El éxodo de lo rural a lo urbano, la confrontación con una realidad distinta, un idioma diferente y la vida desigual, el clasismo, sensibilizaron a Xavi Sala al llegar a México y observar el desplazamiento de los pueblos originarios del interior del país a la capital, ya que lo mismo le ocurrió a él, al salir de su natal Alicante, España.

El pertenecer a uno de los llamados países catalanes, los cuales históricamente han sido excluidos por hablar otro lenguaje diferente al español, además de tener arraigo a su cultura, fueron las razones por las que Sala abrazó a una comunidad en México que le hizo recordar su origen.

Durante años se adentró e identificó con la lucha de reconocimiento del pueblo zapoteco, como autóctonos del Istmo de Tehuantepec, del respeto a sus usos y costumbres. Tras una década, Sala se enamoró a tal profundidad que decidió nacionalizarse mexicano y hacer un retrato de la migración hacia las ciudades.

Guionista de profesión, Sala elaboró un libreto en el que expuso la problemática; seis años le tomaron levantar el proyecto, que después de presentarse en 2018 en el Festival Internacional de Cine de Morelia, entre más de 30 muestras internacionales, al fin se estrenará en cines nacionales Xquipi’ Guie’dani (El ombligo de Guie’dani).

Una parte de la cinta es hablada en zapoteco y describe la vida de dos mujeres que dejan el Istmo para ser empleadas domésticas en la Ciudad de México.

“Me une a ellos una hermandad, más allá de una película. Luego el racismo y el clasismo son otros rasgos que vivo cada día en la Ciudad de México, que no me toca sufrirlo por mi color de piel, pero soy muy sensible a ellos; entonces, esos tres elementos, la identidad, el clasismo y racismo, eran lo que configuraba El ombligo de Guie’dani que quería contar en esta película”, comenta Sala, en entrevista con Reporte Índigo.

Realizar la producción de su ópera prima fue una ardua tarea para el cineasta; el primer obstáculo que enfrentó tuvo que ver con el rechazo del proyecto por tener un título en zapoteca.

“Tuve todos los problemas del mundo para poder hacer la película en zapoteco, porque no hay apoyos específicos por parte del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, más el problema que genera el tener que hacer subtítulos y a determinadas salas tampoco les interesa. Tiene que haber apoyos específicos que se estén haciendo en lenguas originarias, sin duda”, dice el guionista.

Aunque la temática de su filme parecería cercana a la de Roma (2018), de Alfonso Cuarón, Sala se desmarca de la película de Netflix, ya que argumenta que él quiso mostrar una perspectiva diferente.

“Considero que Roma es una película del siglo pasado, no porque esté ambientada en los 70, sino porque la mirada del director pertenece a una generación muy anterior a lo que ahorita hay, es una mirada que muchos mexicanos durante bastante tiempo han querido comprar, que exista amor en la relación del servicio con los patrones, a mucha gente de la Ciudad de México les encantaría perpetuar Roma durante siglos y El ombligo de Guie’dani se revela contra todo eso”, subraya.

Leyes contra el clasismo y la discriminación en opacidad

Con la llegada de Roma se impulsó que hubiera una mayor visibilidad de las trabajadoras domésticas en México, lo que permitió tener repercusiones en materia legislativa, ya que se les brindaron prestaciones de ley; sin embargo, Sala precisa que estos derechos han quedado en un rezago actualmente y que la película de Cuarón no tuvo todo el crédito por este cambio en las políticas.

“Las nuevas leyes no van por el éxito de Roma, ya estaban en camino, además de otros cambios desde antes, y no se están implementando realmente, es muy difícil; está muy bien lo de las leyes, pero hay que cambiar mucho desde la educación, por los problemas de racismo y clasismo, porque esto no está sólo en las casas y las empleadas domésticas”, comparte el director de la película.

En la cinta, la familia que contrata a Lidia, la madre de Guie’dani, critica a las mujeres zapotecas a sus espaldas y se burla de su manera de hablar la lengua del Istmo.

“Nadie tiene porqué dejar su campo, su pueblo, para aspirar a lo que en teoría es la felicidad de la gran ciudad, esa es una gran farsa. A veces, tampoco huyes de una miseria, huyes de una situación que es humilde, porque no tienes tanto, pero en la Ciudad de México sí que se vive miseria, eso te lo puedo asegurar. En el Istmo de Tehuantepec no la hay” afirma.

Es lengua, no dialecto

Sala pide que se deje de utilizar el término “dialecto” para referirse a la lengua zapoteca, ya que eso es quitarle importancia y verla de manera despectiva.

“Son lenguas, los dialectos son variantes de las lenguas; entonces, tanto en México como en territorio originario nos decían que hablan dialecto para ponerlos en un nivel inferior al español. Dialectos en México hay más de 300 y lenguas hay 68 más el español”, explica el director de la cinta.

El rigor zapoteco

Para el guionista era primordial que quienes encarnaran a las mujeres zapotecas protagonistas fueran completamente de origen oaxaqueño. Tardó dos años en encontrar a Sótera Cruz, quien interpreta a Guie’dani; además, se trató de que al hablar el lenguaje se tuviera un apego fidedigno.

“Era muy importante la lengua zapoteca, no quería que nadie imitara, hasta tres traductores hubo para la película y los diálogos. Yo aprendí más o menos zapoteco, esto no es una película citadina para todo el mundo”, dice el director.

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