El llanto es una reacción emocional que no distingue entre género y edad. Ya sea que nuestra acción de llorar sea “discreta”, reflejando únicamente un par de ojos “llorosos” o que rompamos en llanto, el común denominador es la secreción de lágrimas.

Pero aunque tengamos claro la razón de nuestro llanto emocional (estrés, tristeza o enojo, por ejemplo) en una circunstancia en particular, seguramente no sabríamos explicar la fisiología, biología o neuropsicología de esta capacidad humana.

¿Por qué  derramamos lágrimas?

Según el neurocientífico Robert Provine, “las lágrimas emocionales son un gran avance en la evolución social humana, agregando variedad y matiz a la cara como un instrumento de expresión emocional”, menciona en su libro “Curiosity Behavior: Yawning, Laughing, Hiccupping and Beyond” (o “Comportamiento Curioso: Bostezar, Reír, Hipo y Más Allá”).

Y es que a decir de Provine en el journal Evolutionary Psychology, las lágrimas emocionales pueden ser exclusivamente humanas, pues los reportes que existen en otras especies, aclara, son anecdóticos y controversiales, además de que es difícil establecer su causa.

El especialista señala que las lágrimas emocionales proporcionan una señal “potente e informativa de tristeza que requiere la iluminación facial del remitente y el contacto visual del observador”.

De hecho, menciona Provine en su libro, “la evolución de la parte blanca de los ojos (la esclera) es otro acontecimiento social transformador. Aprendemos por qué la esclera es necesaria para la visualización de los ojos rojos, una señal de tristeza y mala salud, y por qué las gotas para los ojos que ‘quitan lo rojo’ realmente son un auxiliar de belleza”.

Fisiológicamente, las lágrimas son el producto de la secreción de las glándulas lagrimales y no solo lubrican el ojo, sino que mejoran el desempeño óptico al suavizar la superficie áspera de la córnea y proporciona una enzima que se conoce como lisozima -también presente en la saliva-, que actúa como antibiótico bactericida, protegiéndonos de infecciones.

A nivel neurobiológico, Provine explica que el “factor de crecimiento nervioso” (FCN), una proteína responsable del desarrollo y supervivencia de las células nerviosas (especialmente las neuronas sensoriales), tiene ciertas funciones médicas en las lágrimas:

“La concentración de FCN en lágrimas, córnea y glándulas lagrimales aumenta después de una herida en la córnea, lo que sugiere que el FCN juega un papel importante en la curación (…) la aplicación tópica de FCN contribuye a la curación de las úlceras y puede aumentar la secreción de lágrimas en el ojo seco”, así lo cita un artículo de The Atlantic, en un extracto de su libro.

Libro en el que el autor hace un “análisis y una celebración del comportamiento humano subestimado, informativo y algunas veces vergonzoso”, entre el que destaca bostezar, estornudar y en este caso, llorar.