"Todo empezó cuando era niña gracias a mi mamá, ella me creó un hábito para consultar el diccionario cuando no sabía el significado de una palabra y siempre fue así”

Paulina Chavira

Correctora de estilo

https://www.youtube.com/watch?v=odEY4qNTVjQ

La mujer que adoptó los 117 errores de los libros de texto gratuito de la Secretaría de Educación Pública para defender la ortografía, deja conocer a la persona de una profunda pasión por las reglas de la escritura. Esas normas tan soslayadas por la mayoría.

Tiene apenas 35 años, es alta y lleva una chamarra negra, su cabello es corto y tiene fija una enorme sonrisa. Paulina Chavira  nos recibe en su departamento de Polanco y platica acerca de su vida, sus debilidades, su filosofía y su más rebuscado pensamiento ante un error ortográfico. 

La entrevista se realiza en una habitación iluminada y llena de libros. Abundan manuales de ortografía y diccionarios por encima de cualquier tipo de literatura. Todo está en orden y en un lugar preciso. El espacio denota parte de su personalidad.

Se dice que las obsesiones siempre conducen a la amargura.  No parece ser el camino de la graduada en periodismo, ella no tiene su corazón en las tinieblas y por eso hace de la risa su más evidente muletilla.

En el 2013, la Secretaría de Educación Pública (SEP) dio a conocer que pagó más de 14 millones de pesos a las instituciones responsables de la redacción y edición de los libros de texto gratuito en los que se habían detectado 117 errores. 

El tema llegó a las redes sociales y se convirtió en un hashtag que sobrevive hasta la fecha. Además recientemente abanderó la campaña de difusión de los múltiples errores en las señaléticas de la Avenida Masaryk en el Distrito Federal. Los señalamientos tuvieron que ser cambiados por las autoridades.

Por todo eso es que Paulina empuñó su bandera y decidió darle su lugar al código escrito con el que todos nos comunicamos.

De su propia voz

Mira, me hubiera encantado encontrarlos yo, pero no, al final quien dio la noticia fue la SEP, salió el entonces Secretario de Educación Pública a decir que los libros de texto gratuito tenían 117 errores y pues la verdad me indigne totalmente porque  creo que al final: uno, nosotros no ponemos atención en la importancia que tiene la ortografía; y dos, cómo le podemos poner atención sino sabemos cómo escribir bien. 

Entonces, ¿cómo vas a saber escribir bien?, sino lo aprendes y si en los libros que tienes de referencia hay errores, me pareció una incoherencia total, esa fue mi primera reacción.

La otra que recuerdo es que muchos medios de comunicación salieron al día siguiente criticando, cuando ellos también tenían errores.

Cuando leía en mi cuenta de Twitter a algunos medios y veía errores me preguntaba: ¿Cuántas personas están viendo está información? ¿Cuántas personas piensan que está bien escrito? 

Cuando veo lo de la SEP me indigno, pero al día siguiente que todos los medios salen criticando a la SEP, me pregunto ¿cómo es posible? 

Los medios de comunicación son una fuente de información y también se equivocan. En ese momento nace el proyecto #117errores.

¿Cómo empieza tu obsesión?

Todo empezó cuando era niña gracias a mi mamá, ella me creo un hábito para consultar el diccionario cuando no sabía el significado de una palabra y siempre fue así.

Fue algo constante en mi vida y nunca le di tanta importancia pero siempre ha estado ahí.

¿Cómo te actualizas?

Leyendo –ríe-. Cuando existió una actualización de la ortografía en 2010, compre la ortografía y pues así ¡literal!, aunque no deja de parecerme que algunas actualizaciones son algo limitadas.

También hay otro proyecto que al que me encanta recurrir y si me hiciera un tatuaje me los tatuaría a ellos, se llama Fundéu, que es la Fundación del español urgente y es un proyecto que está hecho entre la Agencia Efe y el banco BBVA, asesorada por la Real Academia Española, en donde parte de su misión es actualizar el lenguaje y están enfocados en medios de comunicación.

Vivimos perpetuando el error porque así nos enseñaron y actualizarnos es una buena forma de cambiarlo.

¿A qué te dedicas?

Soy correctora de estilo y traductora independiente, también soy esposa y madre, una persona normal en realidad.

¿Qué opinas sobre los errores en los medios de comunicación?

No bueno, es un sufrimiento, lo que me hace pensar en un error en un medio de comunicación es qué falta de profesionalismo o qué falta de cuidado y atención, porque ni siquiera creo que estar en redes sociales que requiere cierta inmediatez -mayor que un impreso- te excusa de escribir bien. 

Los medios de comunicación son una referencia, cuando las personas tienen una duda, nunca se preguntan como está escrito en el diccionario, más bien dicen: en el periódico yo lo vi así, entonces al final, sí se convierte en una referencia.

Algo que ocurre mucho en México es que cuando hay un recorte presupuestal dentro de un periódico, los que salen corriendo primero son los correctores de estilo y entonces se va una parte fundamental del mismo.

¿Qué opinas sobre el comentario de García Márquez en el que mencionó que la ortografía debía simplificarse?

Claro que todos los que dicen que no importa como escribas lo tomaron como bandera.

Yo creo que sí importa, porque al final la ortografía es un código común, por ejemplo, si yo escribo un sí con acento, sabes que estoy afirmando, pero si lo escribo sin acento es una posibilidad, con esa simple regla tenemos un código con el que sabemos que tú y yo no necesitamos decir  nada más, es ese código común que facilita la comunicación. 

Considero que en un medio de comunicación el objetivo es que tu audiencia te entienda sin que haya ambigüedades, entonces al seguir la ortografía nos estamos asegurando de que el mensaje que yo te estoy enviando, lo vas a entender,  para mí la ortografía debe de existir y la debería de conocer todo el mundo, aunque reconozco que tenemos un rezago enorme en educación.

Esta joven defeña lleva su pasión a las redes sociales, a través de sus cuentas de Twitter @apchavira y @117errores es literalmente “la policía  de la buena escritura”. 

Hace sonar su sirena, corrige y amonesta. Es literalmente el  terror de los administradores de las cuentas de redes sociales de los medios de comunicación. Su constante acoso contrasta con el buen trato que tiene en persona.

Paulina en corto

¿Eres un personaje o eres la misma en la vida real y en tu profesión?

Soy la misma, ¡soy la misma!… podrían preguntarle a mi familia –ríe-, no hay personaje detrás de los #117 errores. 

Cuando corrijo lo hago solo a quien me lo pide, y en Twitter a medios de información, pero todo es con respeto y cariño.

¿Siempre estás conectada?

Trato de estar conectada.

Los días de Paulina deben de tener más de 24 horas.  Constantemente está al tanto de los errores de los demás, sin embargo, le da tiempo de atender todo aquello que otros no pueden y delegan en alguien más.

¿Qué hace Paulina en la vida real?

Soy madre, esposa y correctora de estilo.

Dicen que si eres conocedor de todo eres especialista en nada ¿cuál es tu debilidad?

Creo que nada –sonríe–, soy buena en la ortografía, pero la gramática es algo en lo que me gustaría actualizarme más, algo con lo que me falta conectarme, ¡entonces agárrenme! –ríe–.

Soy demasiado perfeccionista en todo y trato de hacerlo en mi vida, si no fuera así creo que no sería congruente.

Los 5 errores que Paulina siempre encuentra 

1. Monosílabos ya no se acentúan.

2. La coma (es una pausa oral pero no una pausa textual, entonces no crean que si necesitan respirar pongan una coma), la coma tiene usos y una es delimitar unidades dentro de una oración, jamás está establecido que la coma es una pausa, aunque como lo mencionaba, estoy segura que a todos nos lo enseñaron de la misma manera.

Existen algunos signos que te pueden ayudar a marcar pausas, y en la mayoría de los casos el sujeto nunca se separa del predicado por una coma.

3. Prefijos. Por ejemplo: escribir expresidente con un guion es un error.

4. La concordancia. Ejemplo: no es la primer mujer, lo correcto es escribir la primera mujer.

5. Que dejen de acentuar solo, no pasa nada si no lleva tilde, “ojalá que no me odien”, dice.