Luis Miñarro confiesa que tiene en la mira algunos directores de ensueño y espera producirles

Luis Miñarro, siempre en el cine independiente

Desde que fundó su casa productora Eddie Saeta en los 80, el propósito del realizador cinematográfico LGBT+ ha sido claro: alejarse de las grandes compañías de cine para abrir camino a nuevas generaciones

En la calle El Nigromante, en el número 79, se encuentra el Centro Cultural Clavijero en el corazón de Morelia, Michoacán, donde Luis Miñarro conversó con Reporte Índigo sobre la amplia filmografía de Eddie Saeta, su casa productora.

Miñarro, quien estará en México hasta el 9 de diciembre, estuvo en Cuórum Morelia, festival Internacional de cine LGBT+; ahora el productor está entre Guanajuato, Acapulco y Ciudad de México, para presentar las películas que ha hecho Eddie Saeta, desde 1989.

Desde documentales personales e introspectivos, hasta ficciones históricas o del presente ha realizado, entonces ¿qué le falta por producir a Luis Miñarro? Él confiesa que tiene en la mira algunos directores de ensueño a quienes espera poderles producir un largometraje a futuro.

“Más que proyectos, me faltaría trabajar con alguno de los directores que a mí me gustan como cinéfilo, sigo la carrera de ellos y para mí sería una ilusión trabajar con ellos; podría ser un realizador chino como Jia Zhangke o un mexicano como Carlos Reygadas o un español como Víctor Erice. ¡Me faltan en la colección!”, afirma.

Para el productor barcelonés es un orgullo el haber colaborado con cineastas como la japonesa Naomi Kawase, el tailandés Apichatpong Weerasethakul o su connacional Albert Serra, solo por mencionar a algunos destacados, pero de quien más se siente emocionado, por honor y prestigio personal, fue de haberle producido al portugués Manoel de Oliveira las películas Singularidades de uma Rapariga Loura (2009) y O Estranho Caso de Angélica (2010), cuando el cineata tenía más de un centenar de vida.

“Me satisface muchísimo haber trabajado con él, falleció ya hace seis años, pero estuvo activo toda su vida. Conmigo produjo teniendo ya 100 y 101 años, es algo realmente atípico y el hombre estaba en perfecta forma, él era una referencia épica, me dio mucho ánimo y coraje para hacer mis propias películas, porque me hacía de la idea de que la edad es una ficción, nos construimos la idea esa de que uno se hace viejo a partir de tal edad, y eso es una fantasía, si está curioso y activo, pues puede hasta el último momento hacer cosas interesantes”, recuerda Miñarro.

De si acaso le gustaría producirle filmes a otros directores de renombre y nicho como Lars von Trier o Pedro Almodóvar, Miñárro lo descarta, pero no por un asunto de ego o porque sus filmografías le desagraden, sino porque prefiere buscar todavía más a fondo, a los cineastas realmente independientes y que están fuera del foco común.

“Me parece que es el autor más interesante actualmente en España, con una carrera desarrollada, lo conozco a él personalmente, me parece estupendo y me alegra muchísimo que haya logrado la proyección internacional que está teniendo, pero digamos, a la hora de buscar con quien asociarte, prefiero hacerlo con alguien con quien pudiera hacer falta. Almodóvar tiene los recursos propios y la fama internacional para hacer su carrera sin necesidad de mí ”, se sincera el productor.

Luis Miñarro busca volver al origen del cine

A sus 73 años de edad, Luis Miñarro sigue siendo una persona muy visual, por lo que persigue constantemente la creación de nuevas imágenes, varias de ellas le aparecen en sueños, por ejemplo, cuando realizó Love me not (2019) en México, en el desierto de Jalisco, estando en el rancho Roma, mientras dormía veía las secuencias que quería grabar al siguiente día, aunque no estuvieran escritas en el guión; esta intuición, considera que es un recurso que falta ahora en el séptimo arte.

“Cuando el séptimo arte mire a sus orígenes, que eran la imagen, con luces y sombras, porque no había sonido casi; cuando el cine se centre en eso, que tiene menos literatura, por decirlo así, que no es tan novelado, llegará a su esencia (…) Las intervenciones que aparecen de repente en la mente, que no vienen a cuento, me seducen mucho porque creo que comunican mucho y que de alguna forma son verdad también de la otra realidad”, comparte el artista.

En un momento, donde la población mundial está siendo bombardeada por películas de superhéroes, de grandes megaproducciones y además,  y tiene un constante manejo de video en los teléfonos celulares a través de las redes sociales, Miñarro apunta a que “hay que saber discriminar” lo que llega audiovisualmente.

“Las imágenes están dejando de tener la carga digamos, de influencia que tenían antes, por volumen, por abuso, por decirlo así, y por eso hay una cierta crisis en las imágenes en general. Tú haces una fotografía con el móvil, y luego la metes en un ordenador y no la vuelves a ver nunca más; en cambio, antes tenías una fotografía de tus padres, la ponías en un marco y le dabas su honor, había una relación más próxima de amor y la tenías siempre presente, eso ha desaparecido, hay que recuperar la fuerza que la imagen tenía en sus principios”, puntualiza el cineasta.

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