Haruki Murakami en 2011 publicó un libro llamado De qué hablo cuando hablo de correr donde precisamente le cuenta al lector su experiencia con el hecho de que en un punto de su vida decidió que saldría a correr. Desde el prefacio, el autor de obras como Tokio Blues y Sputnik, mi amor, deja claro que su intención no es necesariamente incitar a la gente a correr sino a compartir lo que esta práctica lo ha llevado a reflexionar y lo que le ha significado.

Del libro se recuperan algunas de los pensamientos de Murakami que son interesantes sin importar si quien los lee es runner o no. 

Al empezar a correr, en un par de meses Murakami perdió tres kilos, sobre ello escribe: “Me gustaría que imaginaran que van a una carnicería, piden tres kilos de carne y luego vuelven a casa caminando con ellos en la mano; tal vez así puedan hacerse una idea de lo que significa cargar con ese peso”

Murakami reflexiona sobre en qué piensa cuando corre y dice: “Los días que hace frío, pienso un poco en el frío. Los días que hace calor, pienso un poco en el calor. Cuando estoy triste, pienso un poco en la tristeza. Cuando estoy alegre, pienso un poco en la alegría”.

La música es clave para marcar el ánimo con el que se correrá, la banda favorita para escuchar mientras corre del autor japonés es Lovin’ Spoonful, de quienes resalta los discos Daydream y Hums of the Lovin’ Spoonful. “La escuches donde la escuches siempre es estupenda. No pretende mostrar más de sí que lo necesario”

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En cuanto a cómo aumentar o modificar las rutinas, Haruki dice: “Voy aumentando poco a poco (cada día) la distancia que recorro. Pero si aumento el ritmo acorto el tiempo de carrera. Procuro conservar y aplazar hasta el día siguiente las buenas sensaciones que experimenta mi cuerpo. Idéntico truco utilizo cuando escribo una novela larga: dejo de escribir en el preciso momento en que siento que puedo seguir escribiendo. Al día siguiente me resulta más fácil reanudar la tarea”.

Cuando parece que ya no hay más energía corporal con la cual continuar la carrera, Murakami repite en su mente: “No soy un humano. Soy una pura máquina. Y, como tal, no tengo que sentir nada. Simplemente, avanzo”.

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En pro de salir a correr dice: “No hacen falta compañeros ni contrincantes. Tampoco se necesita equipamiento ni enseres especiales. No hay que ir a ningún sitio especial. Con un calzado adecuado y un camino que cumpla unas mínimas condiciones, uno puede correr cuando y cuanto le apetezca”. 

Además reflexiona sobre el factor soledad que implica correr: “Soy de los que prefieren estar solos. O, para expresarlo con mayor precisión, yo soy de esos a los que nos les produce tanto sufrimiento el hecho de estar solos”. “En mi interior siempre ha anidado el deseo de permanecer completamente solo. Por eso, el simple hecho de correr una hora todos los días, asegurándome con ello un tiempo para mí, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental”.

A pesar de lo que recomiendan los expertos, Murakami no hace estiramientos: “Nunca me he lesionado” y además recomienda tomar una siesta después de comer: “Dormir un poco después de comer conserva la salud. Yo lo hago a menudo. Por lo general, después de la comida me entra sueño, así que me tumbo en el sofá y echo una cabezadita. Más o menos a la media hora me despierto”.

Una cerveza es un buen premio por haber corrido, dice el ganador del Premio Nacional Cataluña: “Me tomo una cerveza Amstel todo lo fría que quiero. Por supuesto, está buenísima. Pero la cerveza real no está tan buena como la que yo imaginaba y ansiaba fervientemente cuando corría. No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura”

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En cuanto a cómo se prepara antes de un maratón, el literato dice: “Los músculos son como animales de carga dotados de buena memoria. Si los vas cargando gradualmente y con mucho cuidado, los músculos se van adaptando de manera natural para resistir esa carga”.

Murakami también menciona los cambios que hizo en su dieta: “Hice de los vegetales la base de mi dieta y obtenía las proteínas principalmente del pescado. Nunca me había hecho demasiada gracia la carne. Reduje el consumo de arroz y de alcohol, y empecé a emplear condimentos naturales. Los dulces nunca me gustaron”.

Esta es opinión sobre la educación física en los colegios: “Cada vez que veo en una escuela esa escena en la que todos los chicos son obligados a correr en la hora de gimnasia, no puedo evitar compadecerlos. Obligar a correr largas distancias a personas que no desean correr, o que, por su constitución, no están hechas para ello, sin ni siquiera darles una opción, es una tortura sin sentido”.

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Sobre estar en el peso adecuado de acuerdo a tu talla, dice: “Si haces ejercicio todos los días, tu peso ideal se acaba estableciendo de forma natural”.

El autor se pone un poco filosófico y dice sobre la creencia de que con el ejercicio se alarga la vida: “No importa si no vivo mucho, pero, mientras viva, quiero al menos que esa vida sea plena”.

A cerca del problema de tabaquismo que tuvo, manifiesta “Si te pones a correr a diario, dejar el tabaco es una consecuencia natural. Me costó mucho, pero correr a diario y fumar es incompatible. Creo que el deseo, tan natural, de querer correr cada vez más me motivó a la hora de aguantar sin fumar y me fue de gran ayuda a la hora de superar el síndrome de abstinencia”.

Finalmente el escritor da una lección al escribir sobre los días en que piensa: “Hoy no me apetece correr”.

Con información de El País.