Quizá muy pocas personas lo sepan, pero el origen de los Illuminati se encuentra en la ciudad de Ingolstadt, Alemania.

Fue en 1776 cuando Adam Weishaupt, profesor de derecho en la Universidad de Ingolstadt, fundó esta sociedad secreta con el propósito de crear un espacio para la crítica y la libertad de expresión, a manera de oponerse a la influencia del oscurantismo en la sociedad y el abuso de poder ejercido por el Estado.

Luego de aleccionar a algunos de sus estudiantes más talentosos, el pensamiento de Weishaupt comenzó a propagarse rápidamente, y comenzó a tejerse una red de miembros que fueron esenciales para difundir los principios de la sociedad secreta y las acciones que realizaban funcionarios y religiosos.

La red pronto llegó a contar con 2 mil integrantes de regiones en Baviera, Francia, Hungría, Italia y Polonia, entre otras partes de Europa. Este acelerado crecimiento, se debió en parte a la ayuda del diplomático alemán Baron Adolf Franz Friedrich, quien ayudó a reclutar algunas logias francmasones, con el fin de introducir la causa illuminati.

La influencia de esta sociedad secreta ha sido relacionada por autores como el francés Agustín Barruel (1741-1820), el canadiense William Guy Carr (1895-1959) y la británica Nesta Helen (1876-1960), con eventos tan importantes como la Revolución Francesa que inció en 1789, o la Revolución Bolchevique en Rusia en 1917 y la Primera Guerra Mundial.

Las creencias en torno a los Illuminati han llevado a que se construyan teorías de conspiración que han ganado popularidad en décadas recientes, que los relacionan con otros hechos históricos como el asesinato del presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, incluso con el atentado del 11 de septiembre en Nueva York. Sin embargo, muchos historiadores consideran que su influencia ha desaparecido.

La sociedad iniciada por Weishaupt fue disuelta en 1785 y provocó que el jurista fuese desterrado de Ingolstadt a una la ciudad de Gotha -unos 300 jilómetros al norte-, con la llegada al poder del príncipe Karl Theodor, quien prohibió la fundación de grupos secretos. No obstante, se tenía la sospecha de que la organización continuó su operación mediante reuniones clandestinas.

Desterrado, Weishaupt defendió la creación de esta agrupación mediante una obra llamada Apologie der Illiminaten (Apología de los Illuminati), escrita en 1786, de la cual, el Museo de la Ciudadde Ingolstadt cuenta con ejemplares.

Aunque muchas personas en la ciudad Bávara desconocen que dicha ciudad fue la cuna de los Illuminati, algunos de sus habitantes piensan que rondan por sus calles algunos peregrinos de esta sociedad, y que acuden por curiosidad a reconocer el lugar donde se gestó uno de los movimientos con más misterios en la historia o, que incluso, todavía se reúnen en algún recinto.

La ciudad de Ingolstadt, además de ser el lugar de los Illuminati, también es famosa porque en ella se desarrolla la historia de Frankenstein, escrita por Mary Shelley, publicada en 1818.

“Para la Revolución Francesa, ya había teorías de que había comenzado en Ingolstadt y que los Illuminati eran los padres intelectuales de la revolución. Esta es la razón por la cual muchos teóricos de la literatura creen que Mary Shelley sabía sobre Ingolstadt, y por qué estableció aquí a Frankenstein”, dijo Michael Klarner, periodista local a la BBC.

Con información de BBC