“Amo todas las cosas, no porque sean ardientes o fragantes, sino porque, no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío; los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor”, escribió Jorge Luis Borges en “Oda a los objetos”, poema que da cuenta de aquellos recuerdos guardados en las reliquias físicas y mentales, aquellas cosas que dan cuenta del paso del tiempo.

Precisamente, para rendir  un homenaje a aquellas piezas que cobran vida al mirarlas y encienden la memoria, el Museo del Objeto del Objeto presenta su primera exhibición, luego del cierre por la pandemia, Objetos y literatura, con la cual celebran los 11 años de su fundación. 

“Cuando me preguntan qué hago, yo les digo que diseño libros y exposiciones. Llevaba como tres años que no hacía nada y esta es la primera. Es una exposición que me gusta mucho porque la hemos hecho con bastante cariño”, platica Luis Rodríguez, curador de la muestra. 

Junto con Paulina Newman, directora del recinto, y su padre, el coleccionista Bruno Newman, Luis concibió esta muestra que fue realizada a partir de las más de 150 mil piezas con las que cuenta el Museo del Objeto, en ella se podrán apreciar alrededor de 800, todas con su respectivo fragmento literario. 

Objetos y literatura estaba pensada para mostrarse al público en 2020 y así celebrar el centenario del espacio museístico; por lo que presentarla en este momento, cuando se creía que no sería posible, la vuelve más significativa. 

Así, el público podrá adentrarse a una aventura entre letras y piezas, un viaje que inicia con máquinas de escribir, botones, objetos peculiares y extraños que, en muchos casos, ya no se fabrican y se encuentran descontinuados; una lluvia de gotas que recuerdan lo frágil de la humanidad y otros tantos que trasladan a aventuras literarias como el mundo de Alicia en el país de las maravillas o las aventuras marítimas de Gulliver. 

“Dejé preguntas en la introducción de cuántas historias cuentan los objetos y cómo se celebra una colección de más de 50 mil objetos. El reto era hablar de eso y la solución fue a través de la literatura, cuando encontramos ese camino lo empezamos a explorar y dio tanto, ha sido tan vasto como la colección misma”, indica Luis. 

El encuentro con los autores 

La muestra ofrece una travesía en la cual se podrá redescubrir a escritores que hablan de objetos como personajes principales en sus novelas, y les dan voz propia. 

“Hay autobiografías de un pedazo de carbón escrito a finales del siglo XIX, o del ejercicio de la lectura y todo eso nos llevó a hablar del libro como tal, de la escritura. El objeto en la literatura nos dio un marco donde explorar la relación con los objetos”, indica. 

La muestra se divide en seis núcleos temáticos: “El mundo existe para convertirse en libro”; “La vida de los objetos”; “Alicia en el país de las maravillas”; “Viajes”; “Palinuro de México” y “El Principito”, en la que se incluyen objetos con su respectivo texto. 

Entre los autores se pueden encontrar fragmentos de obras de Mía Couto, Fernando del Paso, Luis Martín Guzmán, Brenda Lozano, Octavio Paz, Amado Nervo, Haruki Murakami, Stéphane Mallarmé, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Julio Verne, Juan Villoro, así como de Lana y Lilly Wachowski, entre otros. 

El poema de Neruda “Oda a las cosas” arranca este viaje literario, en el que, tal cual explica sobre su amor por las cosas infinitamente pequeñas se podrán apreciar reliquias que dan cuenta al texto, como un dedal, las tijeras y botones. También de cómo otros escritores como José Emilio Pacheco o Fabio Morábito expresaron su pasión por las máquinas de escribir. 

“Uno de los puntos de arranque fue un texto que leí en el museo donde hablaban de Alicia, y relacionaban ciertos objetos, el sombrero, que se usaba de copa alta, del mercurio para curtir la piel y eso provocaba locura en los que los hacían porque es tóxico, o que el hongo tan bonito rojo con puntitos blancos es alucinógeno y provoca enfermedades que dejan una sensación de que las cosas son más grandes o más chicas, entonces todos esos recovecos nos permitieron relacionar una gran cantidad de objetos”, relata. 

Estos hallazgos permitieron nutrir la exposición, acercar al público de una manera total- mente diferente al texto y los mismos objetos. 

Entre las piezas más particulares está un atril de principios del siglo XX: “lo vi en la oficina de Bruno y es para leer en pareja, si estuviera de moda estaría en Amazon porque es de una sofisticación para la lectura, increíble. También hay un fonógrafo de Edison, cilindros y objetos extraordinarios”, aclara. 

Luis Rodríguez afirma que, quizá, muchos piensen que no son objetos interesantes, son tan efímeros que muchos los optarían por tirar, pero precisa- mente esa es la misión del re- cinto, rescatar piezas del olvido y darles un nuevo significado. 

“Una de las particularidades era presentar los objetos de la mejor forma que el discurso lo exija, darles calidad de pieza de museo, enmarcarlos, ponerlos en vitrinas y repisas particulares. Paulina y Bruno me permitieron enloquecer un poco y poner estas piezas como objetos encontrados junto a textos evocativos y nostálgicos”, puntualiza.