“El Times destituye a Jill Abramson como Editora en Jefe, asciende a Dean Baquet”, se titula la noticia publicada el 14 de mayo en The New York Times (NYT).

“Arthur O. Sulzberger Jr., director del periódico y presidente del Consejo Directivo de The New York Times Company, dijo a una sorprendida sala de redacción que tomó la decisión por ‘un problema con la administración de la redacción’”, explicaba la nota. 

El hecho tomó por sorpresa al mundo editorial, ya que Abramson llevaba solo 32 meses en el puesto, y la información del prestigiado periódico dejaba claro que se trató de una decisión apresurada y que no hubo intentos de aminorar el golpe a la imagen de la periodista.

La gran interrogante

¿Qué pudo haber hecho Abramson que justificara la naturaleza repentina y sin ceremonia de su partida?

Su llegada a NYT, en el 2011, generó grandes expectativas: se convirtió en la primera mujer al mando del periódico en 160 años, con una destacada carrera tras ella, que incluía años en The Wall Street Journal y la revista Time.

Las mujeres de la redacción no pudieron ocultar su emoción cuando el anuncio fue hecho.

“No puedo creer lo lejos que hemos llegado. Ver a Jill tomar el mando, sentí un cosquilleo. Tenemos que admirar y saborear que una mujer pueda ganar esto con sus méritos”, dijo a The New Yorker Susan Chira, asistente del editor adjunto. “Jill estudió para este trabajo. Se lo ganó”.

Durante su periodo como Editora en Jefe, Abramson hizo honor a las expectativas de esas mujeres. 

En el momento del anuncio de su salida, la mitad de la redacción estaba conformada por mujeres, “y muchas increíbles mujeres tienen puestos importantes”, afirmó en un comunicado.

Sin embargo, la neoyorquina no tuvo oportunidad de despedirse.

Fuentes cercanas al periódico han revelado algunos detalles, que han alimentado varias teorías sobre las causas del despido. 

Pero los involucrados no pueden hablar, pues tanto Abramson como sus superiores firmaron un acuerdo que les impide revelar los detalles de la decisión.

La versión oficial

Le llamaron “un problema con la administración de la redacción”, y según la noticia en la que comunicaron el despido de Abramson, Sulzberger decidió separarla de su puesto estaba preocupado por la relación de la editora con sus empleados, además de que había tensión entre ellos.

De acuerdo al texto, la periodista de 60 años también tenía problemas con su Editor Adjunto y sucesor, Dean Baquet.

La expresión más reciente de este conflicto giró alrededor de la oferta de trabajo que Abramson hizo a Janine Gibson, de The Guardian. 

¿El puesto? Coeditora Adjunta, en igualdad con Baquet y sin haberle consultado.

Finalmente Gibson rechazó la posición, pero el daño estaba hecho.

“La Sra. Abramson había contratado a un consultor para ayudar con su estilo de liderazgo. Pero aún así el Sr. Sulzberger decidió, a principios de este mes, despedirla, e informó al Sr. Baquet de su ascenso este jueves”, explica el artículo.

El periódico, fiel a su reputación, no ocultó la decepción con la que las mujeres de la redacción recibieron la noticia. “Podría percibirse como un paso hacia atrás en la causa del liderazgo femenino en NYT, y en el resto de la industria”, manifestó.

La brecha salarial

Los rumores volaron, y uno de los primeros en tomar fuerza fue confirmado, por lo menos parcialmente, por un artículo de Ken Auletta en The New Yorker. 

Al parecer, Abramson descubrió que su salario era menor que el de su predecesor, Bil Keller, y acudió a Sulzberger –acompañada de un abogado– para exigir un aumento.

En un memorándum enviado a sus empleados, el empresario aseguró que se trataba solo de un rumor y que “simplemente no es cierto que la compensación de Jill fuera significativamente menor que la de sus predecesores”.

Sin embargo, números obtenidos por Auletta sugieren que sí había una diferencia.

De acuerdo al escritor, el salario de Abramson cuando ocupó el puesto en 2011 era de 475 mil dólares por año; el último de Keller era de 559 mil dólares. Tras un aumento, la editora alcanzó los 503 mil dólares, y solo después de sus protestas consiguió que su salario se aumentara a los 525 mil dólares por año.

“Se enteró de que su salario cuando era Editora Adjunta, 398 mil dólares, era menor que el del Editor Adjunto de operaciones noticiosas, John Geddes. También encontró que su salario como jefa del buró de Washington, del 2000 al 2003, era 100 mil dólares menor que el de su sucesor en esa posición”.

Eileen Murphy, vocera de NYT, solamente dijo que su salario, en todos estos casos, era “ampliamente comparable” con los de los colegas mencionados.

¿Quién es Dean Baquet?

El nuevo Editor en Jefe de The New York Times estuvo bajo el mando de Abramson desde 2011, pero tiene muchos méritos bajo la manga.

Baquet, igual que su predecesora, hizo historia, ya que es el primer editor afroamericano de NYT.

Nació en Nueva Orleans y estudio en la Universidad de Columbia, y después trabajo en varios periódicos, incluyendo The Chicago Tribune. Mientras trabajaba ahí, en 1988, ganó un Premio Pulitzer por periodismo investigativo.

 Comenzó su carrera en  NYT en 1990, como reportero, y ascendió rápidamente hasta ser nombrado Editor en Jefe la semana pasada.

“Voy a escucharlos, voy a meter las manos, voy a involucrarme, voy a caminar por la redacción”, prometió cuando se hizo el anuncio. “Solo así sé editar”.

Conflictos editoriales

Mark Thompson, C.E.O de la compañía y encargado de manejar el negocio del NYT, también tenía una relación complicada con Abramson.

El problema más grande, de acuerdo con Auletta, era la relación entre la publicidad y el área editorial, especialmente en lo que se refería a los reportajes publicitarios escondidos dentro de notas legítimas.

Eileen Murphy afirma que este no era el caso, y que “tenían visiones muy similares” en cuanto al tema.

Esta relación es especialmente misteriosa, pues un correo electrónico obtenido por Auletta revela que Thompson pidió a Abramson que permaneciera “muchos años más” como editora.

Por comportarse como jefa

Existen pocas dudas sobre la personalidad de Abramson y el efecto que esto tenía sobre sus colegas. Sulzberger la percibía como “difícil, determinada y sin delicadeza para manejar a los miembros del periódico”.

En un principio, este fue el tema que más llamó la atención, pues se rumoraba que la razón del despido había sido el desempeño como líder de la periodista, y medios internacionales protestaron argumentando que las mismas características que criticaban en Abramson hubieran sido apreciadas en un hombre.

“Ser desagradable nunca ha sido razón para despedir a alguien en el Times”, dice Auletta en su artículo en The New Yorker, en el que menciona a Abe Rosenthal, editor de finales de la década de los 70 y legendario puño de hierro, quien duró varios años en el cargo.

La apreciación de Abramson como dura y poco razonable podría ser solamente eso: percepción. Pero por lo menos hay una persona orgullosa de ella, su hija Cornelia Griggs, que compartió una imagen de su madre con guantes de box y el texto “El nuevo hobby rudo de mamá”, con la etiqueta #dominante.