La librería El Insulto invita a todo aquel que quiera experimentar de placeres en este espacio de fantasía.

La sexualidad y el erotismo son dos temas controversiales que, durante mucho tiempo, han sido vistos como tabúes por la sociedad; no obstante, son frecuentemente abordados por las disciplinas artísticas. Cultura, costumbres, así como las normas sociales y morales, todas influyen en el modo en que los humanos entienden y manifiestan su sexualidad.

El deseo sexual se rige por el placer y a la vez se enfrenta a una conciencia moral que juzga a partir de lo bueno y lo malo. Por ejemplo, para el psicoanalista Sigmund Freud, en el tabú luchan deseos inconscientes y prohibiciones sociales, y por ello se encuentra cargado de una ambivalencia afectiva: es muy deseado y muy prohibido a la vez.

En México existen pocos espacios especializados en los que se pueda consultar la historia de la sexualidad, bajo este escenario surge la librería El Insulto, un recinto donde el placer es un derecho y como tal se invita a conocerlo y vivirlo.

Reporte Índigo platicó con Adolfo Vega, fundador de este lugar especializado en pornografía, erotismo, fetichismo y gore. Él comparte que la idea de crear esta librería nació cuando estudiaba en la Universidad Iberoamericana y sentía la necesidad de ir a un espacio donde pudiera consultar estos géneros sin prejuicios.

“La educación de Laura o la cortina levantada” del Marqués de Sentilly, Biblioteca de curiosos y exquisitos. Perteneciente a la colección Aguascalientes dentro del Archivo El Insulto
“La educación de Laura o la cortina levantada” del Marqués de Sentilly, Biblioteca de curiosos y exquisitos. Perteneciente a la colección Aguascalientes dentro del Archivo El Insulto

“Si tú vas a una librería comercial y tienen una sección de erotismo, están detrás del mostrador o le tienes que pedir a alguien que te lleve, ese tipo de dinámicas me molestaban y pensé ‘por qué no crear una librería’, muy inocentemente sin saber lo que eso implica. En ese momento entré como becario al archivo de mi universidad, que se llama Francisco Javier Clavijero, ahí vi cómo operaban las cosas”, platica.

Adolfo Vega, diseñador gráfico freelance, y Michelle Davó, historiadora de arte, se embarcaron en esta aventura por el Eros cuando se encontraron con un lote de revistas de mediados del siglo XX: Bravo, de 1980; Eros, de 1970 y Del otro lado, de 1990; así como las colecciones Lujuria y Horas de placer.

“En ese momento dijimos ‘esto está increíble’, pero, ¿quién más está haciendo esta labor de coleccionar y de compartirlo con el público? Además, no hay un registro de la historiografía del erotismo en México. Eso es algo en lo que estoy trabajando junto a Zeb Tortorici, investigador y profesor del departamento de letras hispanas y portuguesas de la NYU”, comparte Vega.

Y así, entre colecciones privadas que les envían anónimos, pláticas y encuentros con otros coleccionistas; además de visitas a librerías de viejo, mercados de pulgas, chachareros y con el aporte de la gente, han trabajado este archivo sobre la cultura sexual de México que, actualmente, cuenta con un aproximado de 4 mil publicaciones entre libros, revistas, películas y documentos; 500 fotografías y postales, así como una docena de artefactos y objetos.

“Obviamente todo está dentro de una perspectiva limitada, ya que en su gran mayoría, los materiales que hemos encontrado, se puede decir, son para el consumo masculino, pero hay fotografías que datan de 1920 y un tratado sobre la educación sexual de 1919”, explica.

Vista de la instalación para la exposición “Se ruega tocar. Intimar con las memorias del deseo”, 2019, como parte del programa La Postal de Terremoto Magazine
Vista de la instalación para la exposición “Se ruega tocar. Intimar con las memorias del deseo”, 2019, como parte del programa La Postal de Terremoto Magazine

Pase usted a El Insulto

Una de las colecciones más grandes que adquirió, ya como librería, fue en Aguascalientes, durante una feria editorial independiente en 2018. Ahí conoció a Adal, quien tiene una librería de viejo en la calle de Madero, en la Ciudad de México. Él le ofreció un lote de 60 revistas mexicanas y 100 fotografías, las cuales, fueron rescatadas de la casa de un profesor de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

“En la librería ofrecemos libros raros y publicaciones contemporáneas, raros, porque aunque son libros que ya no se imprimen tienen una circulación. Antes distribuíamos revistas extranjeras, pero ahora nos estamos replanteando con la pandemia y nos gustaría apoyar a editoriales locales”, indica Adolfo Vega, fundador de la librería El Insulto.

Entre sus textos más queer se pueden encontrar las revistas Del Otro Lado, Vodevil, Estrellas, EROS y Caballero, la cual se convertiría más tarde en Play Boy, así como Muscle Power, una publicación de fisicoculturismo que muestra a hombres semidesnudos.

”En los estudios que se han hecho en Estados Unidos existe este género que se llama Big Cake y tiene que ver con hombres muy musculosos. Los consumidores compraban estas revistas para ver los cuerpos masculinos, más que leer los ejercicios que se recomendaban para tener esos cuerpos”, asegura Vega.

La librería también cuenta con objetos de uso cotidiano, pero que tienen guiño a lo sexual, como encendedores con la figura femenina, plumas con rollos de fotografías donde se muestran desnudos, una cartera de vinyl que tiene imágenes encapsuladas al exterior y vasos.

“Nos visita regularmente el artista Joan Fontcuberta y nos dijo que los vasos que tenemos en la colección los daban en los restaurantes chinos como entretenimiento, lo interesante es que tienen un espejo cóncavo, están vacíos y, cuando les ponen el líquido, se va revelando la imagen”, comparte.

El Insulto trabaja constantemente para que exista una memoria de la sexualidad pública, pues, de acuerdo con su fundador, muchos de estos archivos entran a colecciones privadas.

“Para mí es fundamental que exista esta memoria de la sexualidad, porque inconscientemente nos hemos construido desde ahí, y estas prácticas, o esta idea de la deconstrucción, existen hasta cierto punto, pero no sé en qué momento se logre esta ruptura total de las corporalidades que se han construido, o del mismo deseo pasado que fue moldeando la forma que lo vives”, externa.


Nos gustaban ciertas cosas que para las personas les pueden parecer un insulto o causar cierto impacto. Por eso el nombre de la librería, por la idea del juego que tiene que ver con el proyecto. A algunas personas les gustará, otras no, cada una construye su propia moral

Adolfo Vega

Fundador de la librería El Insulto

Michelle Davó y Adolfo Vega en la mesa de Librería El Insulto en Zona MACO 2020
Michelle Davó y Adolfo Vega en la mesa de Librería El Insulto en Zona MACO 2020

Censura

La librería se ha enfrentado, en distintas ocasiones, a rupturas y ciertas críticas sobre su archivo, pero para  Adolfo Vega es necesario entender la historiografía de la pornografía, para luego deconstruirla.

“Hay ciertos feminismos, un poco abolicionistas, que tratan de mencionar que la pornografía es mala, o relacionar algún tipo de producción con la explotación de la mujer y que por eso no tendría que existir la pornografía, pero creo que hay que retomar las sexualidades y repensar las posibilidades. Para mí es fundamental entender que la sexualidad es parte de una cultura, la cual tiene que ver con la manera en cómo la vivimos, la proyectamos y la manera en cómo la socializamos”, explica.

Además, añade, que en México la cultura sexual no es viable. “Obviamente no sabemos cómo pegaba en su momento la producción de la pornografía, sabemos que se daba en la cuestión de principios del siglo en estudios fotográficos que comercializaban este tipo de materiales y había gente que los revendían en los teatros. Pero, creo tiene que ver más con esas personas que se favorecen con que la sexualidad que siga siendo marginalizada e ilegal”, exhibe el fundador de El Insulto.

El problema, de acuerdo con Adolfo, es que existen pocos diálogos sobre la sexualidad y la forma en la que son abordados, que en su mayoría, o casi toda la producción pornográfica, está bajo una visión heteronormada.

“Ese es el trabajo de los feminismos, de las compañeras que están evidenciando las violencias que existen y las dinámicas sociales que perjudican a nuestra cultura sexual. Pero existe la gran pregunta, “¿qué viene?” A eso, nosotros entendemos el reconocimiento histórico, es necesaria la lucha y entender cómo se han construido esas deficiencias y cómo influye en nuestra práctica de la sexualidad, en lo privado y lo público. Eso nos ayudará, al menos, a entender por qué se han generado estos problemas. La cuestión es el sistema patriarcal y las instituciones que no permiten ese reconocimiento de nuestros cuerpos, que nuestros deseos existan, la idea es cuidarnos, trabajarlo y acompañarnos”, concluye.

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