por la Consejería Jurídica de la Ciudad México que le permite a cualquier habitante del país cambiar su identidad y nombre para ser reconocido oficialmente con el género con el que se identifica, el problema actual no se resuelve con facilidad una vez saliendo de la capital.

Por otra parte, no todo radica en la autoridad, pues uno de los retos más grandes de acuerdo con Ophelia se encuentra en enfrentarse al mundo con esa nueva identidad, con las propias inseguridades y con lo que cada uno decide vivir.

“Si te ves como mujer te van a tratar como mujer. Si te ves como un hombre te van a tratar como un hombre. Si tú no estás dispuesta a decir abiertamente que eres ‘trans’ vas a tener muchos problemas”, comenta.

Discriminación con excusas

En México, todos los estados e instituciones tienen un acercamiento diferente con el tema de los cambios y el respeto a los derechos de la comunidad LGBTTTI que es igual a los demás.

La modificación de identidad y nombre en las actas de nacimiento son un claro avance para la comunidad, sin embargo, no representa nada para quienes los miran como desiguales y no están dispuestos a permitir las diferencias que se encuentran en el “heteropatriarcal”.

“Imagínate que envías una solicitud de trabajo a una empresa en Mazatlán en la que sólo se aceptan mujeres y tus documentos dicen que eres hombre. Una de dos, puedes obligar a la empresa a no discriminar por ‘sexo y género’ o de plano obligas al Estado a que cambie tus documentos”, ejemplifica Ophelia para demostrar que a veces en la sociedad “un papel” te ampara en ese tipo de situaciones, que involucran defender tus derechos.

Para la comunicadora y también Física de profesión, el cambio de identidad en el acta de nacimiento es un proceso obligado al que deberían ser sujetos todos los estados de la República Mexicana, pues una vez salidos de la Ciudad de México, lo “bueno” apenas comienza.

“Al ser aceptado dicho ‘documento legal’ sólo en la Ciudad de México, para las personas de los Estados se convierte ‘el cambio de identidad’ en un proceso complejo”, afirma Pastrana.

La comunicadora fue reconocida el 19 de junio de este año por la revista Forbes, como una de las 100 mujeres más poderosas de México en 2017.

Pastrana tiene actualmente sus documentos con dos nombres, el de Mauricio y el de Ophelia, su nombre actual.

Al ser una figura pública, la comunicadora expresa que ha recibido propuestas de las autoridades para generarle un “acta de nacimiento mexicana” e incluso darle “pase rápido” a otras situaciones más, siendo diferente la circunstancia que pinta para otros transexuales del país.

Ante ello, Ophelia ha decidido no cambiar su documentación de nacimiento y hacer los trámites como cualquier persona normal.

“La construcción de género es una construcción que se hace por la parte de la sociedad. Para que el cambio de identidad en el documento legal se pueda realizar sin complejidad, se necesitaría tener otras medidas que apliquen en cualquier lugar”, explica Pastrana.

A los ojos de la comunicadora colombiana son muchos los conceptos que se deben separar para que se trate a todas las personas por igual.

“Cuando me cuestionan porque mi pasaporte está a nombre de Ophelia y mi visa a nombre de Mauricio Pastrana, yo le doy vuelta respondiéndoles ‘que soy trans y que entonces tengo dos nombres’, después de ello, la gente entiende que es una complicación legal”, dice.

En un resumir de cuentas, para Ophelia es asumirse con lo que uno se identifica, sin miedos, sin prejuicios, pues es en esa medida en que los demás te terminarán por respetar.

“Como individuos, con tal de discriminar encontramos cualquier excusa. Siempre he creído que hay que desconectar la relación entre algunos términos, por ejemplo: violencia y género. Es como decir que separamos a las mujeres de la violencia en el transporte público porque la sociedad cree que los hombres son malos, cuando lo que hay que hacer, es separar a la población violenta de la población buena”, comenta Ophelia.

Una nueva generación de transexuales

Raúl Alejandro Figueroa González, ahora Natasha Figueroa, fue la primera chica transexual que hizo el cambio de identidad trabajando dentro de una institución gubernamental.

Ahora, con su cargo dentro del Registro Civil en Arcos de Belén, orienta a muchos de los casos que en algunos estados son denegados, por otra parte, da seguimiento –de forma voluntaria y personal– a que las chicas o chicos “trans” concluyan su documentación con motivación y apoyo moral.

“Tenemos capacidades de lograr más. Estamos creando una nueva generación de chicas y chicos transexuales que no quieren ser encasillados en prostitución, estilismo o cocina. También somos empresarias, profesionistas, médicos, abogadas, -en casos– el sostén familiar, entre otras más”, afirma Natasha.

La intención que tiene esta nueva generación es ayudarle a entender a la sociedad que ellos también tienen derecho a una vida normal, aplicando los derechos por igual y demostrando que sus libertades e ideales no ofenden a los demás, pues tomar como algo “personal” esta libertad, habla de una decisión individual basaba en la imposición de los roles que marca la sociedad.

“Los sueños se cumplen mientras luchemos por ellos. Al igual que en muchos procesos para realizar cambios en la documentación de los individuos, las chicas ‘trans’ tienen que cumplir con los requisitos.

“Para que dejen de sentirse discriminadas en el trámite del ‘cambio de identidad’ en las actas de nacimiento, yo las oriento. Les digo ‘vas a lograr tu cambio, pero la ley es muy clara’”,  dice Natasha.

Esta generación de transexuales está demostrando que no quiere ser privilegiada.

Organizaciones falsas: el engaño

“Hola, mi nombre actual es Ángel, siempre sentí una inconformidad con mi cuerpo. Ahora soy más feliz. La trasformación física avanzó, también hice mi cambio de identidad y aunque mis papeles aún no llegan y no sé lo que me espera, continuaré hasta que se me reconozca como tal”, relata Ángel, chico transexual.

Personas falsas que buscan lucrar con la vulnerabilidad, la mirada de los adultos, los amigos, pero también el apoyo incondicional de su familia y las personas que han formado como soporte en esta transición.

El desarrollo biológico para Ángel empezó muy pronto. Él lo notaba, los adultos lo notaban y comentaban. Para él era traumático escuchar lo que le esperaba.

A diferencia de otras niñas comenzó a desarrollarse a temprana edad, atrayendo las miradas buenas y malas, esta situación daba un golpe fuerte en su seguridad.

“Me volví retraído y pasé la infancia en casa. En la primaria seguí cohibido y siempre enfocando a mis estudios. Ya en la secundaria, este período de mi vida se convirtió en una pesadilla. En la preparatoria, ante mi inseguridad y miedo acepté mi orientación sexual.

Siempre lo supe, pero cuando eres un niño rechazas la idea de ser diferente. Me tomó un tiempo dejar de esforzarme y negar mis preferencias”, expresa.

Ángel se considera un ser afortunado por haber contado con el apoyo de su familia, que lo ha ayudado para que logre completar la transición.

“Primero se lo dije a mi ‘mana’ y después a mi mamá, siempre es difícil de escuchar y asimilar, pero no me han abandonado en este proceso”, comenta Ángel. 

Hasta hace dos años Ángel comenzó a considerarse una persona libre y feliz, piensa en el tiempo que dejó pasar y espera que pueda ser un ejemplo que ayude otros que se encuentren en la misma situación.

Toda la información recabada sobre los procesos que debía enfrentar para convertirse en un hombre fueron fruto de su investigación, en los cuales se encontró con testimonios como el del bloguero Christopher Juárez Reyes, quien cuenta su historia de transformación, recomienda médicos expertos en la transformación y ayuda con su testimonio a otros chicos transexuales más.

Sin embargo, no faltaron en su camino personas que quisieron abusar e intentaron cobrarle más de 5 mil pesos para ayudarle a realizar el proceso legal de cambio de identidad.

El arcoíris luctuoso

En México, de acuerdo con datos de algunas organizaciones como “Letra S”, mil 310 personas de la comunidad LGBTTTI fueron asesinadas entre 1996 y 2016.  Mil 21 eran hombres, 265 transexuales y 24 eran mujeres.

A falta de protocolos, los asesinatos se inscriben como un crimen de odio y eso provoca que no exista un índice plenamente confiable.

En el 63 por ciento de los casos de asesinatos a la comunidad LGBTTTI hay impunidad.

De los casos contabilizados, el 44.4 por ciento son por robo o asalto, 18.5 por ciento se refiere a pasionales, 15.7 por ciento corresponde a crímenes de odio y 10. 2 por ciento está vinculado al crimen organizado. Por esta razón, Alejandro Brito, director de la organización civil “Letra S”, señala que es necesario que la comunidad denuncie para tener registros más claros. Tales hechos posicionan a México en el segundo lugar global de crímenes de odio.