La información que un libro de papel da al cerebro, va más allá de su contenido

Adoramos los e-books. Los podemos llevar a todas partes sin cargar bloques pesados, los compramos en cualquier lugar y los leemos sin que todo el mundo se entere de lo que hacemos, inclusive ayudan a las personas con dislexia, como hemos mencionado en este espacio.

Sin embargo, no todo es diversión en cuanto a la lectura electrónica se refiere. Según Mark Changizi, neurobiólogo evolucionista y escritor, los aspectos físicos de los libros impresos tiene un efecto positivo para nuestro cerebro.

Piénsalo de esta manera: si guardas tu colección en un librero y quieres encontrar cierta información o tu pasaje favorito, el proceso para encontrarlo requiere que uses tu vista y sentido de la ubicación.

Sabes dónde está el libro (más o menos), en qué parte de él están los datos que buscas (aunque no exactamente) y cómo se ve la página en la que se encuentra (por lo menos lo suficiente para reconocerla).

Entonces, encontrar esa información es un proceso al que estás acostumbrado, que haces todos los días y que ejercita las labores más elementales de tu cerebro. Te mantiene activo, pensando y utilizando tu memoria.

Si alguien, sin avisar, cambia de lugar tus libros, o si compras una edición nueva en la que la paginación es diferente, encontrar esa misma información será mucho más complicado.

Este proceso se llama “enganchamiento” (o “harnessing”, en inglés), y hace más sencillo que tu cerebro haga labores similares a las que está acostumbrado. Buscar cosas físicas es algo que realizas todos los días, desde que despiertas y apagas el despertador, te lavas los dientes o encuentras la toalla después de bañarte. Prácticamente es instintivo.

En cambio, si quieres encontrar lo mismo en un libro electrónico, todo lo que tienes que hacer es teclear la palabra que buscas y transportarte automáticamente a la página en la que está. Por lo tanto tu cerebro no tiene que recurrir a su talento.

Changizi compara este proceso al del teletransporte, específicamente al de la popular serie (y película) “Star Trek”.  “Solo insertas las coordenadas y te llevan directamente a la información”, explica, “directamente al libro y directamente al lugar específico que necesitas”.

Aunque admite que esto es mucho más sencillo, lo que también resulta algo positivo, hace notar que así no hay datos que se queden en el cerebro. “En el mundo del “teletransporte”, la información no trae dirección, y por lo tanto la mente no puede clasificarla”, explica.