Los seres humanos han convivido con la música, desde su nacimiento y hasta su muerte. Se trata de un arte que produce bienestar, pues estimula los recuerdos y transmite todo tipo de emociones, pues ayuda a liberar dopamina, la sustancia química que provoca el placer en el cerebro.

Pero, en la actualidad, el campo de la ciencia ha tratado de estudiar los complejos, y a la vez sorprendentes, mecanismos neuronales que la música produce en el cerebro, sobre todo del impacto que tiene en la memoria, en especial en aquellas personas que padecen alguna enfermedad como el Alzheimer.

“Es un tema que se viene estudiando desde los años 80, porque llama la atención en personas que tienen lesiones cerebrales o alguna cuestión donde hay un daño como la pérdida de la memoria por completo o, de hecho, ya no tienen una retención a corto o mediano plazo y resulta que lo que les queda es la música”, explica Noemí Quiñones, coordinadora del Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana, del Tecnológico de Monterrey, campus Toluca.

De acuerdo con la especialista, los investigadores y neurólogos han podido explicar este hecho de dos maneras: una es que se trata de una acción repetida, por lo cual no se requiere de una memoria selectiva; un ejemplo es andar en bici.

Todos estos son reflejos que, aclara, ayudan a que permanezca como tal la memoria auditiva.

La música tiene la capacidad de crear recuerdos, además ayuda a recuperarlos dentro del cerebro humano; sin embargo, Quiñones acota que todavía los científicos no han sabido especificar de dónde provienen estas memorias musicales.

“Es super curioso cuando hacen los estudios, porque de persona a persona puede cambiar mucho el área donde se guarda su memoria musical, por eso algunos comentan que son en la frontal, en los lóbulos, no se ponen de acuerdo porque parece que cada persona lo desarrolla en diferente área, es un área todavía en estudio”, revela.

Uno de los casos más sorprendentes es el del cantante de 94 años Tony Bennet, quien fue diagnosticado con Alzheimer en 2016.Actualmente ha declarado que no reconoce a su familia; no obstante, continúa compartiendo en redes sociales las canciones que lo acompañaron durante décadas.

“La diferencia es que el músico tiene ejercitado las habilidades musicales, no sólo el oído, sino los músculos, la coordinación visomotriz, espacial, de ahí a que las personas que son músicos en automático puedan volver a tocar, porque tienen una estimulación completa y los que tienen estas habilidades las desarrollan normalmente desde pequeños o adolescentes, eso lleva a que sea una constante en su estilo de vida”, manifiesta Quiñones.

“Lo mágico de todo ello es que la música tiene un poder estimulante, relajante y también un poder conservador, esto creo que es una de las bondades más grandes de nuestro organismo porque aún no se ubica en dónde se alberga esta memoria musical, pero sí podemos darnos cuenta que permanece”
Noemí QuiñonesCoordinadora del Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana

Recientemente existen terapias musicales, las cuales consisten en estimular por medio de sonidos que la misma naturaleza provee, como el viento o el de las aves para, posteriormente, comenzar con las notas y la música clásica, notas básicas que generan armonías y ayudan al ser humano a estimular su memoria musical.

“Estamos en plena área de la investigación, pero lo importante a rescatar es la cuestión de musicoterapia. Además, es importante empezar a desarrollar la inteligencia musical como una de estas habilidades que, en ocasiones, tenemos como olvidada, pero que nos ayuda a que no envejezca nuestro cerebro”, puntualiza.

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