A la edad de 29 años, Luis de CarvajalEl Mozo”, poeta y comerciante, fue sentenciado a muerte por hereje judaizante, “apóstata de la fe católica”, y por ser un dogmatista pertinaz. Encerrado en las cárceles secretas de la Santa Inquisición escribió sus últimas memorias, que dejó plasmadas en huesos de aguacate y trozos de papel que escondía en plátanos.

El cuadernillo, al cual Carvajal, también conocido como “Joseph Lumbroso”, se aferró hasta su último aliento antes de ser llevado a la hoguera, narra cómo zarpó de Europa al Nuevo Mundo y la práctica de su religión judía, a pesar de los peligros que involucraba en aquella época, fue hallado en 2016 en una casa de subastas en Nueva York, tras haber sido robado del Archivo General de la Nación.

Por casi cuatro siglos, estos escritos quedaron lapidados hasta este momento. Tras ser rescatados, la escritora Gabriela Riveros supo que debía hacer algo sobre Luis de Carvajal, el resultado fue la novela Olvidarás el fuego (Lumen).

“Me encontré que había una historia silenciada, de 120 miembros de la familia de los Carvajal, procesados por la Inquisición, estaba la historia del sobrino, quien era un muchacho erudito, explorador, un perfil amplísimo, pero además líder religioso y poeta. Supe de él a mis 20 años, por eso me conmovió mucho cuando lo matan”, explica Gabriela Riveros.

“Algo que me liga más a ‘El Mozo’ es la palabra escrita y este afán de preservar la memoria”
Gabriela RiverosEscritora

Su fascinación por esta familia comenzó en los años 90, cuando era becaria en el Centro de Escritores, al lanzar su libro Ciudad mía, en el que ya había tenido un acercamiento a la vida de Luis de Carvajal. Al enterarse del rescate de sus memorias decidió, una vez más, darle voz a un joven sentenciado por sus creencias e ideales.

Para realizar Olvidarás el fuego, la autora hizo una labor de investigación, casi arqueológica, para desempolvar las vivencias de “El Mozo” sin que perdiera calidad literaria.

“Traté de que no quedara como una novela histórica, tradicional ni plana, sino el arte de la palabra a través de una polifonía de voces, donde no haya una sola verdad, porque las novelas deben de plantear más preguntas que respuestas. Quise compartir diferentes ópticas, porque tampoco es una lucha de buenos contra malos, judios buenos o malos, tampoco hay conquistados y conquistadores”, considera.

El proceso de investigación de Olvidarás el fuego

Sin romantizar ni enjuiciar a nadie, la autora originaria de Monterrey, Nuevo León, crea con Olvidarás el fuego una especie de cofre donde las voces de la familia Carvajal cobran de nuevo vida.

Para ello, por casi cuatro años se dedicó a investigar y visitar varios estados de la República Mexicana para ir tras las pistas que le permitieran armar el rompecabezas, no sólo sobre la familia Carvajal, sino de todos los familiares de los judíos que sobrevivieron a la Inquisición.

“Es muy fuerte, porque hay muchos lugares que estaban en ese momento, en la Ciudad de México fui al Palacio de la Inquisición, adentro hay una parte antigua donde estaban las cárceles, vi cómo era, si había luz, el tamaño. En la Plaza Mayor, lo que es ahora el Zócalo, había un entablado alto donde leían los juicios, llegaba el virrey, las autoridades eclesiásticas y de la corona. Posteriormente, seguían en progresión por lo que es ahora la calle Madero hasta donde se hacían las ejecuciones, en la Alameda”, relata.

“El Mozo” era sobrino de Luis de Carvajal y de la Cueva, conquistador y gobernador del Nuevo Reino de León. Llegó a la Nueva España en 1580, junto a sus padres y ocho hermanos

Para la autora fue sorprendente su redescubrimiento de las calles, como la Alameda Central, espacio donde estaban las hogueras. Descubrir los paralelismos y crecimiento, hasta ahora bajo el desconocimiento de las y los mexicanos.

“Fui a varios pueblos de España y Portugal, entrevistando gente, buscando dónde estudiaron; conocí personas que lograron vivir con el secreto de vivir como criptojudíos, es muy increíble los que se quedaron en las montañas para sobrevivir”, explica Riveros.

La historia se repite

Gabriela Riveros lamenta que esta historia se siga repitiendo, que las civilizaciones no aprendan de su pasado y sigan cometiendo atrocidades en pos del poder y la avaricia.

Por ejemplo, cuando ella comenzó a redactar Olvidarás el fuego, Donald Trump era presidente y existía la cultura de la intolerancia y la discriminación, los mismos juicios que se emitieron en contra de los judíos en la época de “El Mozo”.

“Hay un mecanismo de olvidar esta crueldad que se hizo, la Inquisición estuvo en México tres siglos; repetimos las atrocidades que la humanidad ha cometido una y otra vez, por eso creo que la literatura es una forma de resistencia contra el olvido, de dejar una memoria colectiva que nos invita a la tolerancia, empatía, a reflexionar, porque podemos hacer tanto daño con juicios ligeros sobre personas, así empiezan el exterminio y genocidio”, opina.

“Todas las aventuras que pasaron estos escritos y la familia para cruzar el mar, migrar y sobrevivir a las epidemias, ataques, intrigas políticas, mientras lo leía pensaba que éramos nosotros en el siglo XXI”
Gabriela RiverosEscritora

Incluso, hasta 2013, la Historia describía a Luis Carvajal y de la Cueva, fundador del Nuevo Reino de León, como el gran enemigo. Al ser judío decían que era la encarnación de la herejía.

“Son historias que se repiten, porque en el fondo hay luchas de poder económico y político, antes era contra los judíos, ahora contra el narcotráfico, son narrativas que se crean por grupos de poder para expandir territorios o por un beneficio”, apunta.

Para la autora, culminar con este libro le dejó una gran reflexión como el darse cuenta de su origen, de los territorios heredados por personas que dieron su vida y lucharon por la verdad y la libertad de pensamiento.

“Esta sentencia a Carvajal que ‘se ha quemado vivo y en vivas llamas de fuego hasta que se convierte en ceniza y de él no haya nada’ es lo que sucede ahora, las fosas clandestinas y los periodistas muertos son la lucha de hoy, hace 500 años que estamos desapareciendo gente, es una cultura de desaparecidos, donde no hay lápida ni restos”, concluye Gabriela Riveros.

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