A las abuelas, madres, hermanas y amigas, y a los hombres que quieren liberarse. A ellas y ellos está dedicada la adaptación que Alberto Santiago realizó de El Oso, obra de un solo acto escrita por Anton Chéjov.

Mientras que en 1888 el escritor ruso recurrió a la comedia para aligerar la temática de El Oso, en la actualidad el director egresado del Centro Universitario de Teatro (CUT) deja a un lado el humor y opta por la reflexión que cuestiona los roles de género.

“Esa obra yo la hice en el segundo año de la escuela. Recuerdo que cuando la monté era muy divertida. Entonces, durante la pandemia quise retomar el texto porque dije ‘voy a hacer una humorada’. Pero lo volví a leer y ahí ya me saltaron la violencia de género, los mandatos de masculinidad y dejó de ser una comedia para convertirse en algo más serio donde empecé a relacionar los personajes con personas de mi entorno”, menciona en entrevista con Reporte Índigo.

El Oso cuenta la historia de Elena, una mujer que está de luto porque enviudó hace siete meses y asegura que le será fiel a su marido Nicolás aun después de la muerte y a pesar de que él la engañó. Hasta que Gregorio, un exmilitar y terrateniente, llega a cobrarle una deuda para no ser embargado. Y, en lugar de disputar una pelea con pistolas, ambos se dan cuenta de que se gustan.

Con el hashtag #AhoraMeElijoAMí, El Oso. Ensayo abierto sobre la obra de Chéjov cuestiona el rol social que se les ha asignado a las mujeres viudas. Elena Garibay, la actriz que interpreta a la protagonista, pronuncia frases como “definitivamente no se quedó con él, se quedó con ella” en diálogos que parecen estar fuera del guión.

Interpretado por Juan Carlos Torres, Lucas, el trabajador doméstico que acompaña a Elena en su duelo, propone un final en el que ella salga de la casa montando a caballo y cabalgando hacia su libertad.

“Él se convierte en este personaje padrísimo con ya más experiencia de vida y se da cuenta de que a los dos protagonistas sus trabas propias les impiden ir por su propio camino. Debatíamos sobre el final porque en la obra original se quedan juntos y se arma un chistorete por ahí, pero en este caso el mensaje no era ese, sino que cada uno tiene sus problemas y debe resolverlos”, cuenta Alberto Santiago.

Contra los mandatos de masculinidad

Una frase de la escritora feminista Rita Segato que dice “La masculinidad busca mostrar la potencia, aunque sea monstruosa” aparece en la adaptación. Alude al momento en el que la protagonista de Chéjov le dice a Gregorio “usted es un oso, un monstruo” o cuando Elena Garibay le grita “macho” al actor Luis Ernesto Verdín.

Gregorio, su personaje, no puede expresar sus emociones. Tras haber tomado algunos tragos de alcohol, dice que si su padre lo viera estaría defraudado.

“Es este mandato de masculinidad que desde que nacemos nos están programando, la familia, la sociedad, hacia un deber ser del hombre, que va creciendo con una expectativa que tiene que cumplir”, acota Alberto Santiago.

El director utiliza canciones populares como “La media vuelta”, “El aventurero”, “Mátalas” y “Acá entre nos” para adaptar la comedia rusa a un contexto mexicano contemporáneo. El machismo fue un tema que tocó Chéjov, que está presente en la música y cuyo debate se mantiene vigente.

“Uno podría pensar que qué bonita música mexicana porque sí lo es, pero basta analizar ese playlist totalmente machista. Y eso es donde yo quiero apuntar, a esta educación cotidiana que se nos da, que está en nuestras tradiciones”, expresa Santiago.

Un ensayo abierto virtual de Chéjov

Ricardo Vela, quien realizó el diseño de arte e iluminación; Anaid Guerra, productora ejecutiva y asistente de dirección; y Abraham Molina, encargado de la asistencia de dirección, aparecen tras bambalinas y en las butacas del Teatro El Milagro. Son parte de este ensayo abierto sobre la obra de Chéjov.

“Se me hacían muy atractivos los ensayos, el trabajo de mesa donde analizábamos los personajes y los problematizábamos con grandes maestros. Ahí yo encontraba muchas más respuestas y a veces el montaje no se puede modificar y tampoco puedes pasarle toda esa información al público. Entonces siempre he tenido esta cuestión de abrir los ensayos, el teatro, las cámaras, la obra misma para que podamos decir las cosas de forma más directa y hacer una ficción jugando, sin las convenciones normales”, explica Alberto Santiago.

La adaptación implicó un lenguaje cinematográfico y teatral, pues la obra está grabada y el público puede disfrutarla de forma virtual en una plataforma de streaming. Es un proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

“La pandemia me obligó a hacer este ejercicio y lo que pienso es que, como a muchos, me ha empujado a nuevas cosas o a adaptarme a las circunstancias y creo que vamos con buenos resultados”, reconoce el director.

Incluso los ensayos fueron distintos. Santiago cuenta que eran mesas para contar su historia familiar, hablar sobre la masculinidad y trabajar en su machismo.

“Yo les decía a mis amigos que este ejercicio no era para el gremio, que no pensáramos en lo teatral, en nuestros maestros, en la escuela, sino en que todo lo que hace ArteGuerrero es para la familia, para el barrio”, menciona el director sobre la compañía mexicana fundada en 2015 que realiza la puesta en escena.

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