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Literatura

El barrio es digno de retratarse: Primo Mendoza

Fernando Franco

El maestro Primo Mendoza ha decidido poner cerrojo a su carrera como escritor. La salud ya no se lo permite, sin embargo, en el camino ha dejado dos grandes obras de la banda pa la banda


Sep 21, 2019
Lectura 7 min
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Emotividad y dramatismo, esos parámetros emocionales que todo ser humano experimenta entre las fronteras en las que sobrevive, es lo que se encuentra en las páginas de los libros que ha escrito el maestro Primo Mendoza, digno sobreviviente de ese Tepito y esa Neza de finales del siglo XX.

Entre la desesperanza de cuatro paredes blancas en las que los retratos de Che Guevara sobresalen y una bandera de la hermana República de Cuba ondea, el maestro recibe a Reporte Índigo un poco acongojado por su enfermedad que no reduce, en nada, su lucidez.

Somos simples reporteros ante un escritor que ha tenido que recorrer calles, vecindades, tianguis, cantinas y tocadas de rock para darle vida a sus letras, esas que al estilo neto del planeto retratan la urbanidad de los territorios en donde le ha tocado vivir: Neza y Tepito.

“No volveré a escribir, ya no tengo ganas” afirma Primo Mendoza con unos ojos llenos de nostalgia que en cierto momento emiten el brillo propio de las lagrimas que están por salir, por escurrir en ese rostro que pudo mirar las vicisitudes del barrio y sus personajes y trasladarlos a la literatura.

Primo se confiesa con nosotros, desde esa lengua que emite juicios abstractos, de esos que ha aprendido en su periplo callejero y artístico, al lado de los demás masters que conforman el colectivo Tepito Arte Acá o las más diversas editoriales independientes en las que participó.

El autor de Nezahualcóyotl de los últimos días (2005) y Territorios (2009), sus obras maestras, confiesa que actualmente las redes sociales, esas que él maneja, pero no mejor que los fanzines en los que publicó y las antologías en las que participó, son meramente reductos en los que se elogia la individualidad… “No hay nada como el papel para impregnar tu pensamiento”, afirma.

“No me atrevería a plasmar mi pensamiento en una red social, mucho menos una obra completa, al no ser que la esté promocionando, como lo hice con las antologías en las que participé, cuyas editoriales me mandaban extractos que yo compartía, pero no más”, asegura desde su cama el maestro Mendoza.

Primo pone especial énfasis en la dialéctica para razonar o, por lo menos, confrontar los hechos históricos que siembre son subjetivos y que retrata en su libro Nezahualcóyotl de los últimos días en donde, además de retratar a los personajes del barrio, hace un recuento de los primeros días del municipio, “cuando la gente del sur del país, principalmente, lo empezó a poblar”.

“La dialéctica te ayuda mucho para comprender tu entorno social y contrastarlo. Si la usas como herramienta en tu escritura es tres veces mejor. En la primera parte de Nezahualcóyotl de los últimos Días hago alusión a la gente que llega y se planta con sus cachivaches en una tierra inhóspita, como gente atravesando un desierto”, narra Mendoza.

El maestro considera que su obra es un ensayo social “sin serlo”, pues es crónica “bruta” en la que utiliza muchos recursos para hablar de, por ejemplo, dos Nezas a las cuales descubrió físicamente, la emocional, la del amor al barrio, y la histórica y territorial en donde la zozobra es constante por su encierro entre muchos más municipios “como Ecatepunk” y la llegada de más y más gente.

La “banda cultural” es la que mantiene los libros de Primo Mendoza, pues los mismos se han editado de manera independiente y son de “la banda” como él mismo se considera “para la banda”, aunque su libro Nezahualcóyotl de los Últimos Días se convirtió, en un tiempo, en un libro de texto en algunas escuelas.

En Neza, barrio querido y adorado del escritor, la gente sigue desarrollándose a pesar de los males y la carencia, los lodazales y la venta de predios en lugares inhóspitos pues “es importante resguardar el patrimonio, el sentirse poseedores en este mundo tan enchilado de algo. Atrás del sacrificio está la razón”, cuenta el maestro.

Sobre su libro, el cual versa sobre Neza, Primo narra que nació tratando de romper con estereotipos, mostrando cultura urbana, de la que se da en el día a día.

El mismo contiene historias, como la de aquel joven nezayorkino que se la pasaba tocando su armonía en el metro, o la de los niños que tocban su acordeón a las 11 o 12 de la noche en las calles.

De la misma manera, la de aquellos que llegaban (llegan) a las 2 o 3 de la mañana a su casa para a las 6 o 7 de la misma mañana subirse a la combi rumbo al defectuoso.

“Retrato los ruidos también, el sonido, lo sabroso del barrio, lo que acontece, por ejemplo, en la calle 7 donde los gritos de los vendedores con sus chiles, tamales, chacharas, muebles para baños inundan el aire que rodea a aquellos comparadores ávidos de lo bueno, bonito y barato”, cuenta Primo Mendoza.

Primo se considera un investigador de territorios y, como tal, entra o entraba con los ojos y oídos abiertos a los lugares sobre los que escribe, desde la cantina, hasta los tianguis de chacharas o el barrio de Tepito… El olfato también tiene que estar al cien, sobre todo donde hay tacos.

Tienes que ir en la combi parando la oreja para saber qué diablos pasa en la realidad de la gente que se sube, tomar tepache en el tianguis, es parte del oficio de escritor, del cronista, de tu profesión, del investigador que soy para conocer mi comunidad.

- Primo Mendoza

Sobre el despunte en la violencia en los barrios, Mendoza considera que hay una terrible falta de identidad con tu par… “Antes no había tanta violencia, no menciono al narco, por ejemplo, en Territorios; a lo más hablo del joven (el chliguiles) que por ancas o mangas no acabó la prepa y tiene que salir a buscar chamba pero lo rechazan todo el día y su escapada son las drogas en alguna cancha solitaria. Su mundo se distorsiona, asalta una combi y el juicio sumario va en su contra”.

El narco no es el apocalipsis, es un negocio redituable. Se trabajó más de una década para que entraran los grandes capos a Neza pero es un fenómeno nacional bajo la permisividad de las autoridades, considera.

Con la crónica cuentas, pintas, muestras. “Yo soy todo oídos y escribir sobre narcotráfico para mi es imposible, tendría que estar en el centro de todo, infiltrado, pues yo hago crónica, no cuento, no fantaseó, reconozco las cosas por lo que he vivido. Como cuando conocí al jeque, el gran negociante de comida del tianguis de El Salado, sobre el cual escribí”.

Para finalizar, el maestro confiesa que él escribió – jamás lo volverá a hacer, según sus propias palabras – no por hacer lana sino por difundir y compartir su pensamiento con la gente que vale la pena, “esa que se enriquece, aunque sea mínimamente, con tu creación”.

“La literatura no va a cambiar al mundo, la base esencial del ser humano es la comunicación y a través de la literatura te comunicas, ejerciendo una vocación. El principio de la creación fue el verbo y cómo tal debemos preservar la palabra en todo su esplendor, sin academicismos”, considera.

“Somos la bandota, siempre lo seremos, pero leemos a Chejov, Tolstoi, Baudelaire,  Herman Hesse y demás autores que nos mostraron el otro lado del mundo. Jamás de los jamases dejaremos de ser la bandota”, finaliza diciendo el maestro Primo Mendoza.

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