La vida de Ian Dury no es la clásica historia de una estrella de rock; no era perseguido por mujeres hermosas, el dinero no le llegaba a carretadas ni estaba rodeado por los personajes más glamurosos del momento, sin embargo, es una de las figuras más originales y honestas en la historia del género.

El británico se hizo de un nombre a finales de los 70 con un sentido del humor inteligente y letras ingeniosas. Más que ser un buen cantante, Ian era un excelente narrador; su voz podía desatar carcajadas desenfrenadas o hacer que los ojos del público se llenaran de lágrimas.

Dury, nacido durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo una vida bastante promedio hasta los siete años, sin embargo, la vida de Ian cambió radicalmente una tarde calurosa de 1949 cuando fue atacado por un monstruo invisible que habitaba en las profundidades en una piscina local.

El pequeño Dury, el mejor clavadista entre los niños del pueblo, se sumergió en aquellas aguas sin saber que el virus de la poliomelitis -el cual destruye las neuronas motoras, debilita los músculos, provoca parálisis y limita el crecimiento- estaba en busca de una víctima.


La vacuna para esta enfermedad no fue inventada hasta 1952, por lo que Ian fue encerrado durante semanas en un molde completo de yeso para evitar que su cuerpo se deformara, sin embargo, su pierna y brazo izquierdo quedaron, prácticamente, marchitos.

Tiempo después, Dury fue enviado a la escuela-hospital Chailey Heritage Craft, donde fue víctima de abusos físicos, psicológicos y sexuales, según narró el propio músico; la filosofía de la institución era “levántate y hazlo tú mismo… porque a nadie le importas y nadie más lo hará por ti”.

Aunque Ian odió aquella experiencia, aprendió muy bien el mensaje del internado, por lo que se alejó por completo de la autocomplacencia y la lástima; fue así que el artista creó una personalidad dura, sarcástica, peleonera, pero sobre todo, cómica e inteligente.

Ian lo intentó primero en el mundo de la pintura, formó parte de algunas de las escuelas más destacas de arte e incluso llegó a dar clases, sin embargo, a inicios de los 70, casado y con una niña recién nacida, decidió probar suerte en la música.

La piel de Dury se curtió en los famosos pubs británicos, donde creció su adicción por el alcohol y las drogas, así como por las peleas ocasionales con aquellos que lo discriminaran por su condición; su banda era un grupo de desalineado llamado Kilburn and the High Roads.

Ian era un músico comprometido y un padre bastante inconsciente, pues mientras su esposa daba a luz, en la planta alta de la casa, a su segundo hijo, Dury y su show de fenómenos ensayaba sin parar en la parte baja; lo primero que escuchó el pequeño Baxter fue la irreverente voz de su padre.


“Aparentemente estaban tocando Johnny Be Good cuando yo nací. Y entonces, la primera vez que me abrazó me dejó caer”, declaró para el diario The Indepent Baxter Dury, quien ahora también se dedica a la música como su amoroso pero descuidado padre.

La carrera de Ian cambió tras conocer al guitarrista Chaz Jankel, quien lo visitó sonriente en el sótano de un bar, después de una desastrosa presentación. Dury lo miro y le preguntó “¿te conozco?”, el joven músico no supo que responder e Ian le dijo “entonces vete a la mierda”.

Tras aquel hostil primer encuentro, Dury y Jankel formaron una gran mancuerna, cuyo primer gran éxito fue el tema Sex & Drugs & Rock & Roll, el cual ha sido, históricamente, malinterpretado como una apología al exceso e incluso fue adoptado por la escena punk.

Dury y su nueva banda, The Blockheads, lanzaron en septiembre de 1977 el álbum New Boots and Panties, el cual fue bien recibido por la crítica y el público, sin embargo, lo que provocó un culto hacia el grupo fueron sus actuaciones en vivo, donde Dury se robaba el show.

Canciones como Hit Me With Your Rhythm Stick, Wake Up & Make Love With Me, Clevor Trever, Sweet Gene Vincent, Plaistow Patricia, Reasons To Be Cheerful y Billericay lograron que la banda se hiciera popular; incluso músicos como Paul McCartney y Rolger Daltrey declararon su admiración.

La música de Dury difícilmente puede ser catalogada, pues mezclaba elementos de rock and roll clásico, punk, jazz, reggae, funk y esa forma de espectáculo teatral llamada Music Hall, el cual combina canciones populares, comedia y un presentador carismático que guía el show.

Para 1981, Año Internacional de las Personas con Discapacidad, Ian compuso el tema Spasticus Autisticus, el cual se mofa de del condescendía que la sociedad siente hacia las personas con algún trastorno psicológico o motriz; por obvias razones la canción fue vetada por la BBC.

El tema es un homenaje a la cinta Espartaco, específicamente a la escena donde los soldados piden a los esclavos que identifiquen el líder de la rebelión, todos al unísono se levantan y dicen “yo soy Espartaco”, lo mismo ocurre en la canción, varias voces gritan “yo soy espástico”.


“Popular, popular, todo el mundo es popular, pero no significa que sean buenos. Para ser bueno necesitas ser semi-popular, como yo”, dijo alguna vez Dury, quien aunque rara vez pasó la media en las listas de popularidad, obtuvo un público fiel y una crítica favorable por mantenerse original.

Ian llenó su vida de excesos, especialmente alcohol, por lo que en 1996 fue diagnosticado con cáncer colorrectal y tumores secundarios en el hígado; el 27 de marzo del año 2000, la muerte de Dury fue anunciada en la radio de Reino Unido.

Hasta los últimos días de su vida, Ian mantuvo ese negro sentido del humor que lo caracterizó, incluso llegó a decir que ahora tenía mejor “sentido del tumor”. El artista dio su último concierto, visiblemente enfermo, sin embargo, se entregó como siempre lo había hecho.


Dury dijo alguna vez que “sólo hay un par de maneras de evitar la muerte y una de ellas es convirtiéndose en alguien magnífico”.

La vida del músico fue llevada a la pantalla grande en 2010 en la cinta Sex & Drugs & Rock & Rock & Roll; el actor Andy Serkis fue el encargado de interpretar a Dury: