Los aviones sobrevolaban Ucrania, el estruendo era fuerte. Minutos antes el presidente ruso, Vladimir Putin, había ordenado atacar el país. Rosalía Tovar, una maestra mexicana de español de 34 años, escuchaba todo desde un hotel de la ciudad de Ivano-Frankivsk, donde ella y otros compatriotas fueron trasladados por la Embajada de México una semana antes.

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Rosalía no podía dormir, hablaba con una amiga mientras los aviones seguían pasando. Uno tras otro, sin descanso.

— Algo está pasando, están sobrevolando muchos aviones— preocupada, le comentó a su amiga. El ruido era muy fuerte, sabía que la guerra había comenzado y no podía creer lo que estaba ocurriendo.

Decidió alertar a sus amigos en Kiev, llamarlos y contarles lo que estaba sucediendo. Los aviones se dirigían a la capital e incluso grabó un video, en donde asustada, les dice que escuchen, que nada de lo que les relata es mentira.

—¡Despierten, despierten! ¡Es la guerra, van para allá, nos están atacando! —, les dice a sus amigos en el video. 40 minutos después, ya estaban atacando la ciudad, “fue un momento terrible”, recuerda Rosalía.

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Rosalía Tovar, originaria de Guanajuato, llegó a Ucrania hace 10 años por motivos profesionales y comenzó a hacer una vida en este país que describe como “extraordinaria”. Amaba su trabajo: profesora de español en una de las mejores escuelas del país. “Tenía una vida muy bonita”, recordó en una entrevista para Joaquín López-Dóriga en su programa radiofónico.

Aunque había conflictos entre Ucrania y Rusia, nunca se sintió en peligro, amenazada, preocupada o inquietada, ya que éstos estaban localizados en ciertas zonas y a pesar de conocer la existencia de estos problemas, vivía tranquila, hasta este momento.

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Los fuertes estruendos de los bombardeos no cesaron, incluso se llegaron a escuchar en algunas zonas cercanas al hotel en donde se estaban hospedando, a pesar de que era un lugar supuestamente seguro.

“Se están escuchando unas explosiones a lo lejos, no entiendo por qué, se supone que estamos en un lugar sin peligro, ¿por qué aquí se están escuchando?”, relató también la guanajuatense en un video.

A pesar de ello, todo resultó bien para Rosalía y un grupo de connacionales, quienes más tardes pudieron ser evacuados del lugar en un autobús que se dirigió a la frontera de Rumania antes de que las sirenas de alerta sonaran en la ciudad.

Y a pesar de que habían logrado salir, Rosalía veía con tristeza, a través de la ventana del autobús, cómo se derrumbaba una vida que había construido a lo largo de una década mientras dejaba atrás amigos, conocidos y un país que también consideraba su nación.

“Puse mi vida en una maleta, he dejado mi departamento, todo lo que podido hacer con mi trabajo; todas mis cuentas, ahorros, no funciona nuestra tarjeta, no podemos sacar dinero de los bancos. Es una situación lamentable, pero yo les digo a mis papás que estoy bien y estoy viva”, dijo en una entrevista con Joaquín López-Dóriga.

‘Llegué al país con una maleta, hice muchas cosas y aparentemente ahora me voy con una maleta”, comentó Rosalía, quien después de días de tensión sin descansar, por fin podrá dormir tranquila sin miedo a que las alarmas suenen, a los bombardeos y a tener que refugiarse en un sótano.