Fue Agustín de Iturbide quien consumó la independencia de México después de diez años de duros enfrentamientos y luchas, explica Jaime Olveda Legaspi, doctor en historia por la UNAM y especialista en historia de México del siglo XIX.

En entrevista con Proceso, el investigador señala que durante 200 años se ha ocultado una verdad histórica, ya que es este personaje el verdadero libertador y el padre de la Patria.

Además de que México nació como una monarquía constitucional cuando consiguió declarar su independencia de España, el 27 de septiembre de 1821.

La entrada del Ejército Trigarante a la capital, el 27 de septiembre de 1821, y el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada un día después por la Junta Soberana que encabezaba Agustín de Iturbide, terminaron los casi tres siglos del virreinato de la Nueva España y marcaron el nacimiento de una nación soberana.

También fue Iturbide quien firmó con el virrey Juan O´donojú, el Tratado de Córdova el 24 de agosto de 1821.

Y es que la Independencia de México, que erróneamente la mayoría piensa que se conmemora el 16 de septiembre, no es resultado de la insurgencia, sino de una revolución distinta y pacífica.

¿Qué tuvo que ver Iturbide?

El Plan de Iguala, proclamado el 24 febrero de 1821, fue la antesala para la Independencia de México.

Iturbide convenció a los comandantes realistas del territorio novohispano sobre la necesidad de concluir la guerra, y se convirtieron en miembros del nuevo Ejército Trigarante para ejecutar el Plan de Iguala.

Sin embargo, posteriormente, explica el historiador, liberales del siglo XIX comenzaron a incitar al odio y al repudio contra Iturbide, al acusar, sin fundamento, que el Plan de Iguala era conservador y reaccionario, ya que se defendía a la religión católica.

Los liberales criticaron el nacimiento de un Estado monárquico constitucional y plantearon hacer una república. “Pero Iturbide consideró muy riesgoso someter de sopetón a una sociedad nacida del viejo régimen de la colonia a una estructura moderna, como era la república, y creyó que era necesario un periodo de transición para evitar una nueva revolución”.

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De esta forma se inclinó por una monarquía no absoluta, sino constitucional, “con una división de poderes”, expone el historiador.

Luego se construyó “el mito y la imagen” de que Iturbide era conservador, un traidor, absolutista, enemigo de la independencia y un tirano porque, una vez que se constituyó el imperio, disolvió al Congreso.

El descontento creció cuando en el Plan de Iguala se nombró emperador a Iturbide el 18 de mayo de 1822 y al integrar su gobierno sólo incorporó a las élites, no a todos los grupos sociales.

Cuando creció la inconformidad, Iturbide no se aferró al poder y decidió el autoexilio en Europa.

¿Qué pasó con Iturbide?

Un decreto del Poder Legislativo con fecha del 28 de abril de 1824 declaró traidor y fuera de la ley a Iturbide, por proclamarse emperador de México.

Dicho ordenamiento surtiría efecto si se presentara bajo cualquier título en algún punto del territorio mexicano; también fue declarado enemigo público del Estado.

Cinco días antes de ser fusilado, Iturbide arribó al puerto de Soto la Marina, Tamaulipas, proveniente de Europa, ignorando el decreto que habían promulgado.

El objetivo de Iturbide al regresar al país era ofrecer sus servicios ante el peligro de una invasión de la Santa Alianza, integrada por Austria-Hungría, Rusia, Prusia, Francia e Inglaterra, que pretendía reconquistar México.

Aún hoy, cada 27 de septiembre, decenas de personas se congregan en la capilla de San Felipe de Jesús de la catedral para rendir homenaje a Iturbide, coronel del Ejército Trigarante.