Poco antes de fallecer, el artista Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998) llegó a un acuerdo con el ayuntamiento de Barcelona, en el que este le pagaría un sueldo vitalicio a cambio de que él cediera a la ciudad todo su fondo de arte.

Cuando muere, un grupo de amigos crea la Fundación Brossa para manejar su legado; sin embargo, dicha entidad no tenía la suficiente envergadura para responder a la necesidad de catalogación y documentación que tenían las piezas, por lo que, finalmente, se llega en 2011 a un acuerdo entre el ayuntamiento, la Fundación y el Museu d’Art Contemporani de Barcelon (MACBA) para que el fondo se quedara resguardado en el museo.

Aspectos como la crítica a la mercancía, el concepto poético del lenguaje, la lectura de Brossa como antipoesía o el transformismo, además de gestos y acciones políticas están presentes en esta exposición

A partir de la llegada al MACBA del Fondo con más de 80 mil ítems procedentes del estudio de Joan Brossa, el personal del recinto cultural pensó que no solamente debían hacer el proceso de catalogación, sino también de investigación que generase una exposición.

Así surgió Poesía Brossa, la primera revisión que se realiza en México de este fundamental artista catalán a través de sus libros y sus investigaciones plásticas que se presenta en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), bajo la curaduría de Teresa Grandas y Pedro G. Romero.

“Para nosotros era importante que esta exposición tuviera presencia en México. Brossa fue un luchador por las libertades en un momento en donde España vivió una larga dictadura, él luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil y reivindicó firmemente el uso del catalán en público, cosa que no estaba permitida y México fue el país que siempre apoyó la República Española, nunca reconoció el régimen franquista y acogió una enorme cantidad de exiliados españoles”, comenta Teresa Grandas.

Además de la enorme cantidad de intelectuales españoles que vivieron y viven en México, también existen muchos artistas mexicanos que conocen el trabajo de Joan Brossa, por ello consideraron que era el lugar idóneo para finalizar la itinerancia de la exposición.

Poesía Brossa se puede visitar en el MUAC de miércoles a domingo, de 11:00 a 18:00 horas. La muestra concluye el 27 de marzo.

Una mirada más completa a Joan Brossa

La muestra monográfica reúne cerca de 500 obras y una amplia selección de documentación, además de películas procedentes del Fondo Joan Brossa.

“Nos parecía que el trabajo de Brossa, sobre todo en los últimos años, se había revisado mucho a partir de los poemas-objetos, pero en cambio su trabajo en general tiene una cualidad intrínseca, que es la oralidad y la performatividad”, explica la curadora.

Brossa entrecruza lenguajes, trastorna constantemente los roles establecidos y eso hace que cuando se habla de su trabajo, de su poesía, no solo se refiera a textos escritos, sino a imágenes para ser habitadas y textos para ser mirados.

“Teníamos que releer el trabajo de Brossa desde esa visión mucho más amplia y compleja de cruces entre lenguajes y, sobre todo, de esa mirada performativa. No es un objeto sólo para ser mirado”, dice Teresa.

Una de las salas de la muestra responde a cómo Brosa hizo su primera gran presentación de objetos en el mundo de las galerías. A través de un display que espera ser transitado, obliga al espectador a tomar parte activa, a convertirse en parte de la instalación.

Así, Poesía Brossa plantea no ver al artista español desde lenguajes o compartimientos estancos, sino desde una mirada mucho más compleja.

“Esta exposición no se ha creado como una revisión histórica, no es un discurso cronológico, sino temático, y si algo nos interesó fue abordar a Brossa desde la perspectiva del mundo actual, es decir, él tiene una vigencia en cuanto a temática, planteamiento discursivo, y en cuanto a influencias en artistas de generaciones muy jóvenes”, considera Grandas.

Un discurso vigente

Joan Brossa desarrolló su práctica a partir de los años 40, en un contexto sociopolítico marcado por la dictadura franquista y en una situación cultural caracterizada por la ausencia de propuestas vanguardistas e innovadoras.

Su obra atraviesa el teatro, el cine y la música, además de haber entablado colaboraciones y relaciones cercanas con muchos artistas y pensadores de su tiempo.

“Brossa trabaja durante muchos años bajo una dictadura que no permite ciertas cosas, pero, desgraciadamente, en España, en muchos países europeos y, me parece, que en algunos americanos, hay un auge muy fuerte de un ultraconservadurismo bastante preocupante que está intentando disminuir muchas de esas libertades. Creo que el discurso de Joan toma una vigencia actual muy fuerte”
Teresa GrandasCuradora

Ante ese panorama que se está viviendo, considera la curadora, es importante que se visite esta muestra que se divide en cuatro núcleos: “Sí, me hizo Joan Brossa”, “Otros itinerarios”, “Juegos de imágenes”, y “Una recapitulación visual”.

El esqueleto político de Brossa es importante en el sentido de que utiliza una referencia clara que es el transformismo. Le interesaba mucho la figura de un transformista italiano del siglo XX quien era capaz en una hora de tomar 100 identidades distintas, pero siempre dejaba ver su cara.

“Ese cuerpo central que se mantiene, pero que se va transformando es algo que Brossa utilizará constantemente, precisamente, en sus obras de teatro en las que en un momento dado el público se vuelve el actor o el músico se convierte en el intérprete, es decir, va cambiando los roles y ese juego lo llevará a la inclusión de lenguajes que no son artísticos o no se habían considerado dentro del mundo del arte, como la magia o el streaptease.

El artista compone muchos streaptease en un momento donde mostrar el cuerpo en público estaba prohibido, así que hacerlos era un acto de libertad, porque la dictadura no lo permitía. Si bien era una respuesta a una situación de sometimiento que ocultaba el cuerpo, también presentaba el “streaptease catalán”, al exhibir esta lengua en público.

A medida de que la stripper se iba despojando de su ropa, mostraba el As de bastos, que representaba el uso de la fuerza para reprimir.

En la poesía, y en general en la literatura, a Joan Brossa se le consideró un intruso, porque no usaba el lenguaje de la alta cultura, sino el de la calle. Si bien sus poesías podían ser sonetos en versos endecasílabos, también podían ser simplemente transcripciones de rótulos, con lo cual incomodaba a los intelectuales de su época.

“También pasó en el mundo del arte, siempre ha tenido esa posición de ser alguien que se está metiendo en un lenguaje que no es el que tocaba, lo cual es muy saludable e interesante, porque pone en tensión los vocabularios artísticos”, opina Teresa.

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