Citius, altius, fortius – Communiter”, locución latina que significa “Más rápido, más alto, más fuerte – juntos”, es el lema olímpico que, desde su origen, parece demandar el máximo aprovechamiento de los atletas que acuden cada cuatro años a las justas deportivas, ahora celebradas en Tokio.

Bajo este precepto, miles de deportistas entregan cuerpo y mente en el terreno nipón, pero la felicidad de llegar al podio, a veces disfraza la angustia, el estrés y la ansiedad que sufren; además, también está la frustración de por medio, al no alcanzar la meta máxima de una medalla.

“No somos solo atletas, somos personas”, dijo la gimnasta estadounidense Simone Biles a la prensa, al retirarse de la competición, alegando que no se sentía mentalmente estable para seguir en la contienda deportiva.

Esta presión constante, donde ganar es la única meta, desgasta mentalmente a los atletas de alto rendimiento, y por ello existe la psicología del deporte, que auxilia a estos deportistas para seguir adelante cuando las adversidades se presentan. La misma Biles ha declarado, previamente, que sentía el peso sobre sus hombros de la responsabilidad de la victoria, por cómo se ha vuelto un ícono del deporte mundial.


La presión constante, donde ganar es la única meta, desgasta mentalmente a los atletas de alto rendimiento

“Depositamos en todos nuestros seleccionados, o en los atletas, la visión de los nuevos héroes que van a cumplir las expectativas que yo también pude tener. Todos nos sentimos orgullosos de ellos cuando logran algún triunfo, pero curiosamente es la misma gente o una gran cantidad de personas, las que también puede recriminar que no lo hayas logrado”, describe el psicólogo Carlos Vázquez, quien pertenece al grupo de psicólogos de intervención de la Dirección General del Deporte Universitario de la UNAM.

Al igual que Vázquez, la doctora Diana Tejadilla Orozco, directora de Normatividad y Coordinación Institucional del Secretariado Técnico del Consejo Nacional de Salud Mental, conversó de este tema con Reporte Índigo para generar conciencia de la gran carga emocional que tienen los deportistas olímpicos ahora en Tokio, después de un año de confinamiento.

“Lo que se ha visto es que muchos de los atletas al enterarse que tienen que posponer un año la competencia o su participación en los Juegos Olímpicos se empiezan a presentar lesiones o algunas otras problemáticas de la salud mental, o sea, no tienen ese entrenamiento mental, ni nadie lo tiene, porque la pandemia es una situación que nos agarró por sorpresa a todos”, agrega la especialista.

Ambos especialistas coinciden en que los niveles de presión a los que están siendo sometidos algunos jugadores olímpicos podrían equipararse al estrés post traumático que han presentado veteranos de guerra, debido al desgaste emocional que conlleva alcanzar las medallas.

Las emociones antes y después del podio

Parecería que los competidores en Tokio 2020 sufren en las justas deportivas, ya sea al ganar o quedar fuera, ejemplo de esto es la austriaca Anna Kiesenhofer, quien ganó el oro en ciclismo de ruta femenino, colapsó con convulsiones y llanto al llegar a la meta.


La austriaca Anna Kiesenhofer, quien ganó el oro en ciclismo de ruta femenino, colapsó con convulsiones y llanto al llegar a la meta

Algo similar ocurrió con Kimberly Woods, de Reino Unido, quien llegó hasta la final de canotaje slalom en kayak y se desconcentró al fallar al inicio de la prueba, y se dejó ganar; al término de su participación rompió en lágrimas, claramente de rabia.

“Para lidiar con la frustración, finalmente, hay básicos que tenemos en la esfera mental, primero que nada, es mucho concentrarte en el presente. Al mantenerse concentrados en este presente, en el momento que están viviendo, en el aquí y el ahora, más que todos los logros o a dónde quieren llegar, eso se ha demostrado que tiene un fuerte impacto”, describe Tejadilla.

Vázquez subraya que el objetivo para los atletas, más que en el oro, la plata o el bronce, debe estar en continuar trabajando deportivamente hablando, y no solamente estancarse en la victoria, que es lo que públicamente solo se recompensa en los jugadores olímpicos, pero esto es algo que debe cambiar.

“Aún creemos que el valor del atleta se ve en función de los logros deportivos, y sí, eso es lo que vende, eso es muy atractivo, pero es muy engañoso también, porque aquel deportista que no logre separar que su valor no lo va a dar una medalla, va a estar condenado a que si no la alcanza, va a sufrir toda su vida, mientras esté intentándolo”, agrega el psicólogo.

Diversión: la meta a seguir

Llegar a los Juegos Olímpicos puede ser la máxima culminación de cualquier deportista en el mundo, y la tarea será dar todo para sobresalir ante los demás, pero en el camino se olvida un propósito, que es gozar la participación, ya que otro lema de esta justa deportiva es: “Lo importante no es ganar, sino competir”.

“Es complicado que los atletas se reconozcan por sus pequeños logros, o por el simple disfrute de realizar el deporte que están llevando a cabo, entonces, sí puede ser que si se suman los factores puede ser que entren en depresión o abuso de sustancias, problemas de sueño, ansiedades o malos hábitos alimenticios”, agrega la doctora Tejadilla.

El especialista de la Dirección General del Deporte Universitario también concuerda con este punto, que la diversión debería ser una máxima para los competidores; en este sentido, Biles hizo lo indicado para no sufrir de un desgaste mental que habría podido derivar en problemas posteriores de salud.


“El deportista tiene que aprender a darse un valor, pero que no sea en función de un resultado, que sea en función, uno, de la diversión, esto no se puede perder nunca, ahí está el ejemplo de Simone Biles, no se puede perder el disfrute por la actividad; y dos, el valor del deportista debe ser en función del esfuerzo y del trabajo, ese sí te da un valor como ser humano, como persona”

Carlos Vázquez

Especialista de la UNAM

En terreno de los atletas mexicanos

El panorama psicológico de lo que se vive en los Juegos Olímpicos también puede observarse con los atletas que están en México, ambos expertos cuestionan y reflexionan sobre que es necesario hablar de las emociones y la salud mental, no sólo en el ámbito deportivo, sino en la cotidianidad social.

“En nuestro país falta mucho el tema de la psicología del deporte, falta apoyo y mucho conocimiento. Pero nos falta en general a los mexicanos y al mundo, que eso está probado, una alfabetización de salud mental, un conocer cómo se siente cuando yo me pongo ansiosa y cómo puedo nombrarlo y controlarlo”, apunta Tejadilla.

Vázquez además apunta que se necesitan más psicólogos para el ámbito deportivo y para la sociedad misma, ya que es imperante prestar atención a las señales que los atletas están dando en esta justa deportiva en Tokio, para ayudar a futuro, sin presionarlos sólo por cumplir metas de mercadotecnia o contratos millonarios con patrocinadores.

 “Creo que el punto más importante para todos, para los que estamos en el medio deportivo, para los organizadores, es preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para cuidar la parte emocional y mental? Hoy sale a la luz por varios atletas en el trayecto desde la pandemia y se debe poner sobre la mesa, qué estamos haciendo en todos los niveles deportivos, desde la enseñanza, el aprendizaje de la iniciación, pasando por la adolescencia, hasta el alto rendimiento, ¿realmente los estamos cuidando o los vemos como una máquina o un producto de resultados?”, expresa Vázquez.

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