La corte de San Francisco es el escenario de una de las batallas legales más importantes entre dos grandes de la tecnología. Las denuncias por robo de datos, espionaje y engaño entre Uber y Waymo no se hacen esperar; esta última es una empresa de vehículos autónomos que pertenece a Alphabet, una filial de Google.

La demanda de Waymo a la app de transporte se suma a otras denuncias sobre espionaje a su competencias, malas prácticas laborales así como por engaño a las autoridades de todo el mundo. La filial de Google le exige a a Uber una compensación de 2 mil millones de dólares, además de una prohibición expresa para que no pueda usar su teología en proyectos futuros.

El equipo legal de Waymo acuso al ex jefe de Uber, Travis Kalanick, de haber elegido “hacer trampa” al  “decidir que ganar era más importante que la ley”. La apertura del alegato legal estuvo acompañado de extractos de correos electrónicos y mensajes de texto como apoyo.

La historia se remonta al momento en el que la aplicación de transportes contrató los servicios de Anthony Levandowski, ex ingeniero del proyecto de vehículos autónomos de Google, quien más tarde se transformaría en Waymo.

Levandowski es un premiado ingeniero que empezó su carrera dirigiendo un equipo en el Darpa Grand Challenge 2004, un reto tecnológico financiado el gobierno de Estados Unidos y, que posteriormente, laboró para Google hasta su renuncia en 2016, año en el que inicio su propia compañía.

Fue acusado de robar 14 mil documentos confidenciales que contenían secretos relacionados con la conducción autónoma, mismo que utilizó en Otto, una empresa que fundó sobre la misma área de oportunidad y que tiempo después compró Uber. 

Levandowski fue despedido de Uber por su insistencia en acogerse a la Quinta Enmienda.  Eso no quiere decir que se encuentre inactivo, el ingeniero creo en 2015 una asociación religiosa llama “Camino al futuro” que se centra en desarrollar y promover la divinidad basada en la inteligencia artificial.

En contraste legal, el abogado de Uber, Bill Carmody, afirmó “no hay complot aquí”, argumentando que la demanda es una acción de Google por el avance de Uber, incluso señala que el conglomerado “pensó en evitar la compra de Otto”.

La conducción autónoma es una apuesta para varios gigantes de la tecnología. Por ahora, esta carrera se dirime en el tribunal.

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