La estimulación temprana es el conjunto de técnicas aplicadas a bebés recién nacidos y niños de hasta 10 años enfocadas a favorecer su desarrollo.

Aunque los centros que imparten este tipo de educación precoz en los menores aceptan a cualquier niño, la practica de estas no favorece a todos los infantes.

Estas técnicas están enfocadas en corregir trastornos reales o potenciales en los niños de 0 a 10 años, o para estimular “capacidades compensadoras” que ayuden al pequeño a suplir de manera eficiente las habilidades que le cuesta más trabajo conseguir.

Los niños nacidos a término, es decir a las 40 semanas de nacidos, así como aquellos cuyos hitos de crecimiento; como el gateo, aprender a hablar o caminar, suceden en los periodos previstos no son objeto de este tipo de intervención.

Para que sea efectiva, la estimulación deberá tomar en cuenta al individuo, su familia y el entorno en el que se desarrolla y atender al niño de manera multidisciplinaria.

¿Cómo funciona la estimulación temprana?

Este recurso sólo deberá ser usado en aquellos niños que presenten retraso en el desarrollo, pues en caso de aplicarse a bebés que no los requieren, pueden ser enormemente perjudiciales para ya que fuerzan posturas para las cuales no está listo.

Los hitos del desarrollo son comportamientos o destrezas físicas observadas en lactantes y niños a medida que crecen y se desarrollan, los cuales son diferentes para cada rango de edades.

Hay un rango normal dentro del cual un niño puede alcanzar un hito, mientras algunos niños pueden comenzar a caminar a los 8 meses, otros pudieran hacerlo hasta los 18 meses y esto aún se considera normal.

Una lista general acerca de los logros que aproximadamente debe tener un bebé al año de edad incluye: que pueda sentarse solo sin ayuda, balbucear, exhibir una sonrisa social, consigue ponerse de pie por sí mismo, entiende la palabra no y actúa en consecuencia y camina apoyado por muebles.

Entre los 1 y 3 años: puede comer por sí mismo en forma pulcra derramando muy poco, corre, da vueltas sobre sí mismo y camina hacia atrás, es capaz de subir y bajar escaleras, pedalea un triciclo, puede mencionar figuras de objetos comunes y señalar las partes del cuerpo, entre otros procesos propios de la edad.

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El desarrollo psicomotriz del neonato es una cuestión de maduración neurológica en donde influyen factores ambientales. No se debe interferir, sólo propiciar un entorno adecuado para la exploración autónoma, como permitir el libre movimiento, evitar el uso de carriolas y andaderas.

Para considerar que un bebés es candidato a recibir esta terapia debe ser evaluado previamente por un pediatra, neurólogo, rehabilitador, entre otros especialistas que el médico del niño considere pertinentes para realizar un diagnóstico acertado.

La aplicación de estas técnicas esta enfocada a niños que hayan tenido alguna dificultad al momento de nacer, o que tengan alguna patología asociada y no puedan desarrollarse por sí solos en áreas como psicomotoras como lenguaje.

Según Mayra Arias, especialista en educación perinatal y temprana, es un método que busca el desarrollo de las capacidades y habilidades por medio de un conjunto organizado de actividades lúdicas y estímulos para despertar, mantener y mejorar el sistema sensorio-basal impactando en el área motriz, psicosocial, cognitiva y del lenguaje, con el objetivo de alcanzar el máximo potencial e independencia en sus actos básicos, instrumentales y avanzados de la vida diaria.

El momento en el que se considera más efectiva esta práctica es entre los 0 y 7 años de edad, cuando los niños cuentan con una mayor asimilación, conocida como “plasticidad cerebral”, que es la que permite la adquisición de funciones básicas como el control postural, la marcha o el lenguaje.