“No tenía una fábrica, pero sí tenía sueños”, dice Jaír Millán, diseñador que arrancó desde cero Casa Verde, una empresa de muebles de alta calidad, hechos a base de madera certificada, con un manejo forestal responsable.

A los 24 años, cuando ya daba empleo a más de 20 personas y salía de trabajar a las 3 de la mañana, tuvo un problema con sus colaboradores que lo frustró y enojó. No pudo dormir y amaneció con medio rostro paralizado por el estrés. Ahí aprendió que tenía que fluir más, disfrutar lo que hacía y dejar ir lo que no funcionaba.

Gracias a la calidad de sus diseños y de sus maderas, un buen día, Ikea, el monstruo suizo de muebles, con presencia en más de 50 países y más de 400 tiendas en todo el mundo, tocó la puerta de Casa Verde. “Queremos que fabriques muebles para nosotros, pero necesitamos que produzcas 5 veces más de lo que hoy haces.”

La disyuntiva era crecer muy rápido, pero a costa de desaparecer la marca Casa Verde, que tanto trabajo le había costado construir y posicionar. Así que decidió rechazar la oferta.

Hoy, a partir de Casa Verde, Jaír Millán creó otras líneas de negocio: una proveedora de ferreterías, así como el diseño de muebles e interiores para departamentos, restaurantes,hoteles y oficinas.

Para Jaír, el miedo a fracaso nunca te debe detener. “Si la voy a regar, no importa, porque voy a aprender. Eso fue lo que me ayudó a crecer.”