En los 80, ir a una tocada en un “hoyo funky” en México era una experiencia de nicho, underground, que no era del interés de todo el público, lo mismo acudir a una instalación o performance punk que fuera antisistema o que estuviera lejos de la moda Timbiriche o el pop que inundaba la radio proveniente de Estados Unidos.

Pero quienes portaban una cámara fotográfica o de 8mm eran todavía un público más selecto, aquellas memorias que quedaron capturadas de esa penúltima década del siglo XX ahora son un borrón a más de 30 años de distancia.

Los materiales audiovisuales que capturó Rubén Ortiz Torres en su juventud son un acervo de ese momento cultural subversivo en México, y para celebrar la reapertura de los museos de la UNAM, El Museo Universitario de El Chopo presenta la exposición El eterno retorno de Jesús y los mutantes, misma que ya está disponible en el recinto de Santa María la Rivera.

En total, 47 piezas forman parte de esta instalación que previamente ya había recorrido Oaxaca y Guadalajara. Su curadora, Laureana Toledo, platica sobre cómo hizo la selección de Ortiz Torres para las primeras exhibiciones.

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“Esta es una parte del trabajo de Rubén que es menos conocido, es un trabajo que coincide con cosas que yo estuve investigando. La curé sin ninguna agenda de rescatar el underground, pero sí se rescatan algunos personajes medio oscuros, además de dar a conocer una faceta desconocida del artista”
Laureana ToledoCuradora

Actualmente, Ortiz Torres es profesor de Artes Visuales en la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, y su obra ha tenido presencia en el Museo Metropolitano de Arte y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, el Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid, entre otros.

La incursión en el campo de la fotografía por parte de Ortiz Torres en una fase temprana puede observarse en la muestra que está actualmente en El Chopo, porque él buscaba generar retratos de los personajes que formaban parte de estos espacios desconocidos para el público común.

“Hay también ejercicios que hizo Rubén en Súper8 que están digitalizados, hay fotografías en las que él intentaba situaciones con la gente que estaba más a la mano y luego hay algunos dibujos que se expusieron hace más de 10 años y muchos son retratos de esos personajes que salen en las fotos”, insiste Toledo.

El eterno retorno de Jesús y los mutantes, del artista Rubén Ortiz Torres, hace visibles testimonios e historias que conforman escenas contraculturales de la Ciudad de México

La moda retro y underground es una constante

Actualmente la cultura vive en un constante refrito de otras épocas, incluso, los mismos artistas del pasado vuelven a retomar sus éxitos para mezclarlos con músicos jóvenes. Laureana Toledo observa que sí hay una fascinación por el arte retro, y por el underground.

“Siento que hay todas estas nostalgias, películas que están reviviendo momentos de los 80, los conciertos de punk, al estilo de la banda Size, es curioso, que lo que uno vivió se hace parte de esa nostalgia; lo platicaba con Rubén y creo que es algo cíclico”, describe.

Además, Toledo comenta que lo que se hizo en la escena underground de los 80 era una respuesta para hacer arte con lo que se tenía a la mano y, en ocasiones, no se buscaba ser insurrecto, sino que eso era una añadidura que surgía en el momento inintencionalmente, pero ahora, parece que hay artistas que cada vez buscan más el ser antisistema y provocarlo, cayendo en una pretensión innecesaria.

“Lo que se hizo entonces corresponde a las carencias, a lo que faltaba, a lo que sí había, o como se podía, y ahora los momentos son muy distintos, ahora mismo, conozco muy poca gente que decididamente dice ‘voy a ser disidente’, uno hace lo que tiene, de hecho hay que desconfiar de quien te diga ‘esta obra es disidente’, puede que sea solo un look”, comparte.

A diferencia del enfoque periodístico, Ortiz Torres representa en su obra una subcultura sin distancia con su sujeto, desde un enfoque testimonial

La observación, el vivir el momento sin redes sociales ni teléfonos que distrajeran el presente, era algo que hacía gratificante el arte y la cultura de los 80, insiste Toledo, porque, pese a que se tenía una ausencia y se creaba desde este vacío, al menos el campo artístico le daba peso e importancia a esta corriente, de la que partieron artistas que ahora son consagrados, como Saúl Hernández, Alejandro Marcovich y Alfonso André en el terreno musical, solo por mencionar algunos.

“Hay fotos, por ejemplo, de Rubén donde a él se le empalmaron cosas del temblor del 85 y fotos de Las insólitas imágenes de Aurora y que juntas todo mundo estaría copiando el look en photoshop, y en realidad eran errores reales y naturales, que estaban fuera de control, eran muy bonitos esos accidentes, era lo que sucedía con esos instrumentos que teníamos”, explica.

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