Hubo una época donde el juego libre en la calle era posible sin embargo, ahora con el confinamiento, muchas niñas y niños no tienen esa oportunidad, ahora deben adaptarse a estudiar en línea sin poder vivir experiencias junto a sus amigas y amigos.

Micaela Gramajo, directora de la obra Catsup aborda desde la mirada infantil, las dificultades que han enfrentado, niñas y niños, para vivir el día a día durante el confinamiento pues, considera, es necesario escuchar sus voces. Ellas, para poder hacer esta obra recurrieron a la infancia de su círculo afectivo para darles voz y un espacio donde se pudieran expresar en un mundo “adultocrático”.

“Vivimos en un mundo tan de adultos que la infancia queda a expensas de lo que los adultos decidimos todo el tiempo para ellos, lo que sea lo mejor y en el caso de la pandemia, la infancia está pasando por cosas terriblemente difíciles, creo todavía no alcanzamos a dimensionar las consecuencias emotivas y de desarrollo que tendrán este encierro en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes”, comparte Gramajo.

Durante sus funciones también desean crear un espacio de duelo colectivo y catártico porque la pandemia ha arrebatado muchas cosas, no sólo a gente querida, también la tranquilidad, por lo que ofrecen a sus espectadores un momento donde puedan sentirse seguros y expresar sus emociones.

El texto, de Daniela Arroyo, surge en los primeros meses pandémicos del año pasado, ella impregnó todo el dolor que le significó como mamá el ver, sobre todo, a su hija mayor no poder juntarse con sus pares, lo que implica estar encerrada sola con adultos; y por otro lado, poder hablar lo que están viviendo, especialmente todas las madres que están encargadas del funcionamiento de la casa, la limpieza, las compras, muchas que también están encargadas en la educación de sus hijas e hijos y su trabajo remoto. 


Este tremendísimo malabar que ni les dio tiempo de pensar si lo podían hacer o no, pero lo tuvieron que hacer, Daniela abordó desde ese lado. Asimismo queríamos que con esta obra, mamás e hijos tuvieran un tiempo de apapachar todas las angustias que todas las personas estamos sintiendo porque afuera hay un bicho que nos puede matar, por lo que es necesario compartir también alegrías.

Micaela Gramajo

Directora

Micaela Gramajo, considera relevante llevarla a escena estos momentos que los espacios para el teatro están abiertos porque viven la incertidumbre de no saber si la pieza viva mucho después de que la pandemia termine pues, con esta obra de la compañía Proyecto Perla, sentían la necesidad de convivir con el público, para así hacer catarsis juntas y juntos. 

“La niña, que se llama Catsup, en algún momento de la obra grita ‘¡quiero volver a la escuela!’ Ella se sorprende de haber expresado eso, lo que nunca pensó que iba a decir; los niños emocionalmente lo necesitan, también pienso en los adolescentes, es la edad que más quieren separase de la mirada de sus padres para poder tener otro tipo de experiencias que requieren, ese momento de rebeldía, encuentros con la sexualidad y estar metido en tu casa, no me puedo imaginar algo peor”, comparte. 

Junto con Catsup, el público podrá permitirse soñar en un futuro donde, Micaela espera, toda la infancia tenga oportunidad de expresarse y tomar más decisiones en el diseño de “la nueva vida post pandemia” y el cuestionarse, por ejemplo, ¿cómo van a ser los espacios públicos para ellos?

“Esta pandemia nos ha hecho vivir como en un eterno presente muy extraño, donde tampoco nos podemos anclar en extrañar la vida como era antes y tampoco somos capaces imaginar del todo ¿cómo va a ser la vida después?, ¿qué cosas ya perdimos para siempre?, las que se deben reinventar, ¿qué cosas de nuestra previa vida vamos a recuperar? Y, sin duda, ahí es donde pensamos que la infancia tendría que tener mucha voz y voto; ¿cómo vamos a regresar a la escuela? La escuela siempre es el caldo de cultivo de todos los bichos, virus, bacterias y piojos, es parte de la vida”, abunda.  

“Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante”, Gramajo rememora esta frase del caricaturista Quino y con la cual se siente muy identificada en estos tiempos de pandemia. Para ella es indispensable se vuelva a la reflexión, de escuchar a la infancia y la forma en cómo se puede, desde el arte, incluir a las niñas y niños en los posibles proyectos que realizarán.

La directora, junto a la Compañía Perla, han descubierto que si se trabaja con mucho juego y respeto pueden hablar con las y los niños de lo que sea, ahora es imposible alejar a los niños de esta realidad por toda la información que proveen las redes sociales.

“Les cambió todo su mundo de un día para otro, de manera muy salvaje. Yo creo que a los niños se les puede hablar de todo, porque están viendo todo esto, están en contacto con materiales violentos y difíciles de manejar y los papás no pueden controlar todo que ven los niños; finalmente es cómo darles esta información, tienen el derecho a saber todo”, explica.

Anteriormente la Compañía Perla ha tratado en sus obras temas como la migración, la desaparición forzada y la muerte, cosas muy dolorosas, sin embargo, no se trata de plasmarles tragedias es simplemente demostrarles de una manera amena, desde la experiencia estética y del gozo que es ver todo desde el teatro, que la vida no es de un solo color, es compleja, con sus cosas alegres y tristes. 

“En una función, una niña de 8 años nos dijo que ella había aprendido en esta pandemia lo que es  la paciencia, me quedé impactada de escuchar una reflexión tan madura, clara e inteligente, yo pensé ‘quiero ser como tú’; todos los adultos nos desesperamos y lloramos por todos los rincones, porque esto no se acaba, poder recibir eso nos hace entender que vamos por buen camino. La  pandemia tiene color de guerra, porque hay que vivir el día a día y tratamos de sobrevivir”, concluye Micaela Gramajo.