El aumento de la temperatura del océano a causa del calentamiento global está fomentando el canibalismo entre las langostas, al menos así lo demostró un experimento realizado por Noah Oppenheim, estudiante de posgrado de biología marina en la Universidad de Maine, en Estados Unidos.

Oppenheim adjuntó una cámara infrarroja resistente al agua debajo de una joven langosta y la dejó caer en la costa de Maine. En lugar del bacalao, el arenque y otros peces que comúnmente se alimentan de este crustáceo, Oppenheim observó –a través de lo que la cámara iba captando– que la joven langosta no fue devorada por un pez, sino por otra langosta.

De hecho, Oppenheim comentó a Mother Jones que las langostas jóvenes tienen 90 por ciento de probabilidad de ser devoradas por sus congéneres, antes que por cualquier otro animal.

El canibalismo surge gracias a que con el aumento de la temperatura del agua marina –producto del calentamiento global–, las langostas se están reproduciendo con mayor frecuencia y crecen más rápido. 

Además, la pesca excesiva de bacalao y arenque ha hecho que este animal no tenga otra cosa qué comer más que a los miembros de su propia especie.