En el 2011, 19 días después de la muerte de Steve Jobs, salió a la venta su biografía, escrita por Walter Isaacson.

Esta contenía revelaciones sobre la vida personal del  que fuera fundador y CEO de Apple, además de una sorprendente mirada a su personalidad: egoísta y en ocasiones cruel, de acuerdo al autor.

Pocos esperaban que el retrato de Jobs lo pintara de esa manera. Después de todo, se trata del hombre que dio un frecuentemente citado discurso a la generación 2005 de la Universidad de Stanford.

Frases como “La única manera de hacer un buen trabajo es amar lo que haces”, o  “A veces la vida te golpea la cabeza con un ladrillo… no pierdas la fe”, no parecían venir de un hombre que “tenía una percepción distorsionada de la realidad” y era incapaz de cambiar de idea.

Algo parecido sucede con Jeff Bezos, CEO de Amazon, empresa que, según se estima, este año ganará 75 mil millones de dólares.

Preside una organización enorme, que hace todo: desde comercializar productos hasta crear los propios, y puede, por lo tanto, competir con instituciones tan variadas como Apple o Walmart. 

Lo que no puede hacer, sin embargo, es mantener contentos a sus empleados. El tiempo promedio que permanecen en la empresa es de un año, y sus sueldos, prestaciones y ambiente de trabajo difícilmente pueden competir con los de otras empresas del rubro, como la siempre amigable Google.

Un artículo publicado recientemente en Bloomberg BusinessWeek, reveló que Bezos tiene una mano de hierro para trabajar y que sus subordinados tienen la obligación de rendirle cuentas sobre cada queja que los clientes envían a su correo personal: [email protected]

Según la revista mencionada, cada e-mail que le llega es reenviado a la persona que debe responder por el error cometido con un solo símbolo –un signo de interrogación– y quien lo reciba debe, inmediatamente, dejar lo que está haciendo y encontrar una manera de explicar y rectificar la situación.

Cuando no está satisfecho con el trabajo de alguien, responde con comentarios como “¿Por qué desperdicias mi vida?”, y sus empleados piensan que tiene tan poca empatía que le resulta sencillo ignorar a los elementos humanos de la empresa.

Pero estos rasgos problemáticos fueron oro cuando se trató de llevar a sus organizaciones al éxito.

Esa falta de empatía de Bezos es calificada por sus subordinados como la característica que hace posible que tome las decisiones más racionales para llevar a Amazon a donde quiere. Y la obstinación de Jobs tuvo como resultado productos que cambiaron al mundo.

En una de sus últimas entrevistas con su biógrafo, este le preguntó sobre su tendencia a ser duro con quienes trabajaban para él. “Mira los resultados”, respondió Steve Jobs, “trabajo con personas inteligentes que podrían tener otros trabajos si quisieran, pero no se van… y hemos hecho cosas increíbles”.