Mientras que el nacimiento del celuloide afloraba en Europa y el resto del mundo, en México se vivían tiempos difíciles, ya que los pueblos exigían tierras para labrar el campo y sólo un grupo de personas se enriquecían cada vez más con la dictadura porfirista.

Agraciadamente, el filme logró entrar en el país, que estaba volcado en la Revolución, y así se inmortalizó a personajes de la época como Francisco I. Madero, Porfirio Díaz, Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Fue el ímpetu libertador, su entereza por hacer justicia y lo aguerrido de quienes lo respaldaban, que Zapata trascendió más allá de lo nacional y, con el paso del tiempo, sus características inspiraron ficciones, ejemplo de ello fue ¡Viva Zapata!, en 1952.


Con el largometraje estadounidense ¡Viva Zapata!, de Kazan, se abrió una brecha artística para hablar del Caudillo

“Es muy interesante la forma en que Zapata ha sido conocido y cómo ha circulado su imagen fuera de México. La película en la que sale Marlon Brando, en los años 50, fue dirigida por Elia Kazan y estaba basada en un guión que escribió John Steinbeck, un escritor norteamericano que veía al Caudillo desde el punto de vista de los problemas sociales de Estados Unidos durante la depresión”, explica Pablo Piccato, profesor de Historia de la Universidad de Columbia, en entrevista con Reporte Índigo.

Este 2019 se conmemora el centenario del asesinato del Caudillo del Sur y 140 años de su nacimiento; sin embargo, Zapata sigue vigente en la cultura y cinematografía internacional, ya que su activismo lo distingue como una figura para enaltecer y darle voz a todos aquellos que buscan principios de libertad y justicia, sin importar el idioma y la latitud.

Símbolo de resistencia

Con el largometraje estadounidense ¡Viva Zapata!, de Kazan, se abrió una brecha artística para hablar del Caudillo del Sur, a 33 años de su muerte. Más que un tributo, la Unión Americana veía una representación insurgente en el idealismo de Zapata y este fue rescatado por los realizadores del filme de 1952.


“Entonces, Zapata para Steinbeck era un símbolo de resistencia de los campesinos ante los cambios que había traído el capitalismo. Con la llegada de la película, Emiliano se convierte no sólo en un ícono de insurgencia campesina, sino en una especie de personaje medio exótico, porque creo que la película retrata la fascinación de los públicos y los artistas norteamericanos por México”

Pablo Piccato

Profesor de Historia de la Universidad de Columbia

Cabe recordar que Estados Unidos pasaba en la década de 1950 por la Guerra Fría, y México era un punto de fuga para este tipo de problemáticas, volviéndose un destino turístico que resultaba un paraíso que permitía olvidarse de la realidad de las tensiones políticas.

“Veían a México como un país de gran belleza, pero también con mucho misterio, muy distinto en cierta forma. La película lo que hace es mostrar qué tan diferente es, hay un poco el elemento de exotización, pero que tiene que ver con lo que los norteamericanos pensaban de México en esa época, era el lugar donde podían escaparse de los códigos morales y la supresión que existía en Estados Unidos durante la Guerra Fría”, comenta el historiador.

Su propio género

Después del filme protagonizado por Brando, pasaría poco más de una década para seguir explorando la imagen de Zapata en el cine.

La fascinación llegó hasta Italia, donde el Spaghetti Western era una boyante industria, pero además de las películas de vaqueros, también el país europeo produjo cintas inspiradas en la Revolución Mexicana.

Estos largometrajes, aunque carecían de la representación del revolucionario sureño a cuadro, fueron denominados como el subgénero Zapata Westerns. La primer cinta en realizarse fue El Chucho Quién Sabe?, en 1966, bajo la dirección de Damiano Damiani.

A pesar de que estos largometrajes se realizaron en Italia, contaban con un reparto internacional de la talla del actor polaco Klaus Kinski, o los estadounidenses Jack Palance y Orson Welles, estos últimos conocidos por ir en contra de la industria fílmica establecida en Estados Unidos.


“Emiliano Zapata es una manera de ver a México como un país que es muy distinto de Estados Unidos y tiene una especie de historia que defiende ciertos ideales de libertad y del poder”, dice el historiador sobre la atracción que existe hacia el personaje por parte de los extranjeros

Los distintos ‘Zapatas’

Marlon Brando

Cuando el L’enfant terrible de Hollywood fue seleccionado como Zapata, el actor mexicano Anthony Quinn se opuso a la decisión de Kazan. Para resolver la disputa, los histriones compitieron para ver quién orinaba más lejos en el Río Bravo, Quinn perdió, pero por encarnar al hermano de Zapata ganó un Oscar.

Antonio Aguilar

Bajo la dirección de Felipe Cazals, en Emiliano Zapata, el artista se enfundó como el Caudillo del sur por primera vez en 1970, volviendo al personaje 18 años después en la cinta Zapata en Chinameca, dirigida por Mario Hernández. La primera película fue censurada en México por orden del presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Alejandro Fernández

Zapata – El sueño del héroe presumió ser el filme más caro producido en México, por su presupuesto de ocho millones de dólares. En la cinta de Alfonso Arau, Fernández debutó como actor, pero la visión del cineasta se alejó de la historia, ya que retrata a Zapata como un chamán, lo que le costó severas críticas.