El pasado 3 de mayo el nivel de ozono rebasó las 154 ppb en la zona de Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México, lo que llevó a las autoridades, con el fin de evitar complicaciones en la salud de sus habitantes, a declarar Contingencia Ambiental con medidas restrictivas para los vehículos automotores de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).

Y aunque el pasado 6 de mayo la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) suspendió la contingencia por ozono, prevé que se registren entre tres y cinco contingencias más entre mayo y junio.

Cada año, principalmente a partir de marzo y hasta junio, la CAME declara contingencias ambientales, pues en este periodo la concentración de ozono alcanza niveles altos y supera con mayor frecuencia los valores límites de la Norma (NOM-020-SSA1-2021).

De acuerdo con especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, durante estos meses las condiciones meteorológicas de la ZMVM favorecen la formación de ozono y su acumulación, además se presentan temperaturas y radiación solar altas, vientos débiles y poca nubosidad.

La primera contingencia de este año se debió, principalmente, a las condiciones meteorológicas que se presentaron de la semana del 28 de marzo al 1 de abril, la presencia de un sistema de alta presión en gran parte del país, y estuvo asociada con vientos débiles, aunado a los cielos despejados, la alta radiación y temperaturas relativamente altas para el Valle de México, indicó en un comunicado la UNAM.

Días previos a la contingencia, a nivel de superficie, se desarrolló un sistema de baja presión muy profundo, lo cual generó vientos que ayudaron a mitigar la contaminación de la metrópoli.

Aunado a esto, Telma Castro, investigadora del grupo Aerosoles Atmosféricos, detalló que la activación del “semáforo verde” llevó a un aumento en la movilidad vehicular y, por tanto, en las emisiones de contaminantes a la atmósfera, en especial los precursores de ozono, sustancias que en los últimos años se han detectado afecta la salud de las personas.

“El ozono provoca irritación del aparato respiratorio, lo que produce una disminución de la capacidad respiratoria y predispone a las infecciones en este sistema. Estudios han mostrado que la incidencia y gravedad de la enfermedad por COVID está asociada al incremento de concentraciones de partículas respirables y dióxido de nitrógeno, además de su relación con las concentraciones de ozono”, puntualizó Óscar Peralta, investigador del ICAyCC.

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