Han pasado 55 años de la muerte de Remedios Varo y su esencia no se olvida. La originaria de España puso en evidencia que, en definitiva, el arte es el retrato de su autor; a pesar de no haber nacido en México, es aquí donde sus obras reposan para ser vistas por miles de almas nuevas que buscan empaparse de su surrealismo.


“Cada cuadro suyo nos inicia en un estruendo tranquilo, con un rayo que no quema, a los mundos posibles que nos rodean y nos habitan”

Alberto Ruy Sánchez

Escritor mexicano

En 1964, las paredes del Museo de Arte Moderno (MAM) se crearon para resguardar las piezas y presentar exposiciones de múltiples artistas. A partir de hoy, y 54 años después de su creación, comenzará a cuidar la donación del archivo personal de María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga, mejor conocida simplemente como Remedios Varo.

Bajo el nombre de Adictos a Remedios Varo. Nuevo Legado 2018, por primera vez el MAM presentará algunos orígenes de la artista que ayudarán a entender el por qué Varo pintaba como lo hacía, y descubrirán sus más detalladas manías.

Isabel Navarro, quien dedicó un libro a la vida de la artista, cuenta que Remedios Varo, como cualquier otra persona, tenía actividades poco comunes o que sólo ella apreciaba de manera secreta.

La escritora cuenta que a Varo le encantaba unirse a los bohemios surrealistas para fotografiarse vestida de torero, le gustaba vender pasteles en la calle, e incluso llegaba a mandar cartas a desconocidos cuyos nombres elegía al azar en los directorios telefónicos.

Para Varo, el hacer arte surgía sin autoexigírselo. La española estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) cuando apenas tenía 15 años. Desde que era menor de edad, Remedios ya daba de qué hablar, pues era de las pocas mujeres que asistía a ese colegio a estudiar arte, un acto que nunca le fue reprochado en casa, sino que la alentaban a seguir su propio camino.

El padre de Remedios era librepesandor, fue ingeniero hidráulico e hizo viajar a su familia a través de toda España, un acto que provocó que la pintora se diera cuenta de los paisajes que ofrecía la naturaleza catalana. Tiempo después los representaría en sus cuadros.

El amor surreal

La vida de Remedios Varo fue un ir y venir de un país a otro, España, Francia y México fue- ron los tres lugares en donde sufrió giros repentinos que le permitieron verse como la artista que siempre fue.

Varo tuvo muchos amores en la vida, y con cada uno encontró aspectos que la hicieron crecer como profesionista. Pero hubo alguien, el poeta francés Benjamin Péret, quien la encaminó a conocer la idea central de sus pinturas: el surrealismo.


En compañía de Péret, al que señaló tiempo después como su gran amor, se retroalimentó de este tipo de arte junto con otros personajes que conformaron el surrealismo parisino, y que además, siguen presentes como figuras representativas: Leonora Carrigton, quien era nueve años menor que Varo, Marx Ernst, Víctor Brauner y Joan Miró

Este grupo de artistas surrealistas coincidieron con Varo después de que ella y Péret abandonara Francia en 1941 y decidieran llegar a México, donde gracias a la política de Lázaro Cárdenas, fueron acogidos en el país, lo que les permitió desarrollar sus actividades artísticas durante la mayor parte de sus vidas.

Debido a que la pintura no podía sostenerla económicamente, Varo tuvo que trabajar haciendo arte publicitario, un acto que nunca la detuvo a seguir con sus obras propias.

La catalana disfrutaba tanto pintar que había ocasiones en las que le daba sus obras terminadas a cualquier persona, pues admitía que la adrenalina ocupaba su cuerpo sólo cuando sus manos creaban en papel o tela mundos paralelos, y no cuando ya estaban terminados.

Las piezas de Varo representan claramente la definición del surrealismo. La creación de las aves o Papilla estelar son sólo dos de los cientos de trabajos creados por ella, una persona que huyó de París después de que los nazis se hicieran presentes y que tal vez la ayudaron a recrear un poco ese mundo, el de sus tierras.

Después de la muerte de Péret, a finales de los años 50, Remedios conoció a su último amor, Walter Gruen, que estuvo con ella hasta que la vida dejó ir a la artista europea, en 1963.

En 2002, la historia de Remedios Varo quedó ligada al MAM gracias a la donación que Grue y su esposa Anna Alexander Varsoviano hicieron, al brindarle al recinto 250 dibujos preparatorios, óleos, 506 objetos personales y 500 libros de la biblioteca de la pintora.

Adictos a Remedios Varo. Nuevo Legado 2018 busca mantener con vida la esencia y el talento de una mujer que no sólo fue una de las primeras artistas en acudir a una universidad, sino en descubrir mundos diferentes a los nuestros.

Adictos a Remedios Varo. Nuevo Legado 2018

Museo de Arte Moderno

Paseo de la Reforma y Gandhi s/n, Bosque de Chapultepec, I Secc, 11100, CDMX.

Del 20 de octubre de 2018 al 1 de enero 2019 martes a domingo

10:15 a 17:30

$65 entrada general.