No todas las personas tienen el derecho de amar libremente, ya que para muchas está prohibido por la ley y con la prisión se es castigado.

En diversos episodios de la historia, la comunidad LGBT+ tuvo que vivir con el miedo de expresar sus sentimientos. Tal es el caso de los hombres homosexuales de Alemania, una vez acaba la Segunda Guerra Mundial.

Bajo esa premisa, el cineasta Sebastian Meise y el escritor Thomas Reider hicieron juntos un guión en el que rescataron todas esas historias desconocidas, que vivieron decenas de personas, quienes eran condenados por el Párrafo 175, que desde 1871 a 1994, hacía que los actos homosexuales fueran un crimen en aquel país de Europa.

El resultado fue La gran libertad, película que describe cómo Hans Hoffmann es encarcelado desde muy joven, sólo por el hecho de ser gay; pese a que eventualmente sale de la prisión, únicamente dura un periodo fuera, debido a que su naturaleza es castigada una y otra vez con privarlo de su libertad.

“La historia de vida de Hans, centrándonos en su reincidencia a prisión, parecía el camino correcto a seguir para contar una historia universal. Paredes, barrotes y uniformes son los mismos en cualquier momento y en cualquier lugar. Similar a una distopía, una prisión es un no-lugar, en ninguna parte”, describe Meise en las notas de producción del largometraje.

Dentro de la cárcel, Hans conoce a Viktor, compañero de celda que primero lo repudia, violenta y discrimina por ser homosexual, pero con el paso del tiempo ambos van tejiendo una cercanía que trasciende las paredes de la prisión y el tiempo.

“Viktor ha crecido en este lugar, él está cumpliendo una cadena perpetua por asesinato, y al principio parce tosco y brutal en esencia; sin embargo, es tan frágil y solitario como todos. Además, Hans, que entra y sale de prisión, encuentra en Viktor un confidente y la aceptación que la sociedad se niega a darle”, agrega el director.

Ambos personajes son una ficción, pero están inspirados en los testimonios y la documentación que históricamente se conoce del Párrafo 175, donde lo más atroz es que decenas de hombres homosexuales fueron previamente capturados durante la guerra, y pasaron de campos de concentración a prisiones; es decir, vivieron una persecución casi de por vida.

“Nuestro personaje principal, Hans, es casi un ejemplo de los innumerables destinos de las personas que siempre son inocentes, pero que terminaron en prisión; sus vidas y relaciones fueron destruidas y sus historias en los archivos de la burocracia desaparecieron”, explica Meise acerca de su película ganadora en Cannes.

La gran libertad llega a salas alternativas e independientes de México, por la distribución de Cine Canibal, Además de su paso por Cannes, el filme fue la selección oficial de Austria para contender en los premios Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional, pero no alcanzó a ser nominada.

Realidad hasta el límite

Para lograr la atmósfera correcta de una prisión del siglo XX, Meise fue exigente, por lo que prefirió salir del confort de un estudio e ir tras locaciones reales, así encontró una cárcel de Alemania del Este, que era perfecta, porque daba con la arquitectura en la que se desarrolla la historia, pero no todo fue fácil en el rodaje.

“En nuestro caso fue agotador por momentos. En invierno hacía frío, las celdas eran estrechas y mohosas y las distancias en este enorme edificio eran grandes, pero ayudó para la atmósfera que queríamos crear. Trabajar juntos durante semanas en un espacio pequeño inevitablemente crea una intimidad que fue muy importante para nuestra historia”, platica el cineasta austriaco.

Muchos de estos espacios de privación de la libertad, ahora se están convirtiendo en memoriales o se están derrumbando, para Meise el valor agregado, además de lo que podían aportar los actores al estar en ese encierro, era que cinematográficamente podía capturar la sensación de ser observados en espacios reducidos, como claramente acostumbraban los celadores, mantenerlos en una constante vigilancia, sin escape.

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