La semana pasada Rihanna inició una gira que prometía ser toda una aventura. Un avión privado que llevaría a cientos de periodistas, fans, a la misma cantante y a todo su equipo alrededor del mundo para ofrecer siete conciertos en siete ciudades distintas.

El motivo de tal hazaña era promocionar el lanzamiento de su nuevo álbum “Unapologetic”, por lo que la cantante conviviría con periodistas y fans para que vivieran la experiencia de una gira mundial.

La fiesta comenzó desde el vuelo de Los Ángeles a la Ciudad de México, donde fue la primera presentación. En ese trayecto RiRi (como le dicen de cariño) convivió con todos los tripulantes y no paró de servirle champán a todos… después de eso no volvieron a verla.

La gira “777” se convirtió en todo un caos. Primero comenzaron los retrasos en los vuelos, que se tradujeron en que los conciertos empezaran tarde. Después vinieron las multas (que ascienden a 320 millones de dólares) de los aeropuertos privados por las horas extras que pasaba el avión en sus hangares.

Pero eso no fue todo, una revolución se estaba llevando a cabo dentro del propio Boeing, los cientos de reporteros que se encontraban a bordo para entrevistarla, no tenían nada que contar pues la cantante se la pasaba encerrada en una especie de “habitación de pánico”.

Después de varios días sin una historia que publicar, la desesperación llegó a tal grado que los periodistas se volvieron los protagonistas y empezaron a gritarle a RiRi que les dijera alguna línea, que necesitaban un encabezado, que los ayudara a no perder su empleo. Ni siquiera el episodio de Michael –periodista australiano– corriendo desnudo por todo el avión hizo que hubiera una reacción por parte de la ex novia de Chris Brown.

Aunque ayer RiRi salió brevemente a dar unas declaraciones, esta gira será recordada por todas las historias de vuelo que los periodistas tienen que contar, más que por la parte musical.

Desde el avión
El reporte de uno de los tripulantes