El documental siembra la duda de si es posible la libertad en los medios periodísticos actualmente, en la era de Donald Trump

¿Hasta dónde se permite ventilar información delicada de una celebridad? ¿Se debe aplicar la autocensura en la era moderna? ¿Qué intereses hay detrás de demandar a un medio periodístico que solo hace su trabajo?

Son preguntas que se generan cuando se cuestiona si el oficio reporteril es ético o responde a las reglas sociales de lo moral. Y se quedan sin resolver entre dudas de cómo la ley protege los informadores y cómo los perjudica.

En el documental “Nobody Speak: Trials of the Free Press” se plantea un escenario de terror de qué debe y qué puede ser prohibido por el propio bien del periodismo, que divulga en una era de libertad aparentemente inexistente.

El mencionado documental muestra el caso de Hulk Hogan, quien demandó al sitio Gawker por haber publicado un video pornográfico del luchador y cuestiona hasta dónde puede –o debe– llegar el periodismo.

La cinta que tuvo su estreno en Cannes del año pasado se encuentra disponible en Netflix y expone el trasfondo real del litigio entre Hogan y Gawker, que era destrozar al sitio a como diera lugar.

Sin embargo, el luchador de la WWE no tenía la fluidez económica necesaria para entablar una demanda de tal magnitud entonces, ¿quién lo auspició?

El gay detrás de Hogan

Su nombre real es Terry Gene Bollea, pero al subirse al cuadrilátero su alter ego sale a relucir como Hulk Hogan, quien protagoniza las peleas en el ring a su antojo.

Tras una vida de excesos, decadencia y una familia disfuncional, Bollea tuvo una época en la que ya estaba cansado de ser Hogan, cuando encima le llovió sobre mojado con el escándalo del video que filtró Gawker.

En 2012, Bollea estaba prácticamente en la quiebra y para poder pagar la demanda contra el sitio de chismes, un brazo generoso llegó para ayudarlo.

El emprendedor Peter Thiel, fundador de PayPal, decidió cobrar venganza contra el portal quien lo reveló como homosexual años antes y tiempo después el multimillonario confirmó que pagó los honorarios de Bollea para el litigio del que salió victorioso el luchador, con el veredicto de otorgarle 115 millones de dólares (mdd).

Thiel apoyó a Bollea a pesar de que éste se expresó de manera despectiva contra los homosexuales.

Recompensa al maleducado

Además de los comentarios homofóbicos que Bollea lanza en la grabación, también habla de manera despectiva contra la raza negra, utilizando la palabra nigger, término despectivo contra las personas afroamericanas.

Hogan alegó que la exhibición de este video ante la opinión pública le había causado estrés emocional, por lo que salió rampante del juicio y llevando a la ruina a Gawker.

De los 115 mdd, el luchador se conformó con 31 mdd.

Hubo disculpas a la comunidad negra e inclusive Hogan reconoció haber proferido de manera homofóbica, pero no hubo más castigo al hombre de 63 años que alguna vez fue ídolo de los niños estadounidenses.

La celebridad quedó impune por sus palabras y hasta le premiaron por sus verdades, mientras que Gawker ahora está inhabilitado y sus contenidos fueron absorbidos por Univisión, todo a costa del dinero ajeno proporcionado por Thiel.

¿Hay libertad de prensa en EU?

La gran duda que siembra el documental es si actualmente es posible la libertad en los medios periodísticos, en la era de Donald Trump.

“No soy político pero tampoco lo es Donald Trump, él es un constructor y es hora de reconstruir al país”, dijo Peter Thiel, quien abiertamente apoyó la campaña del republicano que ahora es presidente.

El gobierno de Trump, que se rige bajo el lema de las Fake News (noticias falsas, en inglés), critica a medios como CNN, The Washington Post, The New York Times, NBC, CBS y ABC y prefiere esconder la verdad o manipularla a su favor, para no salir perjudicado.

Irónicamente, la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos pugna por la libertad de expresión, de prensa y pensamiento en lo largo y ancho del territorio ahora comandado por el empresario neoyorquino.

Comprando la verdad

No siendo suficiente lo que expone el documental realizado por Brian Knappenberger, también está el caso del magnate de Las Vegas –Sheldon Adelson– quien compró el diario Las Vegas Review Journal, aunque lo negó rotundamente.

Pero los periodistas de la publicación hicieron su trabajo e investigaron a fondo cuando supieron del cambio de propietarios del impreso, revelando que el nexo de la adquisición era el yerno de Alderson.

A la familia casinera no le quedó más que aceptar públicamente que eran los nuevos dueños del periódico.

Uno de los trasfondos de este caso era callar a la pluma crítica de John L. Smith, que en 2005 publicó “Tiburones en el desierto: Los padres fundadores y los reyes actuales de Las Vegas”, en donde mencionó a Alderson, hecho que molestó al empresario.

Smith fue demandado por 15 mdd en ese año, pero después de demostrar la verdad ante los tribunales se desestimó la demanda.

El año pasado cuando se destapó que Alderson era dueño del diario, Smith prefirió renunciar a quedarse callado de nuevo.