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El concepto de video bajo demanda se ha infiltrado hasta la cocina de nuestros hábitos de consumo de entretenimiento. Lo digo en el sentido literal: con un smartphone o una tablet, podemos tener un ojo en una serie y el otro en el sartén. 

Algo así me sucedió hace unas semanas, y aunque mi experiencia puede sonar pedante o llegar al extremo ridículo del multitasking, lo cierto es que sirve para ejemplificar el alcance que tiene en la era digital un servicio como Netflix, la plataforma de video que ofrece en streaming películas, documentales, series de televisión y ahora también series originales. 

Una noche cualquiera entresemana me puse a cocinar pasta. Mientras hervía el agua con especias, abrí Netflix en mi iPhone. Sin darme cuenta, tenía un ojo puesto en “Parks and recreation”, la divertida serie de Amy Poehler, y el otro en el proceso de cocción. 

Para poder partir una cebolla, no tuve que esperar un corte comercial. Yo impuse el corte en el momento que quise, simplemente pausé la serie, le eché un vistazo a la olla, vertí la pasta y después reanudé el capítulo de 21 minutos y 45 rigurosos segundos de duración. 

Por 99 pesos al mes, en Netflix yo decido cuándo y en qué dispositivo quiero ver mis series favoritas. Y es que el control que el usuario tiene sobre el contenido ha dejado de ser un lujo para convertirse, poco a poco, en un estándar de entretenimiento que está al alcance de cualquiera que tenga una conexión de alta velocidad a Internet. 

La TV se muda de aparato

El video on demand o bajo demanda está provocando que la televisión se mude de pantalla: del televisor al smartphone, la computadora personal o la tableta. 

Aunque si quieres aprovechar al máximo la capacidad de tu pantalla plana de alta definición, también puedes ver ahí los contenidos de Netflix conectándolo a través de consolas como el Wii, PlayStation, Apple TV, o incluso de manera directa con algunos modelos de televisiones inteligentes que pueden conectarse a Internet. 

De regreso a la cocina, recuerdo que en casa de mis padres había un pequeño televisor en blanco y negro encima del refrigerador. El noticiero de Lolita Ayala y la repetición de “Mujer, casos de la vida real” eran el sonido de fondo de comidas y sobremesas. Además, cada cuarto tenía su propia tele, algunos con Multivisión y otros únicamente con programación abierta: una familia como muchas en México, de teleadictos supeditados a los horarios de transmisión de los canales de TV. 

La reforma de las telecomunicaciones afecta a los hogares que tienen este acomodo de televisores porque el atorón legislativo se centra en los conceptos de “must carry” y “must offer”. 

Es decir, el derecho de las estaciones de televisión abierta de transmitir sus señales por televisión restringida o de cable (siempre que el concesionario así lo solicite) versus la obligación de las estaciones de televisión abierta de ofrecer su señal a todos los concesionarios de televisión restringida por la cual estos últimos pagan una contraprestación.

Y mientras partidos, televisoras y concesionarios discuten una reforma que se empantana en el tema de la transmisión de contenidos en tele abierta y restringida, la audiencia está tomando de manera silenciosa el control de lo que quiere ver a la hora que lo quiere ver. 

Se trata de una nueva forma de ver y hacer contenidos, que por cierto ya no viajan necesariamente a través de ondas hertzianas, sino a través de bits. 

El tiempo es oro

En el ranking de Alexa, que provee información acerca de la cantidad de visitas que recibe un sitio web, Netflix figura en la posición número 22 en Estados Unidos. En México, se ubica un poco más abajo, en el lugar 45.

Pero estos datos le importan poco o nada a la empresa cofundada por Reed Hastings, porque entresemana, de las 22:00 horas a la medianoche, Netflix se adueña de un tercio del tráfico de Internet que se genera en Estados Unidos. Más que el tráfico que tienen en ese mismo horario sitios como YouTube, Hulu, Amazon.com, HBO Go, iTunes y BitTorrent… juntos.

“En lo que realmente estamos compitiendo, y de manera bastante amplia, es por el tiempo de la gente”, le dijo Hastings al semanario Bloomberg Businessweek. 

Y es que de 10 a 12 de la noche, en la última parte de lo que se conoce como prime time (horario estelar) en la televisión estadounidense, quienes no están sintonizando a Jay Leno, David Letterman o los noticieros nocturnos, están cómodamente sentados o acostados, usando sus computadoras personales, smartphones o tabletas para seleccionar el contenido que quieren ver a través de Netflix, YouTube, Hulu, iTunes, HBO Go, entre otros.  

Una manera de medir el rating en Internet es lo que se conoce como downstream, que se refiere a los datos enviados desde un proveedor de servicio a un usuario. 

Durante el pico nocturno, Netflix acapara el 32.25 por ciento del tráfico downstream; en teléfonos móviles, YouTube domina con el 27.33 por ciento del tráfico, según el monitoreo más reciente  realizado por la empresa Sandvine.

Contenido bajo demanda

“House of cards” es la serie insignia de Netflix. Con un costo de producción de 100 millones de dólares, un elenco encabezado por Kevin Spacey y un par de capítulos dirigidos por David Fincher, la serie confirma a Netflix como un serio jugador en la generación de contenidos originales. 

Se estrenó el primero de febrero pasado con muy buenas reseñas y alta aceptación del público. Pero en lugar de transmitir capítulos una vez por semana –como sucede tradicionalmente–, Netflix estrenó ese mismo día la primera temporada completa, con los 13 episodios que la conforman. Así, la audiencia tiene la opción de escoger el día, la hora y el número de capítulos que quiere ver. 

Hizo lo mismo el año pasado con “Lilyhammer”, popular comedia dramática coproducida por Noruega y Estados Unidos que fue la primera serie original distribuida por Netflix. 

“Hemlock Grove”, un thriller de horror, también forma parte de los contenidos originales que ofrece el sitio.

Y a partir de este domingo 26 de mayo, Netflix estrenará 15 nuevos capítulos de la cuarta temporada de “Arrested development”, una serie que originalmente transmitía la cadena Fox, hasta que fue cancelada hace seis años por su bajo nivel de audiencia. Desde entonces, sus seguidores la han convertido en una serie de culto, potencial que vio Netflix para resucitar la idea original de Mitchell Hurwitz.

Mientras eso ocurre del otro lado de la frontera, ¿quién hará el “House of cards” mexicano? Y no nos referimos a una adaptación latina como la que pretende hacer Sony de “Breaking bad”, sino a una serie de buena calidad que esté pensada para el nuevo público y las nuevas plataformas. 

Televisa y Univisión han experimentado con el concepto de la #Webnovela “Te presento a Valentín”, y Argos.tv ha subido a su sitio capítulos enteros de algunas de sus series, pero hasta el momento, no ha surgido un proyecto que realmente sea un parteaguas en la generación de contenidos. 

Fuera de las series y películas en línea que se pueden ver a través de servicios como Cinépolis Klic, el contenido original de buena calidad se está produciendo en sitios como WeAreNotZombies.tv e incluso en los videorreportajes que presenta la revista Vice.  

Regresa la familia Bluth
En 2006, Fox canceló la serie ‘Arrested development’ debido a su baja audiencia.  Siete años después, Netflix retomó esta producción, con su elenco original, y transmitirá la cuarta temporada a fines de este mes.

Entre política y periodismo
“House of cards”, protagonizada por Kevin Spacey, se ha convertido en una de las favoritas del público. Es la primera serie exclusiva de Netflix y su producción costó 100 millones de dólares.

Telenovelas también
“Te presento a Valentín” (arriba), es una #Webnovela de Televisa y Univisión. “Las Aparicio” (abajo) es una producción de Argos.tv.