El compositor Enrico Chapela le rinde un homenaje sonoro a los braceros mexicanos

Enrico Chapela estrenará mundialmente en Santa Rosa, California, una cantata para mariachi y orquesta que cuenta la historia de aquellos mexicanos que dejaron a sus familias en busca del llamado sueño americano

Enrico Chapela estrenará mundialmente en Santa Rosa, California, una cantata para mariachi y orquesta que cuenta

Enrico Chapela estrenará mundialmente en Santa Rosa, California, una cantata para mariachi y orquesta que cuenta

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Miles de mujeres y hombres dejaron su tierra y con ello a sus familias y amigos en busca de un sueño, de una mejor vida, lejos de la miseria y el abandono. Con valentía cruzaron el Río Bravo, de forma legal e ilegal, sin saber que les esperaba, pero siempre motivados por el deseo de ofrecerles a sus seres queridos un futuro prometedor.

A todos ellos les rinde un homenaje el compositor Enrico Chapela Barba con Braceros, cantata para mariachi y orquesta, pieza especialmente escrita para la Orquesta Sinfónica de Santa Rosa y que será estrenada el sábado 11 de junio, a las 19:30 horas, y repetida el domingo 12, a las 15:00, y el lunes 13, a las 19:30, en el Weill Hall, Green Music Center, de la Sonoma State University.

Braceros cuenta una historia de amor que se desarrolla en el último año del llamado Programa Bracero, un acuerdo binacional entre Estados Unidos (EU) y México para la migración de trabajadores agrícolas entre 1942 y 1964.

El compositor Enrico Chapela Barba tiene el deseo de traer a México Braceros, pero en formato de ópera, con vestuario y escenografía

El tratado binacional existió durante 22 años, dando la posibilidad legal a trabajadores del campo mexicanos de ir a trabajar a EU durante el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando los hombres del campo fueron reclutados para la guerra y México, que también participó en ella como aliado de EU, contribuyó encargándose del campo americano.

Durante esos años también se dio la Época de Oro del cine mexicano, por lo que el compositor mexicano decidió que Braceros, al ser una cantata para orquesta y mariachi, tuviera la atmósfera de las películas de Pedro Infante y Jorge Negrete.

Además de la Orquesta Sinfónica de Santa Rosa y el Mariachi Champaña Levin, en la cantante participarán cuatro vocalistas: el barítono Rafael Jorge Negrete; Mónica Ábrego, soprano; Giselle Vallejo, contralto; y el tenor Perry Chacón Jr. Todos bajo la dirección musical de Francesco Lecce-Chong.

La lucha por el amor

La trama de Braceros ocurre en 1964, durante el último año del programa. Pedro lleva serenata a Consuelo con la intención de pedir su mano, pero Jorge, el padre de ella, irrumpe exigiendo saber cómo piensa mantenerla. El novio planea irse de bracero y ahorrar, pero el suegro, quien de joven fue bracero en Texas, se niega a respaldarlo.

“Escribí el libreto y la trama basándome en lo que sucedía en el cine de oro nacional, es un drama familiar, una historia de amor, donde está el papá, la mamá, la hija y el novio, quien se quiere casar con la chica, pero el papá no está de acuerdo”, cuenta Enrico.

Jorge se opone, porque en los primeros años los trabajadores mexicanos fueron explotados y maltratados, tanto por funcionarios mexicanos que les cobraban una mordida para dejarlos inscribirse como por los rancheros americanos que les pagaban mal.

“El papa es la voz de aquellos que fueron maltratados al principio, pero luego el consulado mexicano fue presionando para obtener mejores condiciones laborales y al final del tratado ya tenían, incluso, más derechos que los trabajadores americanos”, comenta el compositor.

Pedro no desiste de su idea y acuerda con Jorge una apuesta, lo desafía a una competencia de pizca, en la que si gana se casa con su hija, pero si pierde se olvida de ella.

“Así se va de bracero a adquirir experiencia para regresar a esta competencia de pizca que es como el clímax de la obra, digamos que eso es el planteamiento de la obra”, dice Chapela.

El reto del mariachi y la orquesta para Enrico Chapela

Fusionar música clásica y mariachi tradicional en Braceros fue todo un reto para el compositor Enrico Chapela, porque, por un lado, los mariachis suelen tocar de memoria y sin leer partituras, mientras que la orquesta, al contrario, nunca toca de memoria y siempre lee.

“La complejidad que uno puede escribir cuando algo está escrito de la composición para las partes orquestales cambia con respecto a las partes de memoria, entonces, es una dinámica muy diferente y poder compaginar eso es complicado”, comparte Chapela.

“La idea de que fuera llamada Braceros fue porque hablando con el director de la orquesta, detectamos que la migración es un tema que debía ser importante, interesante, para la comunidad a quien se dirige este concierto'
Enrico Chapela BarbaCompositor

Por ejemplo, los violines de la orquesta llegan a leer a primera vista la partitura en el primer ensayo, que ocurre una semana antes del concierto, esa es la dinámica en las orquestas en todo el mundo; sin embargo, los violinistas de los mariachis se aprenden de memoria las piezas con semanas, meses o, incluso, años de antelación. En este caso, se pospuso el estreno por la pandemia, se iba a tocar en 2020, entonces, el mariachi ya ha tenido dos años para aprendérsela.

“Uno tiene que escribir muy diferente para los que tienen que tocar de memoria que para los que lo harán leyendo a primera vista, entonces, ese fue un desafío. Otro fue que yo conozco la música mexicana de oído, la he escuchado toda mi vida, pero de ahí a componerla hay una enorme diferencia, entonces, tuve que aprender, tuve comprar libros y escuchar mucha música y aprender muchos estilos, porque los mariachis los tocan”, dice.

Los mariachis tocan cualquier estilo que se les pida, por ejemplo, “El mariachi loco” es una cumbia, pero “La bamba” es un son jarocho o también son capaces de interpretar una zandunga, que es un son del Istmo de Tehuantepec, así que Braceros tiene cinco géneros diferentes: son de mariachi, son huasteco, son jarocho, son istmeño y corridos con diferentes instrumentaciones.

“Mi intento fue que sonara el mariachi tan auténtico como fuera posible. Es como una mini ópera, de alguna manera, tiene canciones que serían las equivalentes de las áreas, y luego hay transiciones entre las canciones, que generalmente son orquestales y no participa el mariachi, y ahí me doy más libertad de hacer con la orquesta cosas más audaces y alejarme de los estilos tradicionales”, cuenta.

Donde ocurre la competencia de pizca, se le hace un homenaje a la famosa escena de Pedro Infante y Jorge Negrete en Dos tipos de cuidado, donde se enfrentan a través de coplas.

“Esas uniones entre las canciones quise que sonaran a cine mexicano de la época, en particular, hay compositores muy importantes como Silvestre Revueltas y Raúl Lavista. Mi idea fue que las transiciones sonaran a Lavista y Revueltas y las canciones sonaran como un mariachi grande, como los mariachis de Tecalitlán que tienen muchos violines”, indica.

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FB: enricochapela

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