Actualmente, la pérdida auditiva inducida por el ruido es considerada como un problema de salud pública. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que mil 300 millones de personas se ven afectadas por la pérdida de audición. Además, determinó que la contaminación acústica es el segundo factor más perjudicial para la salud, después de la contaminación del aire.

De acuerdo con Gonzalo Corvera, médico cirujano con especialidad de otorrinolaringología por la UNAM, la gente que vive en las grandes ciudades es la que está más expuesta a los “ruidos ambientales”, es decir, al tráfico, Metro, actividad de fábricas y aeropuertos, construcciones, fiestas, bares y restaurantes.

“La contaminación auditiva incluye el ruido de la ciudad, el cual no nos daña necesariamente la audición, pero sí nos produce daños y problemas de salud como presión alta”, detalla el especialista a Reporte Índigo.

Aunque también la OMS recomienda que una persona no se exponga a más de 60 decibeles, a decir del especialista, en la Ciudad de México, por ejemplo, los niveles de ruido se encuentran por encima de estos valores.

“Lo que tenemos son afectaciones en la salud, en general, se ha visto que la gente no duerme bien. Incluso, en 2011 hicimos un estudio donde vimos que la pérdida auditiva se asocia al Alzheimer. Las personas con pérdida auditiva severa tienen hasta cinco veces más riesgo de padecer Alzheimer.

“Todos vamos perdiendo audición conforme van pasando los años, es un hecho, pero hay muchos factores que pueden hacer que una persona pierda más que otros”, aclara el también director del Instituto Mexicano de Otología y Neurotología S.C. (IMON).

El enfoque legal sobre la contaminación acústica

Hasta la fecha, la contaminación acústica es un fenómeno poco estudiado en la relación ciudad-ambiente. La combinación de ruido constante y permanente, el uso indiscriminado del automóvil y las políticas públicas provocan una gestión ambiental incierta y poco clara frente a esta problemática.

La Ley Ambiental de Protección a la Tierra, en su artículo 9, atribuye a la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) prevenir y controlar la contaminación acústica. Así, en su artículo 151 prohíbe las emisiones de ruido que rebasen las normas ambientales oficiales correspondientes.

“En la CDMX el máximo permisible son 68 decibeles, está regulado legalmente en un ambiente laboral.  Y es un máximo en comparación a otros lados del mundo, por ejemplo, el ruido de fuentes fijas, en zonas residenciales el límite máximo permisible es de 55 decibeles, de 10 de la noche a las seis de la mañana; en zonas industriales y comerciales es de 65.

“El problema es que las personas están viviendo en zonas catalogadas como industriales y comerciales, entonces ellos no tienen una protección real. Y aunque hay leyes, no hay quién responda a nivel Gobierno”, sostiene.

Por ello, el doctor indica que, sobre todo por las noches, a nivel Gobierno se tendría que limitar más el ruido en zonas habitacionales: “quisiéramos que la gente se diera cuenta de lo que está perdiendo y no hagan caso de su salud auditiva. Si empiezan ya con un zumbido constante es el reflejo del daño auditivo, la mejor forma es previniéndolo”, dice.

Otros factores para destacar

El riesgo de daño de la audición por ruido se multiplica con otros factores, la gente que está expuesta al ruido y fuma tiene mucho más pérdida de la audición en comparación a los no fumadores.

Asimismo, personas con diabetes o colesterol alto pueden afectar o acelerar la pérdida auditiva. Y aunque se creía que era un problema de gente mayor, la verdad es que el doctor cada vez recibe a gente más joven con problemas auditivos.

“Hemos visto que el 4 por ciento de personas que vienen por un trauma acústico, que es el daño por ruido, son menores de 20 años. No es una cifra altísima, pero es mucho más alta de lo que debería hacer. Desde los 15 años ya están padeciendo de su audición”, comenta.

Corvera detalla que el daño en la audición por causa del ruido puede resultar en una pérdida grave. Ya sea por algún estallido, disparos o explosiones, estos pueden romper el tímpano.

“Todo depende dónde está el sitio dañado, pero cuando hablamos que es por ruido, el daño se provoca es el oído interno, ahí ya no lo podemos recuperar, lo que se pierde ya se perdió para siempre, podemos limitar la discapacidad utilizando auxiliares auditivos o aparatos o en caso de pérdida total con unos implantes”, informa.

Cuando el daño es en el oído medio, normalmente es causado por enfermedades o infecciones, el doctor aclara que sí pueden devolver la audición, siempre y cuando acudan lo antes posible y el diagnóstico sea el correcto.

“Lo primero que se empieza a notar es un zumbido, también si en ambientes ruidosos nos está costando más trabajo entender lo que nos están diciendo los demás. Se manifiesta por la pérdida de la claridad cuando escuchamos y no necesariamente el volumen de la voz”, añade Corvera.

Incluso, el uso constante de auriculares a niveles muy altos puede ocasionar un daño. Por ello, el doctor precisa que la gente tome conciencia sobre sus hábitos y comportamientos para que no repercutan en su salud auditiva.

“La detección temprana es el primer paso. Si no se atiende a tiempo, la pérdida auditiva puede afectar múltiples aspectos de nuestra vida como la comunicación, la cognición, la educación, la salud mental y las relaciones interpersonales”, concluye Corvera.

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