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La historia de El Doctor Muerte, el asesino serial que terminó con la vida de 215 de sus pacientes

Fernando Franco

El médico Harold Shipman se convirtió en uno de los asesinos seriales más temibles de las últimas décadas al haber cometido cientos de asesinatos, en plena impunidad, aprovechando la simpatía y confianza que generaba gracias a su profesión


Ago 24, 2019
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El galeno, doctor, médico… el ser que salva vidas, combate infecciones, alivia el dolor. La mayoría se entregan a él con la confianza y simpatía que su loable profesión genera, sin embargo, los de bata blanca son seres humanos y, como tal, algunos trastornos, angustias y traumas los acompañan a lo largo de la vida.

El doctor Harold Shipman, quien alguna vez se catalogó como “un ser superior” sufría, desde adolescente, incesantes sueños en los que una y otra vez se repetía la misma historia: su madre enferma de cáncer de pulmón en cama siendo aliviada con dosis de morfina con él, de 17 años, como mudo testigo, lleno de rabia, de dolor y de impotencia.

Cuando su madre finalmente murió se prometió asimismo convertirse en doctor para ayudar a los más desprotegidos, para paliar ese dolor que a la postre todo ser humano sufre cuando el final se acerca. En 1970 se graduaría, con honores, de la Escuela de Medicina de Leeds, en Reino Unido.

ADICCIÓN QUE MATA…

Casi desde que empezó a trabajar como médico, en el Centro Médico Abraham Ormerod en Todmorden, al oeste de Yorkshire, Reino Unido (1970), Harold se hizo adicto a la petidina, un fármaco de la familia de la morfina, por lo que en 1975 fue multado por falsificar recetas del estupefaciente para consumo propio.

Aunque se le ordenó asistir a una clínica de rehabilitación, la verdad es que el doctor nunca dejó su adicción.

En su currículum destaca el ser médico de cabecera en el centro médico de Donneybrook, ubicado en Hyde, cerca de Manchester, de 1977 hasta 1993, año en el que se decidió a fundar su propia clínica en Market Street, convirtiéndose en un respetado miembro de la comunidad gracias a los servicios que prestaba. Los vecinos lo llamaban cariñosamente Fred.

DEL ABUELO BENEVOLENTE AL ASESINO SERIAL MÁS TEMIDO DE LOS ÚLTIMO TIEMPOS

En 1998 la cloaca de destapó. Entre la sorpresa de sus vecinos, que no lo podían creer, la policía londinense allanó el consultorio del querido abuelo, y médico, Fred, para llevárselo esposado a la comisaría. Enfrentaba una acusación de falsificación de testamento.

La exalcaldesa de Hyde, quien se atendía desde años atrás con el médico, murió misteriosamente. Kathleen Grundy tenía 81 años y a nadie se le hizo raro lo que Shipman redactó en su informe: paro cardíaco. Lo raro fue que al momento de abrir el testamento el abogado de la fallecida revelara que le había dejado todo su dinero al galeno, por “sus atenciones brindadas durante toda su vida”.

De inmediato la familia se puso manos a la obra y desacató el testamento acusando falsificación, por lo que se abrió una investigación en el que el principal sospechoso era el buen Fred quien, de inicio, accedió, hasta un poco contento, a contestar las preguntas que se le realizaron en el juicio.

La cloaca se abrió, en realidad, cuando se ordenó que se exhumara el cuerpo de la exalcaldesa para que otro médico lo pudiera analizar y corroborar la versión de que un paro cardíaco había acabado con su vida. Los resultados dejaron helado a medio Reino Unido: la mujer había muerto de una sobredosis de morfina. Shipman fue detenido y sujeto a investigación.

El juicio en su contra fue encomendado a la entonces carismática jueza Janeth Smith, quien en entrevistas posteriores declararía que lo realizado por el doctor Harold superaba el mal en cualquier ser humano y es que, tras la autopsia realizada a la señora Grundy, se ordenó la exhumación de 14 expacientes del galeno, quienes también habían muerto de manera misteriosa y en cuyos cuerpos se encontró, de la misma manera, grandes dosis de morfina.

Aunque Shipman negó haberles suministrado a sus 15 pacientes dosis de morfina, al final fue sentenciado por la jueza Smith a quince cadenas perpetuas consecutivas. Las investigaciones continuaron y lo que develaron dejó helado ya a la totalidad de Reino Unido y el orbe.

EL DOCTOR MUERTE

Los 15 asesinatos por los que fue condenado a igual número de cadenas perpetuas llevaron a medios y sociedad en general a llamar al otrora “buen Fred” como El Doctor Muerte, sin embargo la verdad estaba lejos de conocerse.

La investigación posterior llevó a las autoridades a descubrir que Shipman había firmado, en 25 años, 521 certificados de muerte de pacientes suyos. De inmediato las alarmas se prendieron, sin embargo, en pocos casos se pudo corroborar asesinato debido a que la mayoría de cuerpos habían sido incinerados.

“Ha sido un trágico fallo en los sistemas lo que ha permitido que los crímenes de Shipman permanecieran ocultos muchos años; traicionó la confianza de la gente y también a la profesión a la que tan mal sirvió”, declaraba en 2002 John Chisholm, entonces integrante de la Asociación Británica de Médicos.

Se calcula, por las investigaciones que se han realizado en torno a los certificados de defunción y documentos del doctor Shipman, a quien, por supuesto, le retiraron su licencia para ejercer, que cometió al menos 215 asesinatos de personas entre 41 y 93 años usando el mismo método: inyectándoles morfina.

Una investigación, replicada por la Crónica Negra del diario español El País, devela que en el centro sanitario Donneybrook de Hyde, cerca de Manchester, El Doctor Muerte cometió 71 crímenes y en su sanatorio, en Market Street, alrededor de 143 asesinatos, incluyendo el de siete personas que vivían en la misma cuadra.

THIS IS THE END

La jueza Smith, quien llevó el caso que “más le ha sorprendido en su vida”, catalogó a Shipman como un drogadicto del crimen”. El adicto, pues, murió el 13 de enero de 2004, justo antes de que cumpliera 58 años, después de que se suicidara, colgándose, en su celda en la prisión de Wakefield.

Algunos aseguran que Shipman se colgó para garantizar la estabilidad financiera de su esposa (sí, se casó y tuvo cuatro hijos) pues su pensión del National Health Service (NHS) pasó a sus manos debido a que murió antes de los 60 años, requisito indispensable, sin embargo, hay otras opiniones.

John Douglas, por ejemplo, quien es estudioso de perfiles del FBI, siempre ha sostenido que el doctor se suicidó siguiendo un patrón de los asesinos seriales, aquel que los lleva a querer controlar todo meticulosamente, hasta su muerte misma… “Suicidarse en la cárcel bajo custodia policial fue su gesto final de control”.

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