Laura Emilia Pacheco comparte detalles de la obra más emblemática de su padre, José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto.

Mariana, a sus 28 años, tenía una gran belleza y, vestida con su kimono de seda, despertó el deseo y la obsesión en Carlos, quien cayó enamorado de su encanto y juventud, convirtiéndose en su primer amor, un amor secreto, “aun sabiendo que todo está perdido y sin ninguna esperanza”.

Las batallas en el desierto es una historia de memorias y paisajes de lo que fue el México de mediados del siglo XX, así como un gran ejemplo del poder de las palabras, aquellas que hace 40 años plasmara José Emilio Pacheco y que, han transitado a través de los años para convertirse en una de las piezas de la literatura mexicana más representativas del siglo pasado.

Pero en esta novela no sólo se habla sobre el primer amor, también de las calles de la colonia Roma de la Ciudad de México, aquellas con las que el escritor y ensayista mantenía una relación estrecha, pues además de haber nacido en esta parte de la ciudad y, en la que tuvo su primera casa en la calle de Guanajuato; gustaba de transitar y perderse en ella.

Su hija, Laura Emilia Pacheco, recuerda que le encantaba caminar junto a su padre, mientras él le contaba datos curiosos de esta colonia y de las personas que habitaban en ella, calles a las cuales les tenía mucho afecto y que recorrían mientras saboreaban una nieve de chabacano de la famosa nevería La Bella Italia.

“No tuvimos una vida de paseo, mis padres trabajaron mucho, eran dos periodistas y escritores jóvenes que trabajaban muchísimo, la vida de un escritor es difícil y dura, sobre todo si se dedica en cuerpo y alma a su obra; pero sí lo acompañaba a alguna editorial en la colonia Roma, era una ciudad completamente diferente, porque aunque fuera de noche caminábamos sin miedo, con una libertad que ahora no tenemos”, relata Emilia Pacheco a Reporte Índigo.


Mi padre nunca tuvo un puesto diplomático, en la alta burocracia, nada de eso, pudo haber ganado más dinero, tenido una vida más cómoda, pero no es lo que quería y pagó ese precio con gusto

Laura Emilia Pacheco

Escritora

Las batallas en el desierto no es una obra de melancolía, es de memoria, porque, en palabras de Emilia, señala qué y quiénes son la sociedad, provoca la reflexión sobre lo mucho que se ha perdido y se desea recuperar, como la tranquilidad en las calles.

Las batallas en el desierto, Un éxito inesperado

Emilia Pacheco recuerda que para su padre este libro representaba un relato más que publicó y que su vida iba a continuar. Su primera aparición fue en 1980, en el suplemento Sábado, del periódico Unomásuno, pero nunca se imaginó la popularidad que alcanzaría con el texto, sobre todo, el gran recibimiento que obtuvo por parte de sus lectores jóvenes, con quienes siempre tuvo una buena relación.

La crítica literaria declara que la historia de Las batallas en el desierto inició por Neus Expresate, cofundadora de la editorial Era, quien un día fue a su casa y le pidió publicarlo a manera de libro, pero Pacheco, quien era un escritor que reescribía y corregía mucho sus escritos, le pidió más tiempo, sin embargo, Neus le “arrebató” el manuscrito y decidió publicarlo.

“Una cosa que siempre decía es que él no era Carlos y, desde luego, como todos los escritores abrevó de la vida que le tocó en esos años, de su infancia en la colonia Roma y la posguerra, sobre todo lo que empezaba a llegar de Estados Unidos, el auge de aprender inglés y nuestra relación eterna de los mexicanos que lo medio hablamos, abrevó de muchas cosas, pero siempre subrayó que es libro de ficción”, explica.

Para Emilia, se trata del “germen de lo que es el país actualmente”; todo bajo la visión de un niño, lo cual le da un enorme peso, pues es una mirada que no está sucia de política, sobre la atracción de un niño por una mujer y del deseo de tener algo.

“La obra habla de cómo estamos dispuestos a agredir al otro, si porque es japonés, moreno, o bajo, siempre somos depredadores de nosotros mismos y eso nos ha causado muchísimo daño. Ahí está todo lo que es México hoy, la estratificación de la sociedad, de la corrupción política, el México de esta carrera infinita por tener y demostrar cosas absurdas”, comparte.

‘Una obra deslumbrante’

José Emilio Pacheco dedicó gran parte de su vida a la escritura y a los periódicos, una vida, a decir de su hija, sumamente difícil. Por las mañanas cumplía con sus compromisos laborales y en la noche le gustaba escribir su obra personal, pues no había distracciones. Así, seguramente, nació Las batallas en el desierto, una faena literaria nocturna que le tomó varios años.

“Tenía sus cajones llenos de proyectos, obras en proceso, poemas, artículos, ensayos, eran fascinantes, porque podías encontrar cualquier cosa, te puedo asegurar que no fue una cosa rápida escribir este libro. Se reía mucho porque se esforzaba por sus textos, pero decía que para mucha gente era únicamente el autor de Las batallas, muchos lo conocen sólo por eso y está bien, es más que suficiente porque es una obra simplemente deslumbrante”, expresa Emilia.

A 40 años, Laura Emilia puede ver con gran orgullo y felicidad cómo esta pieza literaria reverbera en otras obras, tiempos y artistas, como en la película Mariana, Mariana (1987), bajo la dirección de Alberto Isaac, y la adaptación de Vicente Leñero; en la música con “Las batallas”, de Café Tacvba, y un guiño en Páradis, de la escritora Fernanda Melchor.


Emilia Pacheco confiesa que disfrutó mucho a su padre, quien le dejó muchas enseñanzas, como ser fiel a sí misma y a estar dispuesta a luchar por ello

“Mi papá estaba muy sorprendido con Café Tacvba, tuvo la oportunidad de ir a un concierto, creo fue con Carlos Monsiváis. Para una persona que vive sentada en su escritorio, en su cuarto, en absoluta soledad, ver sus palabras en una canción, que corean miles de personas, fue una experiencia impresionante”, relata.

Aunque Emilia confiesa que para el escritor lo más importante en la vida fue su poesía, no obstante, Las batallas en el desierto le trajo mucha satisfacción, por ejemplo, le permitió visitar muchos lugares en los que pudo conocer a sus lectores, algo que era primordial para él y de lo cual siempre estuvo agradecido.

“Es difícil leer una obra escrita por tu papá, es como una especie de intimidad inesperada, porque lo conoces de otras maneras, fue una sorpresa para mí, eso lo hacía tan querible, tenía adentro mil mundos y los compartía.

“Ahora puedo decirte que Las batallas en el desierto es un miembro más de la familia, una presencia que siempre está ahí, aunque no lo menciones, sentir que mi padre, de alguna manera, siempre me acompaña en sus libros y todo lo que dejó en ellos, cada día lo siento más presente”, concluye Laura Emilia Pacheco.

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