En 1998, el artista Rafael Cauduro indicó en una entrevista que el deterioro no lo veía como algo negativo, sino como una continuación, un símbolo de vida y como evidencia de que las cosas están ocurriendo. Precisamente, esta oración volvió a tener un eco la tarde del lunes, cuando su esposa Liliana Pérez Cano lo recordó durante su homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes.

El muralista mexicano falleció el sábado a los 72 años. El artista plástico estaba enfermo y permanecía alejado de la escena pública

Familiares y amigos destacaron el amor tan incondicional que sentía el artista tanto por su familia como por su obra, la cual, de inicio a fin, se caracterizó por la definición de sus trazos, su alto contenido de justicia y denuncia social; además de una lucha constante por la igualdad y los derechos humanos, levantado la voz por aquellos que no la tienen.

“En una entrevista le preguntaron cómo le gustaría ser recordado, él contestó: ‘he pensado muy poco en hacer un legado, pero lo que he pensado son en mis hijas, que son mi futuro, lo que me importa es dejarles un nombre honesto, que si bien he tenido momentos valerosos y difíciles, siempre he buscado que ellas tengan un buen ejemplo de lo que fui'”, recordó Liliana.

Sus seres queridos también lo describieron como un artista que siempre cuestionó y profundizó sobre el paso del tiempo, congruente con su filosofía de vida y pasión por la existencia; aun sabiendo que el instante final se acercaba, dicen que siempre tuvo una sonrisa y buen humor, disfrutando la última etapa de su vida con gratitud y dignidad.

Lucina Jiménez, directora general del INBAL, destacó la preocupación del también muralista por los senderos hacia una sociedad más justa.

'Vivió hasta el final con una humildad intacta'
Laura Appendini CauduroSobrina del artista

“Deja para la Historia del Arte un aporte fundamental y una postura crítica. Su trazo, comprometido, sin caer en tendencias, modas y escuelas, desbordó belleza y terror al mismo tiempo, sin mediaciones piadosas, ni dogmas, pero comprometido con la práctica y el trabajo de experimentación. De quienes viven la orfandad, deambulan por el mundo como extraños en su propia tierra; escudriña la piel desnuda de la muerte y de los rencores más oscuros de nuestra propia humanidad para conmovernos e incomodarnos y así quedó testimonio de la obra”, recordó Lucina.

Al homenaje a Rafael Cauduro también asistieron su sobrina Laura y Walther Boelsterly, director del Museo de Arte Popular, quienes también dedicaron unas palabras, las cuales pronunciaron entre largas pausas y tomas de aliento.

“Una persona distraída, pero siempre atento a la familia. Temeroso, pero respetuoso de su padre, de quien aprendió la rectitud. Admirador de su madre por su alegría y disfrute de la vida, presumiéndola del brazo como la mujer más bella. Observante de los detalles aparentemente insignificantes, ávido por compartir, fuerte de sus convicciones, terco.

“Recordaré sus hermosas y varoniles manos, manos mágicas, no solo capaces de plasmar genialidades en un lienzo o cualquier material, sino que a muchos nos sostuvieron con alegría… Era nuestro puerto seguro. Ha terminado un ciclo, fuiste un hombre pleno y feliz, descansa en paz, querido tío”, relató Laura.

Rafael Cauduro fue autor de obras maestras como Un clamor por la justicia o Siete crímenes mayores, un mural que ocupa tres pisos del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

Ahora, esa imagen, desplegada en el vestíbulo de Bellas Artes, quedará como un recordatorio para todas y todos los que lo acompañaron en su homenaje en el recinto de mármol, aquel que también lo recibió 1984 cuando presentó su primera exposición retrospectiva.

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