El cuerpo humano resguarda en la piel la historia de la sociedad y en sus movimientos va trazando una obra efímera. Cual pinceles, las manos, pies y cabeza diseñan en el espacio una pieza dancística que narra emociones, sentires y cambios por los que pasa un ente en un momento determinado. Durante este año de confinamiento, la bailarina y coreógrafa Isabel Beteta reflexionó estas ideas para llevar a escena El Nuevo Viaje, programa conformado por varias piezas dancísticas tanto presencial como virtualmente.

“Esta obra parte del hecho de que el cuerpo es todo, músculo, hueso, la sangre que corre por las venas, las emociones que le imprimes a un movimiento, una coreografía y es también un objeto social, somos producto de la sociedad desde que nos ponen un pañal. Reflexionando sobre eso he querido concebir al cuerpo de otra manera, quizá de una forma más integral”, analiza Isabel Beteta.

Para poder crear las coreografías, la coreógrafa partió de un proyecto que realizó el año pasado con su compañía Los Corpógafos de Nemian, para celebrar los 40 años de la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana, donde los bailarines tuvieron la oportunidad de pintar en los muros una coreografía con sus cuerpos y así, dejar un trazo corporal.

El Nuevo Viaje incluye las piezas “Caín y Abel”, en la cual plasman la historia bíblica donde un hermano mata al otro por celos y ambición, todo pensado como una obra escultórica que mezcla danza, fotografía y continuidad; “De la sombra al cuerpo”, pieza aérea en la cual, literalmente, se muestran unos capullos colgando en ella. Beteta representa, a través de juegos de luz y sombra, el lado oscuro que posee cada humano: su propia sombra.

Como prólogo, realizarán un homenaje al pintor francés Henri Matisse, así como una danza que está basada en las cartas del Tarot, especialmente en la primera, El viaje del loco, la cual tiene una relación íntima con la compañía, pues habla del emprendimiento de un nuevo planteamiento escénico y el poder llevar su danza a nuevos espacios.

“Vamos a tener, por primera vez, una mezcla entre presencial y virtual. Con la cámara se pierde, nos guste o no, algo de la energía que se proyecta. Hemos trabajado todo este tiempo sin público, haciendo unos esbozos, en algunos museos del Centro Histórico y Polanco, de lo que va a estar desarrollado en las funciones y así, adaptarlas al espacio de cada museo, no lo hemos lanzado todavía, sólo hemos hecho algunos videos”, relata.

La idea es que este proyecto se presente como parte de las actividades de Noche de Museos. Para Beteta, esto forma parte de la primera parte de un índice de todos los planes que tienen pensados hasta que se pueden presentar al 100 por ciento con su público de forma presencial.

Danza en confinamiento

Para la coreógrafa, este tiempo de confinamiento le ha servido para analizar sus emociones, la oportunidad de hacer una pieza desde una silla y cómo influye eso en ella.

“Hay muchas cosas que no sé y se irán descubriendo poco a poco, pero es casi como volver a iniciar; es difícil poner en palabras lo que sucede internamente y lo que vas descubriendo, quizá en ese sentido, la pandemia me ha servido para ver el movimiento muy cotidiano que nace y se vuelve coreografía, tengo la planificación del sólo hoy”, abunda Isabel Beteta.

Los ensayos también se volvieron otro reto a vencer, pues, al inicio, sí realizó algunas clases por Zoom. De acuerdo con la bailarina, esta forma virtual es “muy ingrata”, porque a través de un cuadro tenía que corregir a sus alumnos; fue una experiencia estresante. No obstante, esto les ha dado la oportunidad de realizar otros cursos desde otros países y así tener una mayor proyección a nivel internacional.

“Es difícil, pero, en general, el bailarín siempre ha sobrevivido a hacer muchas cosas a la vez, ahí ha estado la creatividad. El ser artista obliga a una creatividad y eso se tiene que aplicar a modos de producción económica, ahorita están surgiendo otras posibilidades de convocatorias para proyectos especiales, pero la verdad somos muchos y son pocas las convocatorias, pero algo es y hay que ir agradeciendo lo que se va dando”, admite.

Trayecto en la danza de Isabel Beteta

Actualmente, Isabel Beteta continúa sus ensayos de manera presencial y a puertas cerradas, procurando siempre cuidar su salud y la de los bailarines, realizándose pruebas de COVID-19. Bailan, de acuerdo con ella, con un “bozal”, de hecho, incorporó este planteamiento a otra pieza para hacer la exploración sobre la forma de acercarte al otro, y de cómo el uso de un cubrebocas puede cambiar la mirada o cómo se expresa el cuerpo, además, de que el ritmo se vuelve más lento, pues el bailarín trabaja con una limitante y le obliga a moverse de otra manera

Para ella, este trayecto a través de la danza es una especie de lanzarse al vacío e ir descubriendo los pasos sobre la marcha. También, a lo largo de los años, ha visto que su cuerpo ha pasado por varias etapas.

“Con el tiempo te liberas de la técnica tradicional y te sirve para que tu cuerpo reaccione como tú quieras, en cada coreografía se genera una técnica especial; también la energía, el ritmo y la concentración es distinta, según la edad, el interés coreográfico cambia junto a la velocidad, aunque cada coreografía pide algo, es tener una idea y eso te lleva a lo corporal y por derroteros que al principio no pensabas, es un proceso interesante, el cuerpo tiene su propia lógica”, comparte.

La coreógrafa también está a cargo del Centro Cultural Los Talleres, espacio que ha tenido que sostener con dinero de su propio bolsillo, pero, a pesar de eso, continúa trabajando para seguir motivando su pasión por la danza a sus estudiantes.


La danza le da respuestas a mi vida y compartir la felicidad te da fuerza y decirles a otros ‘hagamos esto’ es enriquecedor

Isabel Beteta

Coreógrafa y bailarina

“He tenido que sostener el Centro Cultural completo, pero aquí seguimos y espero que por mucho tiempo. Las reservas se están acabando, no obstante, la pandemia está disminuyéndose, y mira, si comenzamos con poco, pues volveremos a comenzar, e ir construyendo de a poco, lo grande se logra de un paso a la vez”, culmina Isabel Beteta.

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